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El chocolatero neuquino elegido para competir con sus dulces esculturas a nivel nacional

Edgar Presas habló del desafío de competir con sus colegas de todo el país y contó la historia de Piuke-Nita, la primera fábrica de chocolates de la comarca.

Tras recorrer más de 645 kilómetros -que separan a Cutral Co de la localidad pampeana de Macachín- y reponer energías con una siesta para continuar viaje rumbo a Buenos Aires, Edgardo Presas se hace un espacio para entregarse a una charla telefónica y compartir su entusiasmo por el nuevo desafío que lo espera en la jungla porteña.

Con unos 16 kilos de piezas de chocolate, cuidadosamente guardadas en su vehículo, el artista neuquino se prepara para "darlo todo" en la Expoalimentaria FITHEP y destacarse con una dulce escultura a base de cacao entre otros siete colegas de distintos puntos de la Argentina, elegidos para lucirse en el primer Campeonato Nacional de Maestras y Maestros Chocolateros - Copa Tronador-, que tendrá este fin de semana en Costa Salguero.

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Para Edgar, ganar la competencia sería una satisfacción adicional a la que ya siente por haber sido seleccionado para mostrar su talento y por tener la oportunidad de hacer lo que más ama: modelar grandes figuras de chocolate.

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El neuquino llega al certamen con la experiencia de saber lo que es realmente jugársela y luchar por un sueño, tras años de esfuerzo, estudio, mucha garra, inventiva y acompañamiento familiar para dar a luz y perfilar a Piuke Nita, la primera chocolatería artesanal de Cutral Co con la que se viene destacando con sus monumentos chocolatosos de dinosaurios o de íconos del cine como Falcor, el perro de La historia sin fin, o Willy Wonka, el personaje por creado por Roald Dahl que en 1971 protagonizó Gene Wilder en Willy Wonka y la fábrica de chocolate y que en 2005 encarnó Johnny Deep en Charlie y la fábrica de chocolate.

"El evento es el 6 de junio. Vamos a tener ocho horas para montar una escultura. Como todo lleva mucho tiempo, nos propusieron que fuéramos con las piezas ya elaboradas. La propuesta tenía que tener un mensaje, entonces yo elegí a San Miguel Arcángel que simboliza la llegada a la justicia a la tierra. Yo soy muy espiritual y ansío un planeta libre de guerras, hambrunas, pobreza y violencia", contó Edgar, en diálogo con LMNeuquén.

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"Ojalá que gane y pueda llevar la copa a Neuquén. Agradezco que el estudio, la constancia, el no bajar los brazos y este don que tengo en mis manos me haya llevado a ser seleccionado para este campeonato", enfatizó.

El desafío de modelar un sueño en la comarca petrolera

Si bien era fanático del chocolate desde muy chico, a Edgar le costó dar en la tecla respecto a su vocación luego de terminar la cursada de la Tecnicatura en Control e Higiene de los Alimentos en la sede de la Universidad Nacional del Comahue de Villa Regina.

"Cuando terminé de cursar, ansioso por querer incorporarme al mercado laboral, me vine a Plaza Huincul a trabajar en la fábrica de pastas Don Beno que necesitaba un técnico para el control de calidad de su producto. Estuve dos años y luego me fui con la idea de emprender algo por mi propia cuenta. Quería hacer algo que sea redituable y que me hiciera feliz. Al principio pensé en una heladería, pero ya habían aparecido unas tres en ese momento", comentó antes de contar que, apelando a la devoción que tenía por el chocolate en su infancia, decidió montar "la primera fábrica de chocolate artesanal estilo Bariloche" de la comarca petrolera.

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"Además de ser algo bonito para mi, me imaginé que iba a marcar un antes y un después. Como para emprender hay que saber, hice cursos en Buenos Aires. Con el sueldito que ganaba en la fábrica de pastas, más la ayuda de mi viejita me fui formando y en 2011 pude lanzar la chocolatería. En homenaje a ella se llama Piuke Nita. Ella se llama Liliana Sáez pero le dicen Nita y en mapuche 'piuke' significa corazón", explicó.

El proyecto implicó esfuerzo y convicción para vencer la mala racha inicial, los miedos y la incertidumbre. Mientras Edgar hacía sus últimos pasos en la fábrica de pastas, viajaba a Buenos Aires para especializarse y de a poco iba armando su fábrica en un local que empezó a alquilar en Carlos H. Rodríguez 73.

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"Esto llevó un largo tiempo. Tuve que hacer la sala de elaboración con todos los materiales que pedía Bromatología. Armé el salón de ventas con mucha madera para que te haga sentir como si estuvieras en una chocolatería cordillerana. Eso me llevó como un año y medio. El miedo fue constante en todo ese proceso porque yo estaba apuntando a algo poco convencional para la zona, dado que Cutral Có no es turístico y la gente no estaba acostumbrada a consumir chocolate artesanal. Muchos me decían que no me iba a ir bien, pero seguí mi voz interior. Además estaba muy motivado porque en los cursos descubrí que eso era lo que me gustaba hacer", manifestó.

"Al principio fue difícil. Me acuerdo que lloraba porque no vendía mucho y lo que ganaba iba a pagar impuestos. Me acuerdo que salía e invitaba a la gente con un bocadito y les decía que pasaran por la chocolatería, por más que no compraran para que conocieran el lugar porque tenía elaboración a la vista. Mi mamá me vio tan triste que en un momento me sugirió que fuera a trabajar al petróleo, pero yo le dije que tuviera paciencia que la chocolatería iba a funcionar. Gracias a esa corazonada y a que ella tuvo un corazón enorme continué y con el tiempo me empezó a ir bien", relató.

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El punto de inflexión se dio cuando -inspirado por maestros chocolateros de otros países-, edgar emprendió un curso de esculturas y comenzó a incursionar en ese universo. Así perfiló un dinosaurio de once kilos chocolate que lo llevó a convertirse en noticia en varios medios locales y nacionales, incluído LMNeuquén. Luego llegaron otros personajes cinematográficos como Falcor y Willy Wonca y más compradores a su fábrica.

Pese al éxito de sus creaciones, Edgar jamás pudo vender una escultura debido al alto costo que tiene. Sin contar el valor artístico de la obra, las piezas llevan muchos kilos de chocolate, lo cual hace que el producto final tenga un precio cercano a los 150 mil pesos. "No hay mercado la verdad, pero más allá de eso, cada escultura que hice, la hice por la felicidad que me generaba hacerla. Creo que de ahí viene la magia. Cuando uno hace las cosas con mucho amor, luego viene el premio", subrayó considerando la posibilidad de ir a exponer su talento a Buenos Aires y medirse con otros escultores, una verdadera recompensa.

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"Yo lo que más rescato de todos estos años es el aprendizaje, el amor y el apoyo de los clientes. También el de mi pareja, Anita - que es mi mano derecha-, y el mi madre, que ha sido un pilar fundamental. Sin ellos no podría haber llegado hasta donde llegué", apuntó con gratitud.

Mientras Edgar se prepara para su nuevo desafío en la Expoalimentaria FITHEP, Anita sigue abriendo las puertas de Piuke Nita para ofrecerle a sus clientes alfajores, bombones, trufas y diferentes piezas de chocolate alpino rellenas con frutos secos, frutos rojos, cremas, dulce de leche, cereales y chocolate en rama, la estrella más demandada, junto con algunas figuras pequeñas a pedido.

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"Yo hago todo muy artesanal. Trabajo con la espátula y el chocolate en el mármol, lo que me lleva mucho tiempo. Ahora estoy en un momento de crecimiento pero, como no tengo más que dos manos, estoy viendo cómo hacer para conseguir financiamiento para adquirir una templadora automática que me permita ampliar la producción", dijo confiando en poder lograr algún tipo de apoyo para seguir desarrollándose con más fuerza.

"A mi me gustaría expandirme con la chocolatería y llegar a otros puntos, por qué no a San Martín de los Andes o Bariloche y otros lugares turísticos de la cordillera", concluyó.

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