Etnos: un viaje por los sabores del mundo sin salir de Neuquén
Un restaurante que propone un viaje culinario por distintas culturas del mundo. Acertado salón y servicio. Rica comida
En el corazón de la ciudad de Neuquén, un restaurante se atreve a romper con los moldes tradicionales de la gastronomía local. Su nombre es Etnos y, como sugiere, el alma de su propuesta está ligada a las culturas del mundo. Con 87 cubiertos disponibles —47 de ellos en espacios interiores—, el restaurante invita a sumergirse en una experiencia culinaria que trasciende fronteras. Aquí no se trata solo de comer: se trata de viajar con el paladar, de abrir los sentidos a nuevas texturas, aromas y presentaciones.
El mobiliario, el diseño arquitectónico y el interiorismo son absolutamente acertados, creando ambientes que se unen por enormes aberturas circulares que configuran espacios interesantes para disfrutar del muy buen servicio. La intención detrás de Etnos es clara: ofrecer algo distinto, que entienda y acompañe la evolución de la ciudad. En una capital que crece a ritmo constante, tanto en población como en expectativas, el proyecto busca destacarse como una propuesta sofisticada, pero accesible, donde los protagonistas no solo son los platos, sino también los vinos patagónicos, los cócteles y los productos puntuales que determinan cada país de la carta.
Una carta que cruza continentes
Actualmente, Etnos ofrece platos inspirados en cuatro cocinas del mundo. Pero esta no es una selección al azar ni definitiva: el plan es ir incorporando nuevos países cada uno o dos meses, para que el menú nunca se vuelva previsible. “Dentro de un mes aproximadamente vamos a sumar un quinto país, y luego, en tres o cuatro meses, seguiremos rotando e incorporando otras culturas gastronómicas”, explican desde la dirección del restaurante.
A la hora de elegir qué cocinas integrar, el equipo se basa en criterios claros: la representatividad cultural, la tradición culinaria y el nivel de desarrollo gastronómico de cada país. “Nos interesa contar historias a través de los sabores, que cada plato remita a la identidad de una etnia, a su forma de entender el alimento y celebrarlo”, explican.
La clave está en los detalles
Los 4 países representados en este comienzo de Etnos son de Asia y Europa. La carta es un listado de ingredientes que representan a cada nación y cultura. De ese listado, el equipo de cocina elaborará una entrada, un principal y un postre.
En la recepción hay una panera muy bien lograda con hummus y manteca de hierbas. Luego un bocado de abreboca. Sobrevolando el final del recorrido una granita fresca y deliciosa aterrizará en la mesa con el objetivo de resetear el paladar para lo que quede de trayecto.
Recrear platos de distintas partes del mundo en Neuquén no es tarea sencilla. Algunos ingredientes específicos, como el almíbar del clásico baklava, no están disponibles en el mercado local. Por eso, el equipo de cocina no solo estudió a fondo cada receta, sino que también decidió elaborar artesanalmente varios productos, mientras que otros se consiguen a través de importadoras nacionales.
Pero la innovación no está reñida con lo local. Todo lo contrario. Una parte esencial del proyecto es trabajar con productores neuquinos y patagónicos. Algunos ya están establecidos, mientras que otros surgieron a partir del vínculo con Etnos. “Nuestra idea es fortalecer el mercado regional, fomentar la producción y apostar por la sustentabilidad del restaurante a largo plazo”, aseguran.
Un equipo que sabe lo que hace
Al frente de la cocina está el chef Jonathan Ramos, formado en el Instituto Gastronómico Arrayanes de la ciudad de Mendoza. Su recorrido incluye experiencias en el Sheraton, el Hyatt y el prestigioso restaurante Casa Vigil, de la bodega Chachingo. Lo acompaña el sub chef Francisco Gómez, egresado del Instituto Nacional Gastronómico Escuela Teresa Rosales de Venezuela, con pasos por reconocidos espacios como el Gran Meliá y el gastrobar Tukkui, junto al chef Humberto Arriete.
La diversidad cultural del equipo también se refleja en los platos. No solo hay una búsqueda técnica, sino un genuino interés por respetar las raíces de cada cocina y, al mismo tiempo, darles una impronta propia.
Vinos y cócteles con identidad
Uno de los diferenciales de Etnos es la presencia de una sommelier en sala, algo poco habitual en la escena gastronómica neuquina. Esta figura cumple un rol clave: asesorar a cada comensal para lograr el maridaje perfecto y, al mismo tiempo, educar sobre la amplia carta de vinos, que prioriza etiquetas patagónicas pero también incluye selecciones nacionales de primer nivel.
Además, la barra está en manos de una especialista en tragos de autor, que diseñó una carta de cócteles basados en ingredientes típicos de cada país representado en la carta.
Una experiencia que va más allá del plato
La propuesta de Etnos no se limita a lo que llega al plato. El espacio fue concebido como un lugar distendido, amable y abierto a descubrir. Una invitación a dejarse sorprender. “Algunas provincias del país ya vienen trabajando hace años con este tipo de conceptos. Entendimos que Neuquén necesitaba un espacio así, donde lo sensorial, lo gastronómico y lo cultural converjan”, sostienen desde el restaurante.
En tiempos donde la experiencia lo es todo, Etnos logra ofrecer un recorrido sabroso y emotivo, sin perder de vista la calidad del producto ni el respeto por las cocinas del mundo. Es, en definitiva, una propuesta que combina exploración, formación y disfrute, con una impronta local que la hace muy interesante.
El desafío es ambicioso, pero la ejecución —hasta ahora— demuestra que hay un equipo capacitado y comprometido detrás. Un equipo que entiende que comer bien es una forma de viajar, de conocer y de celebrar lo diverso. Y que en un rincón del Alto Valle, es posible dar la vuelta al mundo sin moverse de la mesa.
+ info: @etnos.ok
Diagonal 9 de julio 45 / Lunes a Sábados 20 hs
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