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El concierto alemán más lento del mundo: sonará durante 639 años

Una composición de John Cage se ejecuta desde hace 18 años en un pequeño poblado de Alemania. Pretenden que el órgano siga sonando, con cambios paulatinos, hasta 2640.

Aunque el tiempo parece correr cada vez más rápido, hay situaciones que transmiten la sensación contraria, como si las agujas del reloj giraran en cámara lenta. La pandemia de coronavirus forzó la cancelación de muchas actividades aceleradas, casi frenéticas, pero no pudo vencer la templanza de un concierto en una villa alemana: música de cámara que se toca en cámara lenta, en una sola pieza que comenzó hace 18 años y pretende durar hasta el año 2640.

La descripción de esta pieza musical parece absurda, casi imposible. ¿Un concierto que pretende durar más de 600 años? Por eso, son muchos los que viajan a verla, a saber de qué se trata este concierto de órgano sin allegros acelerados ni melodías vivaces. Y llega hasta Halberstadt, a unos 200 kilómetros al suroeste de Berlín, para ser testigos de un acto inédito.

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El escenario es una iglesia medieval en ruinas, que lleva el nombre St. Burchardi. La pieza fue elaborada por el compositor estadounidense John Cage y es tan lenta que no basta con permanecer en el templo una par de horas para notar un cambio en las melodías. Por el contrario, los sonidos se mantienen en un tono monocorde durante años.

El pasado 5 de septiembre, una multitud se apiñó a las puertas de la iglesia para oír el cambio de sonido, en un evento histórico después de siete años de escuchar el mismo tono del órgano. Fue el decimocuarto cambio de acorde desde que el concierto comenzó, el 5 de septiembre de 2001, en lo que habría sido el cumpleaños número 89 de Cage.

Las partituras parecen tener una autoridad más fuerte que las restricciones sanitarias. Los responsables de la Fundación que administra este prologando concierto hicieron caso omiso al contexto de pandemia para planificar el cambio de sonido. Aclararon que no era posible posponer la partitura, como sí se posponen o se cancelan los foros económicos y los grandes eventos deportivos. El show debía continuar.

La partitura fue compuesta en 1985, cuando Cage escribió la obra para piano. Cuando fue configurada para su versión en órgano, en 1987, se la tituló Organ²/ASLSP para hacerle honor a las instrucciones de su compositor: “Tocarlo tan lento como sea posible”.

Con esa orden, un grupo de músicos, organistas, musicólogos y filósofos buscaron la forma de ejecutar el plan. El primer cambio fue trascendental. Pasar del piano al órgano les significó una gran ventaja, porque el sonido del piano se desvanece al transcurrir un tiempo del contacto con la tecla. En cambio, los órganos pueden sostener el sonido de manera indefinida.

Durante una conferencia en 1998, este grupo de expertos junto a otros discípulos de Cage calcularon cuántos años podía durar el concierto. Se cree que el primer órgano de teclado moderno se construyó en Halberstadt en 1361, 639 años antes del comienzo del siglo XXI, por lo que decidieron que la interpretación duraría 639 años y precisamente en esa pequeña ciudad alemana, que era el origen de todo.

La particularidad de su órgano la haría ideal para un concierto en cámara lenta: no es un instrumento de teclado sino que los tubos afinados para las notas de la partitura se añaden o se restan según sea necesario en cada cambio de sonido.

Nadie vive 639 años. ¿Cómo puede continuarse, entonces, una pieza de música? Desde la Fundación que comanda el proyecto pretenden que el concierto pase de una generación a otra, como un legado musical que nunca verán concluido. La participación del organista está también resuelta: el instrumento de la capilla alemana no requiere de una persona que apoye sobre sus pies sobre los pedales. En cambio, los tubos se sostienen con pedales empujados por sacos de arena.

El 5 de septiembre, después de siete años de sonar siempre igual, la música cambió. A las 3 p.m., el compositor Julian Lembke y la soprano Johanna Vargas, ambos con guantes blancos, bajaron dos nuevos tubos al cuerpo del órgano, que sonaban un Sol sostenido y un Mi. Estos crearon un nuevo acorde de siete notas, junto con las cinco notas que suenan desde octubre de 2013: Do, Re ♭, Re#, La# y Mi.

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Fue un evento histórico para los aficionados al concierto, que no pasan dos horas en un teatro sino que viajan a un pequeño pueblo de forma ocasional para escuchar el sonido que persiste a pesar de todo. Con la capacidad de la iglesia limitada por la pandemia, muchos observaron el cambio desde una pantalla gigante colocada en el exterior.

Los compositores coinciden en que no se trata de un concierto masivo. “Es un punto de cristalización para el arte contemporáneo. Trae gente interesante a Halberstadt”, señaló Lembke. Sin embargo, muchos creen que esa obra de arte permitió revalorizar al envejecido pueblo y que ya ha convocado a unos 140 mil entusiastas de la música clásica.

Andreas Henke, el alcalde de la ciudad, agradece la elección de ese destino para el concierto más lento del mundo. Para él, existe hasta un planteo filosófico detrás de la ejecución de la pieza. En un mundo en el que tiempo se acelera, en el que todos corren, cree que no hay nada mejor que detenerse un segundo a escuchar con atención. A disfrutar del arte en cámara lenta. A contribuir a un proyecto que concluirá muchos años después, cuando sus propios compositores no sean más que polvo. Y un recuerdo.

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