La enfermedad cardiovascular (ECV) en Argentina es un problema global que afecta a miles de personas cada año y que, a raíz del coronavirus, el temor y la incertidumbre por la pandemia, ha escalado al triste podio de las enfermedades que causan más muertes en el país.
Datos de la Sociedad Argentina de Cardiología indican que, tanto por patologías de infarto de miocardio, accidentes cerebrovasculares e insuficiencia cardíaca, se producen alrededor de 100.000 muertes anuales.
En el día de la Cardiología Argentina, los especialistas volvieron a remarcar la importancia de “volver a los consultorios”, para realizar controles médicos de prevención. La mayoría de los males, ligados al corazón, “se pueden prevenir”, advirtieron.
La cuarentena por la pandemia de COVID se extendió más allá de lo pensado en un principio, y dejó graves secuelas como ‘efectos colaterales’ del coronavirus en los pacientes cardíacos.
Las consultas habituales disminuyeron en forma abrupta durante el 2020, destacó el cirujano cardiovascular Germán Girela, y las consecuencias directas se vieron en el “agravamiento de las patologías”.
“La prevención lamentablemente se dejó de hacer, la gente dejó de consultar por temor a contagiarse, y cuando consultó se habían agravado los problemas y advertimos más urgencias graves”, indicó el jefe del Servicio de Cirugía Cardiovascular de Leben Salud.
En relación a las causas de internación y cirugías del corazón, “vimos pacientes mucho más graves, por falta de consultas a tiempo y también casos de personas que sabían que tenían una patología pero, por la pandemia, por el temor, hicieron un paréntesis y el problema le explotó en su casa”.
Las sociedades científicas advirtieron que se incrementaría notablemente la mortalidad por enfermedades cardiovasculares debido al mal control clínico, a la postergación y la no realización de procedimientos no invasivos (estudios de imágenes) e invasivos (cateterismos diagnósticos y terapéuticos), cirugías, que han demostrado reducir la morbimortalidad en estos pacientes.
La ECV es la primera causa de muerte en el mundo. Se estima que cada año mueren 18 millones de personas por esta causa, representando el 31,8% del total de todas las muertes, según datos de la SAC.
El coronavirus puede dañar el corazón en forma directa. El gran estado inflamatorio producido por el virus puede afectar al corazón produciendo miocarditis, pericarditis y también efectos sobre la coagulación, aumenta la frecuencia de infarto y ACV en pacientes infectados y de riesgo.
Más patologías, en pacientes más jóvenes
Girela, referente en cirugía cardiovascular de Leben Salud, explicó que la patología cardíaca en forma más frecuente se advierte en la población masculina, en el rango etáreo de 60 años en promedio, aunque advirtió que también se empieza a ver en personas más jóvenes “de hasta 45 años”.
En general, esto se asocia al estilo de vida del paciente, sus hábitos alimenticios, “si sufre de hipertensión, si fuma o lleva una vida sedentaria”, entre otros puntos, además del fuerte estrés que imprime en el día a día la problemática sanitaria.
“Hay graves secuelas, que tal vez no están a la vista de todos, pero es también una consecuencia indirecta del COVID, que no se mide en números de muertos pero que afecta y mucho al sistema cardiovascular”, señaló Girela.
Por eso, la prevención es fundamental, apuntó, si bien hay factores como los genéticos que “no pueden modificarse”.
Destacó la importancia de llevar una vida saludable, no fumar, mejorar los hábitos alimenticios, realizar actividad física y realizar controles periódicos de salud.
“En 2021 la gente comenzó a hacer más consultas médicas, a hacer actividades al aire libre, pero esto es reciente, antes estuvimos encerrados y eso tuvo consecuencias. Hay gente que inclusive dejó de comprar remedios, por temor a salir o porque se quedó sin trabajo. Sin dudas, uno de los aspectos más afectados en la pandemia fue la prevención”
El A, B, C en materia de infartos y prevención
¿Qué es un infarto? El infarto agudo de miocardio, conocido popularmente como ataque cardíaco se produce por una insuficiente irrigación sanguínea al corazón y la consecuente falta de oxígeno. Esta situación es llamada isquemia. Cuando el flujo sanguíneo se bloquea y el órgano no recibe sangre ni oxígeno, las células cardíacas mueren.
“Las arterias coronarias son las que proveen al músculo cardíaco la energía para funcionar, pero cuando esas arterias se tapan, ocurre una cardiopatía isquémica. Las arterias se empiezan a tapar, el músculo cardíaco sigue trabajando, pero sin energía y empieza a fallar”, explicó Girela.
Aquellas personas que ya padecieron un infarto, tienen más riesgo de tener otro. También son más proclives aquellos que cuentan con una historia familiar de enfermedades cardíacas a edades tempranas (55 años para los hombres, 65 para las mujeres).
Como consecuencia de un infarto, una porción del tejido del corazón muere por la falta de oxígeno y este daño resulta irreversible. Es por eso que el tratamiento médico inmediato es lo más importante.
El síntoma “clave” para tener en cuenta, es una fuerte opresión en el pecho. “Se siente como una pata de elefante encima del pecho, y siempre hay que consultar. Si los síntomas continúan, puede sobrevenir el evento duro, que es el infarto. Si el paciente recibe un tratamiento muy precoz, dentro de las primeras horas de ventana desde que se provocó el infarto, es probable que las secuelas sean más chicas. Pero si se deja estar o no recibe la atención médica adecuada, las consecuencias pueden ser irreversibles”, detalló el cirujano.
La gran meta para el 2025: menos muertes y más prevención
Las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte en el mundo occidental, más que el cáncer, las enfermedades respiratorias y la diabetes.
Sin embargo, los países de mayores ingresos están revirtiendo esta tendencia y proyectan para el 2025 una disminución de la muerte por enfermedad cardiovascular. Mientras que -alertó la Sociedad Argentina de Cardiología-, en los países de menores ingresos, desafortunadamente, la tendencia es al aumento de la muerte por infarto y accidente cerebrovascular.
Conforman grupos de riesgo quienes padecen diabetes, colesterol alto, presión alta, fumadores, personas con sobrepeso.
La SAC y su brazo a la comunidad, la Fundación Cardiológica Argentina (FCA), lanzaron el programa OBJETIVO 25X25, una iniciativa que propone la Organización Mundial de la Salud (OMS) para reducir un 25% la mortalidad prematura por enfermedades cardiovasculares para el año 2025. Este panorama obliga a un abordaje inmediato de estas enfermedades y sus factores de riesgo, se indicó.
En este sentido, las “metas claves 2025” para los factores de riesgo cardiovascular son una reducción relativa de al menos 10% del consumo de alcohol, una reducción relativa de la prevalencia de sedentarismo del 10%, una reducción relativa del 30% de la ingesta de sal o sodio, una reducción relativa de la prevalencia del 30% en el consumo de tabaco, una reducción relativa de la prevalencia de hipertensión arterial de un 25% y detener del aumento de la obesidad y diabetes, informó la entidad.
Síntomas de un infarto
* Molestia en el centro del pecho: sensación de presión, opresión o dolor en el centro del pecho. Puede durar varios minutos, desaparecer y volver a aparecer
* Dolor en un brazo o en ambos, en la espalda, el cuello, la mandíbula y el estómago.
* Dificultad para respirar
* Sudor frío, náuseas, mareo
* No necesariamente los síntomas aparecen repentinamente: pueden comenzar con un dolor leve o apenas una molestia.
En la mayoría de los casos las personas no saben reconocer los síntomas de un infarto. Y hasta es común confundir los dolores sintomáticos con una indigestión. Es por eso que siempre se debe acudir a una guardia médica para consultar.
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