El director de orquesta que lleva la música clásica a las cárceles y los hospitales

El director de la Orquesta Sinfónica del Neuquén y su rol social. Andrés Tolcachir se instaló en Neuquén tras visitar la ciudad en el marco de una gira.

Sofía Sandoval - ssandoval@lmneuquen.com.ar

En los oídos de Andrés Tolcachir siempre hubo música. Tanta, que le resulta imposible nombrar una canción que haya marcado su infancia o un músico concreto que haya surcado su vocación hacia la dirección de orquesta, la profesión que eligió y que lo llevó a sostener una batuta en los escenarios más diversos, desde cárceles hasta los teatros más renombrados del mundo.

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Aunque los padres de Andrés no eran músicos profesionales, ambos tienen un vínculo indisoluble con el arte. Su mamá, médica de profesión, estudió música en su juventud y reproducía una mezcla ecléctica de estilos en la casa de la familia Tolcachir, en Buenos Aires. Su papá, que hacía service de televisores, tuvo un paso por el cine y aún hoy ensaya obras de teatro. Por eso, no se sorprendieron cuando el joven Andrés les anunció que quería dedicarse a la dirección de orquesta.

“Mi primer instrumento fue el clarinete, y pasé muchos años estudiando en el conservatorio”, señala Tolcachir, actual director de la Orquesta Sinfónica del Neuquén, que depende de la Fundación BPN. También pasaba sus horas leyendo sobre música, escuchando a distintos compositores y asistiendo a los teatros a oír conciertos. Junto con sus padres, el joven Andrés pasaba las veladas en las butacas del Teatro Colón, sin imaginar que décadas más tarde pisaría ese mismo escenario con una batuta en las manos.

Andrés Tolcachir

“En la carrera de dirección, lo más difícil es encontrar una orquesta para estudiar”, recuerda el maestro. ¿Cómo practicar una orden específica, un movimiento de batuta o una obra completa? Para calmar la ansiedad, Andrés desplegaba un ejército de ositos de peluche en su habitación y les daba indicaciones que los muñecos respondían con el más absoluto silencio. La música solo sonaba en su cabeza, pero ese ensayo le sirvió para enfrentar, por primera vez, una orquesta de carne y hueso.

El conjunto que más recuerda es la Orquesta Juvenil Libertador San Martín, que ya cumple 25 años y que fue la primera en dejarse guiar por su batuta. “Hace pocas semanas volví a dirigirlos en un concierto en el Centro Cultural Kirchner y fue muy emocionante”, afirma.

En la Escuela de Música no quedan cupos para tantos chicos que quieren estudiar violín y otros instrumentos de música académica

Aunque asegura que la adrenalina siempre es mayor en las primeras presentaciones, Andrés aclara que aún hoy siente las cosquillas previas a cada presentación, que él interpreta como una mezcla entre pasión y responsabilidad. “Es el hecho de enfrentar lo que a uno le gusta hacer con la expectativa de que todo salga bien”, explica.

Oriundo de Buenos Aires, Tolcachir se instaló en Neuquén tras visitar la ciudad en el marco de una gira. Antes, llevó su dirección a otras geografías: realizó una maestría en Estados Unidos y trabajó en Italia y Alemania. Aunque su trabajo le permitió pisar famosos escenarios, el que más atesora es el Teatro Colón, ese que visitaba de chico y que figura entre los más importantes de la música clásica en el mundo.

En los movimientos de su batuta se condensan no solo sus largos años de estudio de instrumentos y dirección. También se mezclan todas sus vivencias: su paso por prestigiosos escenarios, las acciones solidarias que emprende junto con la fundación, sus viajes, sus impresiones cotidianas y una selección caprichosa de sonidos que reverberan en su propia casa. Todas sus experiencias lo nutren para mejorar día a día como director.

Andres Tolcachir director de orquesta

“Cuando estaba buscando mi camino, estudié unos años Ciencias Económicas, y creo que todos los conocimientos me sirven para dirigir una orquesta”, dice sobre su trabajo cotidiano, que implica ensayos diarios con 45 músicos profesionales que responden a sus comandos, y que llegaron a la Orquesta Sinfónica a través de un cuidado proceso de selección con audiciones ante 15 jurados.

“Yo no soy elitista con la música”, dice Tolcachir, que tiene una sólida formación en música académica pero que reconoce la riqueza de los cruces entre géneros. “El jazz sería impensado sin la música de Ravel y nuestra orquesta también toca conciertos con canciones de películas o comparte escenario con artistas locales populares como La Estafa Dub, La Moto o los hermanos Berbel”, señala.

El director ya lleva 13 años en Neuquén y presenció el crecimiento de la orquesta no solo en la calidad de los conciertos sino en su popularidad. “Somos una de las pocas orquestas que tocamos siempre a sala llena y que tenemos un grupo de amigos muy sólido que nos apoya siempre”, indica.

Al contrario de lo que podría indicar el sentido común, Andrés confía en que el interés por la música clásica está más vigente que nunca y que crece cada día un poco más. “Hoy tenemos más orquestas infantiles y juveniles que antes, y en la Escuela de Música no quedan cupos para tantos chicos que quieren estudiar violín y otros instrumentos de música académica”, explica.

Por eso, su intuición lo lleva a animarse siempre un poco más y apostar por obras nuevas, como el ciclo de óperas que comenzó con “Tosca”, de Giacomo Puccini, “Il Trovatore”, de Giuseppe Verdi, y la que llegará en noviembre: “El holandés errante”, de Wagner, que plantea un enorme desafío no solo musical sino en materia de producción.

Aunque la producción a gran escala los llevó a convocar artistas de otras latitudes, Tolcachir afirma que cada día es mayor la participación de los neuquinos en la orquesta. “Hay muchos que salieron de la orquesta académica de la Escuela de Música, que son como unas inferiores del fútbol para nosotros”, asegura.

No soy elitista con la música. Nuestra orquesta también comparte escenario con artistas locales como La Estafa Dub, La Moto o los hermanos Berbel

Sin embargo, no existen prerrogativas para los locales, y todos deben enfrentar una audición para ser seleccionados como parte del plantel estable.

El intenso ritmo de ensayos les permite tener una agenda nutrida de actividades, que incluye fusiones con coros de personas ciegas, colaboraciones con orquestas de otras provincias y un gran repertorio de compositores. Pero la labor del grupo excede las presentaciones sobre las tablas del Cine Teatro Español: también hacen que su música trascienda ese escenario para llegar a otros lugares donde cumplen un rol social.

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“Tocamos en hospitales, en hogares de ancianos y hasta en cárceles”, explica el maestro, y agrega que la Fundación BPN imprime ese sello solidario en todas sus actividades, el mismo que tuvo Tolcachir cuando fue seleccionado por la OEA y la Cancillería Argentina para viajar hasta Haití con el fin de dirigir la orquesta de Puerto Príncipe y recaudar fondos que posibilitaran la reconstrucción de la escuela de música destruida por el terremoto de 2010. “Es una de las experiencias que me dio la música y que más atesoro”, explica.

Su amor por la música es el motor que lo llevó a conocer el mundo y que lo impulsa a planear cada día obras más ambiciosas. Así, mantiene una agenda apretada de compromisos que persiguen un fin común: llenar de música todos los oídos de Neuquén.

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--> Se viene una nueva propuesta de ópera

La próxima vez que Andrés Tolcachir se suba a las tablas del Cine Teatro Español será el 1° y 3 de noviembre, durante la presentación de “El holandés errante”, una ópera de Richard Wagner que sumará el talento de músicos neuquinos y artistas de otras provincias.

Las funciones, cuyas entradas tienen un costo de 800 pesos y 600 pesos para jubilados y jóvenes, comenzarán el viernes a las 21 y el domingo a las 18.

La obra es una ópera romántica de tres actos basada en el libro de Heinrich Heine, De las memorias del señor de Schnabelewopski, sobre un capitán de barco holandés que por blasfemar fue condenado por Dios a vagar incesantemente por los mares, teniendo solo una tregua de un día cada siete años. Si en ese día consigue el amor de una mujer, será redimido de su condena.

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