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El dolor que no cierra de los hijos de las víctimas de la dictadura

Declararon en las audiencias del séptimo juicio contra represores que se desarrolla en Neuquén. Sus padres fueron secuestrados y algunos se encuentran desaparecidos.

Con profundo dolor, hijos e hijas de las víctimas de la última dictadura militar en la región se presentaron a declarar en las audiencias del séptimo juicio por delitos de lesa humanidad que se está desarrollando desde febrero pasado en el Tribunal Oral Federal 1 de Neuquén.

En este proceso judicial, en el que se encuentran imputados 15 ex miembros pertenecientes a fuerzas armadas y de seguridad nacionales y provinciales contra 20 víctimas, 9 de las cuales permanecen desaparecidas, los testimonios de los declarantes reflejan el dolor por el que tuvieron que atravesar a tan corta edad los hijos de los secuestrados y desaparecidos, incluso algunos que no conocieron a sus padres en vida.

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“Mamá estaría contenta de que declare por la memoria de tantos”, dijo con lágrimas en los ojos César Altomaro Villaverde cuando prestó declaración ante los jueces del tribunal. César tenía 7 años cuando su madre Alicia Villaverde, fue secuestrada en junio de 1976 de su trabajo en un organismo del Estado y luego golpeada y torturada en la delegación de la Policía Federal y en los centros clandestinos de detención “La Escuelita” de Neuquén y Bahía Blanca. “Lo que cuento es el recuerdo de un niño”, afirmó en relación al secuestro de su madre, reconocida dramaturga, actriz y directora de teatro.

En la sala de audiencias, César rememoró aquellas imágenes, gritos y llantos de la noche del 9 de junio de 1976, cuando se encontraba en la casa de su abuela materna junto a su hermana Eleonora de 3 años. “Una noche estábamos acostados y entraron a la casa de mi abuela los de Gendarmería. Mi abuela nos tapaba a mí y a mi hermana y nos ponía de costado contra la pared para que no nos llevaran. Me acuerdo de mi abuela pegándole patadas a esos tipos para que no nos agarraran y sacaran de ahí”, describió. Pudo identificar que eran de Gendarmería porque debajo de la cucheta pudo observar los pantalones, las botas y las puntas de los fusiles.

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Matilde Altomaro Mujica tenía 2 años cuando su madre, Susana Mujica, fue secuestrada en junio de 1976 y desde entonces se encuentra desaparecida.

Matilde Altomaro Mujica tenía 2 años cuando su madre, Susana Mujica, fue secuestrada en junio de 1976 y desde entonces se encuentra desaparecida.

Su madre fue llevada, junto a otros detenidos, a la Delegación de la Policía Federal y luego trasladada a “La Escuelita”, el centro clandestino de detención ubicado al fondo del Batallón de Ingenieros de Montaña, donde fue interrogada, salvajemente golpeada y torturada. En la delegación de la Policía Federal de la calle Santiago del Estero, Villaverde fue torturada por el agente civil de Inteligencia, Raúl Guglielminetti, imputado en esta causa y condenado en Neuquén y en otras ciudades del país.

Contó que su madre fue liberada el 19 de junio de 1976. Recién cuando Alicia junto a sus hijos Cesar y Eleonora se exiliaron en México, su madre le contó que había sido salvajemente torturada. “Lo difícil que debe haber sido contarme con 10 años lo que significaban las torturas. A esa edad tuve que entender que a mi mamá le metían una picana en la concha, que le quemaron las tetas, que la violaban. Yo era el mayor y era varón y mi papá no estaba y yo sentía que era la persona que tenía que cuidar a mi familia. No sé cómo se vive después de eso”, concluyó lamentando que en Neuquén tuvo que dejar la felicidad de aquel niño que se divertía remontando barriletes y tirando piedras en las calles de Neuquén.

Su hermana Eleonora, quien vive en México, también brindó su testimonio subrayando que “siempre sentía mucho el miedo y la desprotección”.

“Mi mamá sabía que no iba a volver”, subrayó Matilde Altomaro Mujica, hija de Darío Altomaro y Susana Mujica, secuestrados el 9 de junio de 1976. Susana continúa desaparecida.

La mujer reconstruyó sus recuerdos marcados por el secuestro de sus padres cuando tenía 2 años. “Todos los días me pregunto cómo habría sido mi vida si hubiese tenido a mi mamá”, confesó Matilde.

Susana Mujica fue secuestrada al llegar a su casa, donde Matilde y su hermano Martín de tan solo 10 días de vida se encontraban al cuidado de su abuela materna Josefa Lepore.

El día del secuestro de Susana, efectivos de la Policía Federal fuertemente armados irrumpieron en la casa. “Fueron seis personas de la Policía Federal fuertemente armados. La esperaron a mamá y cuando volvió, la secuestraron”, dijo Matilde. Jamás pudo olvidarse el saqueo de aquella casa, con muebles, colchones, libros y papeles rotos por los integrantes del grupo de tareas. Con pena Eleonora aseguró que apenas conserva tres fotografías con su madre.

Cuando describió a su madre, se remitió a mencionar la frase “me contaron”. “Me contaron que era muy inteligente, muy valiente, que hablaba mucho, que fumaba mucho, que era muy jugada, que era muy buena persona, que siempre ayudaba, que siempre estaba muy pendiente de sus amigos, de las injusticias, que era muy solidaria, que se parecía a mi abuelo que murió cuando ella tenía 15 años, que era muy radical con su ideología, no aceptaba medias tintas”, describió. Y no dejo de resaltar que su madre “me amaba muchísimo, sus hijos éramos su adoración”.

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La historia de Lucas López Asenjo es distinta a la de los hijos e hijas de secuestrados y desaparecidos que ofrecieron su testimonio a los jueces porque cuando los militares secuestraron a su padre, él no había nacido.

Lucas se enteró que era hijo de un desaparecido a los 25 años y desde entonces decidió transitar el camino de reconstruir de su identidad. Una vez le preguntó a su abuela y le dijo que era hijo de Jorge Asenjo, militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y periodista del diario “El Mundo” en Neuquén, secuestrado en junio de 1976 en su casa de Cinco Saltos, Río Negro.

“Este era mi papá, si ustedes saben dónde está diganme porque me gustaría saberlo”, le reclamó Lucas a los acusados por delitos de lesa humanidad que siguen las audiencias por Zoom, algunos desde las unidades de detención donde cumplen condenas y otros en sus domicilios.

Asenjo tenía 37 años cuando fue trasladado a la comisaría de Cinco Saltos y luego a la Unidad 9 de Neuquén hasta que finalmente, junto con otros detenidos, los trasladaron en avión hasta el centro clandestino de detención "La Escuelita" de Bahía Blanca y desde entonces nada se supo de su destino final.

La compañera de Asenjo, Nilda Valente, llevaba un embarazo de cuatro meses cuando se produjo el secuestro. Lucas nació después.

"Ser hijo de un desaparecido me pone en un lugar de responsabilidad histórica, como último enlace entre las víctimas del terrorismo de Estado y los que vienen después", aseguró.

Por último, afirmó que “acá se juzgan también los momentos que me faltaron con mi viejo, y me falta la voz, me faltó haber compartido un asado, me faltó haber ido a la cancha con él, porque no lo tuve”.

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