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El gobierno pisó los precios de la energía con la inflación como amenaza

Venderá a seis dólares el gas que importa de Bolivia a entre 10 y 18 dólares por millón de BTU. Presión industrial y malestar en el sector petrolero.

Pisar los precios de la energía lo más que se pueda está en los planes del gobierno nacional. Lo contrario agravaría la crisis inflacionaria, que mantiene en jaque a la administración de Alberto Fernández a pesar de las variables favorables que presenta la economía, con crecimiento sostenido durante 12 meses y retracción de la desocupación.

Los precios de los hidrocarburos, junto a todos los de las fuentes de energía, están desbocados en el mundo. Ahí reside uno de los efectos globales que se suman a los locales para presionar la escalada de los precios de toda la economía.

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Si el gobierno librara los precios del petróleo y el gas a los designios del mercado internacional, como pretenden las compañías hidrocarburíferas, las empresas que producen bienes y servicios verían incrementarse sus costos fuertemente, una situación que no haría más que avivar los aumentos de los precios que pagan los consumidores.

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La inflación prácticamente no le deja margen de maniobra al gobierno, que aún queriendo recortar subsidios no podrá hacerlo por ahora debido al contexto.

La intervención

La administración Fernández ya dio señales de que intervendrá en la fijación de los precios de las fuentes energéticas. Con YPF contiene el sector de los combustibles, mientras que con IAESA decidió ponerle techo al precio del gas para las industrias 6,05 dólares por millón de BTU (sin contar los costos del transporte).

La decisión fue activada por el secretario de Energía, Darío Martínez, quien había escuchado de boca de las representaciones empresarias de la industria nacional los males que acarrearía no intervenir en los costos de la energía para la producción.

Desde el domingo entraron en vigencia los nuevos contratos que hicieron las empresas consumidoras con las comercializadoras. Estos eran más caros que el precio que tiene la estatal IAESA para el sector, desde un día antes de que cobraran vigor los nuevos contratos con las vendedoras de gas.

En la industria descuentan que cientos de contratos de compra de las empresas se caerán o cambiarán los montos firmados para adecuarse al precio de la empresa estatal que compra el gas a entre 10 y 18 por millón de BTU a Bolivia.

Antes de oficializarse la decisión sobre el precio del gas para la industria Martínez se había reunido con empresarios cordobeses que lo visitaron junto al presidente de la Unión Industrial Argentina, Daniel Funes de Rioja, a la vez mandamás de la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (COPAL). Los empresarios pusieron el grito en el cielo porque pagaban hasta diez dólares por millón de BTU por el gas.

Leña al fuego

La invasión de Rusia a Ucrania era la leña que le faltaba al fuego de la inflación para terminar de encenderse en todo el mundo. Los efectos de las políticas contra la pandemia habían sido la chispa que despertó las primeras llamas. El viraje de la coyuntura global se produjo cuando la economía argentina ya estaba amenazada por los aumentos de los precios de los bienes de consumo masivo.

Para peor, el gobierno selló el pacto con el FMI unos días antes de que Vladimir Putin ordenara el ingreso de las tropas rusas a Ucrania. Y en ese pacto asumió que debería recortar los subsidios energéticos. La hoja de ruta que negoció el ministro de Economía, Martín Guzmán, con el FMI en esa materia se convirtió en inviable con los efectos de la guerra a la vista.

Por lo pronto, la medida para garantizar gas a seis dólares a los industriales insumirá un volumen importante de subsidios. El Estado asumirá la diferencia entre ese precio y el que paga a Bolivia, que lo duplica o triplica, según que parte del contrato con el país vecino se tome de referencia.

La economía crece

La intervención del gobierno, además de buscar menos impacto de la energía en la inflación, llegó cuando la economía en general está en crecimiento constante desde marzo del año pasado. Lo mismo que la actividad de la industria manufacturera.

En febrero de este año, el último mes procesado por el INDEC, la actividad económica creció 9,1 por ciento contra el mismo mes del año pasado, cuando se reveló el último registro negativo de la actividad, todavía afectado por la crisis de la pandemia. La industria manufacturera creció en febrero 8,7 por ciento interanual y 4 por ciento respecto a enero.

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Fuente: INDEC

Fuente: INDEC

Si los precios de la energía provocaran una ralentización en la actividad los problemas económicos se multiplicarían puesto que la inflación no va a bajar de un mes para otro, menos en el presente contexto global. No está el gobierno de Fernández en condiciones políticas de enfrentar una estanflación, como la que amenaza a las grandes potencias.

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