El hombre cuyo trabajo comienza cuando la vida termina

Enrique Prueger. Licenciado en criminalística y especialista en homicidios.

- Hallar 200 cadáveres en fosas comunes por una matanza de aborígenes en Formosa en 1947 fue el caso que más lo impactó.

NEUQUÉN

Fue en la Sierra de Tartagal, al norte de Salta, formando parte de un grupo de scouts, donde Enrique Prueger forjó su destino como el perito criminalista que es hoy, el más reconocido y prestigioso del país. Tenía 11 años cuando en un campamento en aquella zona en la frontera con Bolivia, Enrique encontró semienterrado un esqueleto de mono. Con una cucharita y unas ramitas fue despejando la tierra y llamó a sus compañeros para anunciar que había hallado un esqueleto de bebé. “Imaginate la cara de terror que pusieron mis compañeros cuando vieron eso”, cuenta este hombre de 62 años, con más de 37 dedicados a esclarecer los más cruentos homicidios.

Nacido en Jujuy en 1956, a los 15 años llegó a Neuquén porque su padre, mecánico de aviones de Aerolíneas, había sido destinado a esta ciudad. Por mandato paterno, Enrique empezó a trabajar en esa empresa aérea donde conoció al comisario Cardozo, quien le sugirió que estudiara la licenciatura en Criminalística en el Instituto Superior de la Academia de la Policía Federal Argentina, “donde me recibí en tiempo récord y con el mejor promedio: 9,87”. "Me encantó la carrera porque me encontré con una visión científica de la investigación criminal. Me salió el ADN de aquel niño que había encontrado los huesos de un mono", explica.

“No existe el crimen perfecto, lo hace perfecto el idiota que lo investiga”, dice con ironía el primer criminalista que tuvo Neuquén. Orgulloso sostiene que es el único perito independiente del país al que convocan para esclarecer casos “que el sistema no logra esclarecer; no es que yo sea bueno, es que los otros son muy malos”.

A la hora de definir su trabajo, dice que consiste en “saber el cómo, el cuándo, el qué, el quiénes y el dónde de un hecho criminal” a través de una serie de indicios. Aclara que del porqué se encarga la criminología. “Yo no me meto en la mente de un criminal, cómo hacerlo en alguien que pudo matar”.

Agrega que además se necesita un “corazón sensible con la gente que lo necesita a uno”. “Yo siempre estoy del lado de las víctimas porque cuando los familiares de la víctima te convocan es porque el Estado fracasó”, subraya.

Uno podría imaginarse que luego de una intensa jornada de trabajo investigando un homicidio o enseñando la criminalística en el instituto que lleva su nombre en esta ciudad o en universidades del país, Enrique disfruta leyendo novelas policiales o mirando series. "Nada de eso, estaría loco si lo hiciera. Prefiero ver National Geographic o Animal Planet".

En 1987, unos años antes de su actuación crucial para la identificación del lugar donde había sido ocultado el cuerpo del soldado Carrasco en el regimiento de Zapala, Prueger se fue a Estados Unidos a especializarse en homicidios. "Me contrató el Sistema Postal Americano porque había diseñado un sistema computarizado para la identificación de anónimos a través de la escritura. El sistema fue certificado por el Servicio Secreto de Estados Unidos", explica.

Si bien considera que el caso Carrasco, en 1994, lo hizo conocido y asegura que "era un inconsciente" cuando identificó el lugar donde había sido enterrado el conscripto, el que más lo impactó fue la investigación que realizó de una matanza de aborígenes ocurrida en el paraje Campo Alegre en Formosa, en 1947. "Durante seis meses del año 2005 nos metimos en la selva junto con mi señora, especialista en análisis de investigación de homicidios, y un equipo, y encontramos dos fosas comunes con más de 200 cadáveres de indígenas pilagá".

"No me gusta ser mediocre en mi profesión pero una cuota de inconsciencia hay, pero hasta ahí nomás", advierte Prueger antes de interrumpir la conversación y atender a la prensa por el caso Maldonado, "que no está cerrado" porque sostiene que el cuerpo no estuvo 78 días sumergido en ese lugar, y que, por lo tanto, fue "plantado por alguien" entre unas horas y unos diez días antes de su aparición, el 17 de octubre de 2017.

Enrique Prueger
Su trayectoria fue reconocida por el Senado de la Nación en 2014.
Su trayectoria fue reconocida por el Senado de la Nación en 2014.

En la tele

Con la máquina de la verdad

"Indudablemente, dice la verdad", "Indudablemente, miente", decía en los veredictos Enrique Prueger junto a la "máquina de la verdad" que el periodista Chiche Gelblung instaló en la pantalla televisiva de los años 90. Prueger confiesa que "detectar" las verdades y mentiras de personajes famosos como la supuesta hija de Perón, Guillermo Coppola, entre otros, fue por interés económico. "Gelblung me pagaba 2500 dólares por programa, y tenía que darle un bienestar a mi familia. No era un delito lo que hacía pero tuve muchos detractores".

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