El hombre de los cuatro gobernadores

Jorge Marín. Es jefe de Ceremonial y Protocolo. En esa función clave trabajó con Salvatori, Sobisch, Sapag y ahora con Omar Gutiérrez.

Francisco Carnese

carnesef@lmneuquen.com.ar

“Lo que pide un gobernador para esta función es atención y cordialidad”, asegura quien trabaja en Protocolo desde 1988.

“Organizar y no ser vistos es nuestra función. Si un ceremonial está corriendo o muestra señal de preocupación, es porque algo hizo mal”, afirma.

Neuquén

Prudente, discreto, amable y a la vez imperturbable. Todas estas características definen al hombre que desde hace casi tres décadas trabaja en una de las áreas más sensibles de la gobernación y que conoce, pese a que nunca los ventilará, los secretos mejor guardados del edificio de Roca y La Rioja.

“Lo que pide un gobernador para esta función es atención y cordialidad”, asegura Jorge Marín, jefe de Ceremonial y Protocolo. A diferencia de otras jurisdicciones del país, e incluso de lo que sucede dentro del ámbito de la presidencia de la Nación, en Neuquén quien asume este puesto no depende de ningún ministerio ni secretaría y reporta directamente al mandatario. Marín lo hizo con Pedro Salvatori (como miembro de Protocolo), después con Jorge Sobisch, Jorge Sapag y ahora con Omar Gutiérrez, en estos tres últimos casos en calidad de titular del área.

Heredó esta profesión de su padre, Héctor, quien se inició como secretario privado de don Felipe Sapag en el periodo 1972-1976 y que después, y hasta 1999, ocupó la jefatura de Ceremonial de Casa de Gobierno. Allí, Jorge Marín tomó la posta que no dejó nunca más. Sin embargo, su trabajo en Protocolo ya se había iniciado en 1988, en tiempos de Salvatori.

Hoy, a los 48 años, Marín explica que le lleva algo así como seis meses poder “interpretar” lo que un gobernador desea pero evita hacer referencia a características particulares. Cuando se le pregunta acerca de quién fue o es más exigente y demandante, se limita a explicar que lo que todos por igual le han solicitado es “mucho esfuerzo”.

¿Cuál debe ser la principal cualidad de un jefe de Protocolo? “Organizar y no ser vistos es nuestra función. Si un ceremonial está corriendo o muestra una señal de preocupación en un acto, es porque algo hizo mal antes”, asegura.

Rutina y política

Marín se muestra elegante en el trato con la gente que se cruza en los pasillos de Casa de Gobierno, a quienes no escatima saludos ni sonrisas. La pulcritud de su vestimenta se corresponde con el orden del despacho que ocupa, donde ya tiene diagramado sobre el escritorio las próximas actividades del gobernador.

“Desde que existe este aparatito (señala su celular y se ríe) muchas veces ni los fines de semana me desocupo. Puedo tener un día libre algún domingo en mi casa, si es que no estoy de viaje con el gobernador, pero siempre tengo el teléfono prendido las 24 horas, en función de responder, por ejemplo, al pedido de algún intendente. Para eso está el área de ceremonial”, resalta. Su rutina comienza a las 6 de la mañana pero nunca sabe cuándo termina.

Acompañando a distintos gobernadores conoció todo el interior de la provincia y el exterior países como Chile, Francia, Rusia y Portugal. También participó de muchos encuentros con presidentes en Buenos Aires. De todos ellos, destaca a Carlos Menem, por su “forma entradora” de manejarse con la gente, aunque rápidamente aclara que con eso no pretende decir si “fue mejor o peor”.

Cuenta que si bien organiza los ámbitos de las reuniones o los actos que se realizan en Casa de Gobierno encabezados por algún funcionario, no se involucra en la actividad ni en las internas que pueden surgir dentro del gabinete de ministros.

“En lo político no me meto, las reuniones las maneja el gobernador. Estoy para colaborar, pero no para opinar”, resalta Marín, el hombre todoterreno y testigo privilegiado de la trastienda del poder en la provincia.

Accidente aéreo en 1989

El día que casi no la cuenta

“En el 89 estábamos de viaje con Protocolo. Se había creado la bandera de la provincia para llevarla a cada localidad. Despegamos en Aluminé, el avión tuvo un inconveniente por el cambio de combustible y caímos en un bosque de pinos. Fue un accidente con suerte”, cuenta Marín sobre la experiencia más traumática que le tocó vivir junto a un grupo de colaboradores de la gobernación.

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