El hombre que conoce el río más que la palma de su mano

Jesús "Coco" Coronel en 1964 fundó el primer Cuerpo de Bañeros Voluntarios de Neuquén. Además, participó de numerosas regatas y enseñó el deporte.

POR PABLO MONTANARO / montanarop@lmneuquen.com.ar

Su mirada no se desvía ni un segundo de las tranquilas aguas del río Limay, que conoce como la palma de su mano. Mientras despliega recuerdos y anécdotas, camina las escalinatas que bordean el Balneario Municipal como si estuviera en el comedor de su casa en el barrio Belgrano. “El río para mí es todo, es mi pasión”, afirma a los 75 años Jesús Coronel. Coco, como todos lo conocen, a comienzos de los años 60 fue uno de los fundadores del Cuerpo de Bañeros Voluntarios de Neuquén, corrió gran cantidad de regatas y luego durante varias décadas se encargó, como balizador oficial, de indicarles el camino a los palistas que participan de la Regata del Río Negro para remar con tranquilidad. Trabajo que, según adelantó, repetirá también en enero próximo.

Antes de que se refiera al hecho trágico que llevó a un grupo de jóvenes a crear en 1964 el cuerpo de bañeros, Coco cuenta que hasta los 7 años vivió en Alcorta y San Luis, donde funcionaba una reconocida fonda a la que, según le contaron, “iba el sobrino de Ceferino Namuncurá, que era chasqui del ejército”. Luego la familia se mudó a Bahía Blanca y Libertad, a escasos metros de la antena de transmisión de LU5, radio que tendrá un lugar especial en su intensa y atractiva vida (ver aparte). “En esa zona cruzaba un canal y ahí íbamos a jugar y a bañarnos con los pibes del barrio. Todo era campo”, recuerda. Completó la primaria en la escuela de Río Negro y Alcorta, mientras salía con sus amigos “a cazar liebres entre el cementerio y el hospital, avestruces en lo que ahora es Parque Industrial y hasta guanacos más allá de Alta Barda”. La situación económica familiar lo llevó a dejar la secundaria y dedicarse a trabajar, “hice de todo, desde repartir leche en carro hasta reses de carne”.

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La costa del río reunía a comienzos de los años 60 a un grupo de jóvenes veinteañeros que nadaban y practicaban remo. Cuenta que en 1963 “cuatro o cinco colimbas que hacían el servicio militar se escaparon de la Compañía de Comunicaciones del Ejército para darse un chapuzón en el Limay con tanta mala suerte que el río se los llevó y se ahogaron”.

"Ir al río y a las regatas me da más vida, rejuvenezco cinco años. Es mi gran pasión, lo que siempre me gustó hacer”

La tragedia conmocionó a la ciudad y a ese grupo de jóvenes que disfrutaban del río, quienes consideraron que era necesario crear el primer cuerpo de bañeros voluntarios de Neuquén. “Lo de los conscriptos fue impactante”, comenta y busca un cuaderno donde tiene anotada la fecha de fundación del cuerpo de bañeros, 4 de enero de 1964, y el nombre de las veintidós personas que lo integraron. “Lo hacíamos ad honorem, sin cobrar un peso, y nos convertimos en bañeros, bomberos, policías, enfermeros... Para sacar un poco de plata alquilábamos botes y canoas”, dice.

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“Hicimos una gran tarea”, dice Coco refiriéndose a los numerosos rescates que realizaron pero también a las víctimas. Agrega un detalle que demuestra el compromiso que tenía el grupo: “Les compramos un equipo de buzo, el tubo de oxígeno era chico, a los bomberos voluntarios de Cipolletti porque no lo sabían usar”.

En 1968 corrió su primera regata. A la hora de hablar de su trayectoria busca una revista El Gráfico de febrero de 1972 donde aparece en una foto con Héctor Reyes, representando al club Biguá, en la regata Neuquén-Río Negro, donde el cronista destaca de la dupla su cumplimiento “rendidor y parejo” con el que llegaron al tercer puesto.

Cuando habla de su hija Andrea Celeste, Coco no puede ocultar su orgullo. Nació hace 36 años en Cerro Policía, una zona árida y despoblada de Río Negro, donde su padre había abierto un comercio. “Ella nació en el desierto, sin embargo, se convirtió en campeona sudamericana de canotaje y estuvo dos años en la selección nacional”, describe.

Entusiasmado por ser el balizador de la próxima Regata del Río Negro, Coco asegura: “Cuando participo en una regata rejuvenezco cinco años más, el río, las regatas me dan más vida. Es mi pasión, es lo que siempre me gustó”.

--> Se subía a la antena de LU5

Coco tiene un vínculo especial con LU5 porque, según cuenta, nació y se crió a pocos metros de donde estaba ubicada la primera antena de transmisión de la radio. En su juventud trabajó como cuidador del predio de la radio y durante cinco años como asistente técnico. “Era el encargado de subir los 140 metros de la torre para cambiar las balizas cuando se quemaban”, cuenta entre risas. “Recuerdo la transmisión de una vuelta ciclística al Valle que se hizo en la Ruta 22 en la que tuve que trasladar unos equipos pesados para la transmisión”.

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