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El hombre que transformó con asfalto un pueblo

Carlos Molina es ex obrero de Mariano Moreno. En medio de una historia de amor, trabajó en la primera pavimentación de la localidad, hace 47 años.

Hay trabajos que cambian la vida de los pueblos y de las personas para siempre. Muchas veces, forjados por distintas situaciones de vida, dejan una huella indeleble en el alma y en el corazón de quienes las transitan. Es el caso de don Carlos Molina, un marianense de pura cepa. Anduvo por distintos lugares hasta que, un día, el destino lo eligió para llevar adelante una obra que transformó el pueblo: llegaba por primera vez el asfalto. Pero también lo eligió para que formara una familia junto a una amiga y vecina de toda la vida: doña Luisa Campos, hija a su vez de padres pioneros del pueblo. Así, don Carlos comenzó a trabajar en el asfalto en medio de una historia de amor.

La obra iba bastante avanzada y un 16 de febrero de 1973, en una ceremonia familiar, el juez de paz Ignacio Gallardo selló su amor, que hoy lleva 47 años y que, al igual que el asfalto, sigue firme y vigente como el primer día.

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“Luisa ha sido mi puntal siempre para salir adelante, estuvo y está en las buenas y en las malas. Es la mejor compañera que Dios pudo haber puesto en mi camino”, dice con mucho orgullo.

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Hay una anécdota de sus compañeros de trabajo que durante el proceso de la obra uno de los camiones que transportaba el material tuvo un percance mecánico y volcó la carga. Aprovechando la ocasión, y como muestra del enamoramiento con su amada Luisa, don Carlos llevó ese material hasta la casa a su futuro suegro para hacerle como una especie de “entrada con asfalto”. Sus amigos y compañeros de la época cuentan con una sonrisa que “estaba muy enamorado el hombre, y con ese gesto se ganó varios puntos para tener definitivamente la mano de su hoy esposa”.

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Nacido y criado en estas tierras covunquinas, don Carlos Molina hoy camina lento, con algunas limitaciones, pero el entusiasmo para seguir adelante es el mismo. Su carisma y su gracia aún permanecen intactas. Es autor de muchas leyendas del pueblo, protagonista de miles de situaciones graciosas y propietario de múltiples apodos que han atravesado la barrera de los años y siempre hay alguien que pregunta por ese hombre que supo ganarse el cariño del pueblo.

Don Carlos simplemente es el “Quelilo”, un sobrenombre que es como su “documento de identidad” en la población. Ese apodo tan característico y familiar nació de su forma tan particular de hablar al decir: “¿Cómo andás, querido?”.

Don Carlos, junto a otros esforzados y valientes vecinos, entró en la historia local porque supo dejar (hace 47 años) con su trabajo una simple huella en una avenida con asfalto, la misma que hoy es la columna vertebral del crecimiento de Mariano Moreno.

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Nació en Mariano Moreno, el 22 de noviembre de 1949. Hijo de Berta Cerda y Lorenzo Segundo Molina. Uno de los mayores de los 8 hijos (4 varones y 4 mujeres) que esta pareja de pioneros le entregó a estas tierras neuquinas. Una infancia difícil, llena de privaciones y necesidades. Comenzó estudiando la educación primaria en la Escuela 36, hasta que fue inaugurada la Escuela 135 en Mariano Moreno. Aquí egresó junto a otros alumnos de apellidos que estaban muy ligados a la historia local también: los Bastías, Soto, Zurita, Funes y Belabarba, entre otros. En la navidad del año 1962, la tragedia golpeó fuerte su vida y la de toda su familia. Su hermano Jorge, suboficial del ejército en el RIM 10, pierde la vida trágicamente en un accidente vial cerca de Zapala. Cruzada por el dolor, su madre, al año siguiente, parte con destino a la ciudad de Neuquén. Hasta allí fue don Carlos para ayudarla con la responsabilidad que sus pocos años le podían otorgar. Para echar una mano en la economía familiar cumplió una infinidad de trabajos en la gran ciudad: fue un distinguido y recordado lustrabotas y vendedor de quiniela en la esquina del mítico Hotel Confluencia, hoy sede del BPN. También fue operador de un aserradero y repartidor de una conocida casa comercial.

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-> Una obra muy importante

Antiguamente, la Ruta Nacional 40 atravesaba el Valle del Covunco con destino a Chos Malal. Con la finalidad de agilizar y garantizar la fluidez de tráfico entre Mariano Moreno y Zapala, Vialidad impulsó la construcción del asfalto en este tramo de la Ruta Nacional 40. Fue entre los años 1968 y 1970. A la par surgió otro interesante proyecto: unir el Monolito en el RIM 10 con la Ruta Nacional 22 a la altura de Covunco Pavia, en dirección a Las Lajas. Era y es la Ruta Provincial 3 que atraviesa en toda su extensión al pueblo. Y ahí, don Carlos Molina dejó su impronta.

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