Comúnmente se habla del humo de segunda mano, que es la combinación del humo del cigarrillo encendido y el que exhala el fumador, pero pocos conocen el llamado humo de tercera mano, o "humo invisible", que puede durar horas e incluso días y es el que viaja "prendido" en la piel o en los objetos.

Esas partículas que sobreviven pero no vemos, según Jonathan Winickoff, del Instituto del Cáncer Dana-Farber de la Escuela de Medicina de Boston (EE.UU.), deja "niveles sustanciales" de toxinas en los materiales expuestos al humo de tabaco.

Aunque siempre se puso en duda su efecto perjudicial, un estudio reciente realizado por la Universidad de California descubrió, en un experimento hecho con ratones, que existe una vinculación entre el humo de tercera mano y la resistencia a la insulina, precursora de la diabetes tipo 2, cada vez más común en niños y adolescentes.

Ya con anterioridad también se había demostrado que daña el hígado y los pulmones de estos animales, y que además complica la cicatrización de las heridas y causa hiperactividad.

Y el espectro de posibilidades en cuanto a sus peligros aumenta a medida que se hacen más estudios al respecto.

"Si se confirma en los seres humanos, nuestro estudio podría impactar de manera importante en cómo la gente considera la exposición a toxinas ambientales del tabaco", dijo Manuela Martins-Green, coautora del experimento.

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