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El ídolo de 2 grandes argentinos que maneja 10 estaciones de servicio

Cinco de garra, fue muy querido en dos de los clubes más populares del país. Se alejó del fútbol y mal no le va como empresario. Su consejo a los jóvenes.

Se despidió en 2005 en un Racing-San Lorenzo en el Cilindro de Avellaneda con la camiseta del Ciclón. Era época en la que se jugaba con las dos hinchadas. Lo ovacionaron desde los cuatro costados. El agradeció a los de La Academia, que lo habían disfrutado mucho tiempo y a los del Ciclón, donde hizo historia con su garra, mentalidad ganadora y profesionalismo.

Pero Pablo Michelini, de él hablamos, no quiso saber más nada con el fútbol más allá de un paso fugaz como manager del Cuervo y gracias a su preparación previa, hoy triunfa fuera de las canchas. Es un exitoso empresario. Maneja y administra 10 estaciones de servicio.

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Así se lo contó al portal Infobae. “Yo estudié la carrera de contador público en la Universidad de Morón y con la permanente inquietud de formarme, porque hay algo que está claro: nada te viene servido, nadie te va a venir a golpear la puerta para hacer un negocio. Es fundamental la iniciativa. En todos los emprendimientos estoy apoyado por mi hermano y siempre decimos lo mismo: hay que intentar diez veces y sale una. Es como el volante por derecha que pica al vacío y no le llega la pelota. Si lo hacés solo una vez, nunca vas a convertir un gol, ahora si te mandás en muchas ocasiones, en alguna se te va a dar. Esto es lo mismo”.

Y agregaó: "Una vez que te retirás, los días son completamente diferentes, porque no vivís con la adrenalina de tener que salir el domingo a la cancha, con esos cambios de ánimo que se dan tan rápidamente en el fútbol, donde pasás del aplauso al insulto y viceversa. Eso no lo tenés en la vida empresarial, pero disfrutás también de otras cosas, como apuntar a tener otro tipo de objetivos y tener los fines de semana libres, por lo que al principio te sentís medio raro (risas). Cuando llega el momento del retiro, algunos hacen un corte, dan vuelta la hoja, dejando de ver partidos y desligándose de ese ámbito. Otros quedan pegados y comienzan a ir a las peñas, a la cancha, ven videos de sus actuaciones o recortes de revistas. Son dos grupos bien marcados”.

Cuando se terminaba el siglo, Pablo comenzó a interesarse por la posibilidad de hacer inversiones y así se fue vinculando con distintas personas que conocían el ámbito de las estaciones de servicio. Las primeras fueron en el Gran Buenos Aires, cuando todavía era futbolista, más tarde llegaron las de la Capital y ahora llegan a 10 (“es el rubro que más conozco y donde estoy cómodo”). También en el sector de la construcción, con un apart, hace 20 años, en el entonces incipiente Mar de las Pampas, y con un hotel espléndido en la provincia de San Juan.

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“Es innegable que se extraña el hecho de disputar partidos y con la cancha llena, pero es decisivo que el jugador tenga un horizonte claro para el día después, porque tenés la cabeza ocupada y llegás cansado a la noche, con ganas de dormir y no de ponerte a repasar tu carrera. Te ocupás de lo que viene y no lo de que pasó y, para mí, éste es un punto fundamental. Es sano poder hacer un corte y comenzar como una segunda etapa de la vida. Tengo contacto con algunos de los muchachos con los que compartí planteles, sobre todo en San Lorenzo, como Pusineri, Campagnuolo y Tuzzio, con quienes, además, somos socios en un emprendimiento. También me hablo seguido con Bernardo Romeo, Leo Rodríguez, el Beto Acosta, Diego Capria y Félix Benito”.

Recordó que “Estuve como manager en la época que Rafael Savino era el presidente y Oscar Ruggeri el entrenador. Fue un período muy cortito, de apenas unos meses; acepté con la condición de no cobrar un solo peso, así podía seguir también con mis otras actividades. Iba todos los días a la Ciudad Deportiva, pero sin descuidar mis empresas. Duró poco porque cuando el equipo no andaba bien, me insultaban y me gritaban ladrón, cuando no percibía nada y le daba tiempo de mi vida. Me peleaba con los representantes de los jugadores, porque me parecían altas sus pretensiones y yo me ponía del lado del club, obviamente. Tampoco me sentía cómodo en la discusión de los premios con el plantel, sobre todo porque algunos de los muchachos habían sido compañeros míos. Me di cuenta de que no lo disfrutaba y nunca más me vinculé con el fútbol. La única excepción fue con el Chacho Coudet, que me vino a ver cuando iba a comenzar su carrera como técnico para que fuera su ayudante de campo. Me insistió, me dijo que lo pensara, pero yo tenía claro lo que quería. Me alegré mucho por él, ya que está haciendo un gran trabajo como DT”.

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La pandemia golpeó también sus actividades, como le ocurrió a la mayoría de los argentinos. Sin embargo, el ojo siempre atento lo hizo incursionar en nuevo rubro: “Voy por la calle y observo los negocios, porque algunos abren en determinada zona, a quiénes no les va tan bien, etcétera. Y apenas comenzó la cuarentena vi un gran auge de las bicicletas y empezamos a venderlas en las estaciones de servicio, hasta que me llegó una denuncia. Obviamente era del bicicletero de acá a dos cuadras (risas). Entonces, como tengo uno de los locales con salida a dos calles, cerré una parte del bar de la estación, armé un pequeño negocio para seguirlo allí y puse a mi hijo de 21 años a cargo, para que vaya teniendo sus primeras experiencias”.

Campeón en 2001 del torneo local y de la Mercosur con San Lorenzo, donde también conquistó la Sudamericana 2002, febió marcar a excelentes futbolistas y de todos ellos queda una historia con Juan Román Riquelme: “Me tocó enfrentarlo un montón de veces, incluso cuando el Bambino lo ponía de carrilero por derecha. En diciembre de 2000 jugamos con Boca en La Bombonera, a los pocos días de que habían ganado la Intercontinental al Real Madrid. Nosotros teníamos un equipo duro y ese partido en particular fue muy peleado. Notaba que él estaba cansado y no rendía como siempre, quizá por el viaje. Lo tuve controlado hasta los 41 del segundo tiempo, cuando recibió una pelota a la altura de la medialuna y de golpe hizo un medio giro y le puso un pase filtrado a Palermo, lo dejó mano a mano con el arquero y chau, perdimos 1-0. Ahí terminé de entender la calidad que tienen ese tipo de jugadores”.

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