El lugar donde trabajan los artesanos de la naturaleza
ANDREA DE PASCALIS
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NEUQUÉN
Miles de árboles y plantas que hoy crecen en las plazas y calles de la ciudad tienen un origen muy cercano y hasta artesanal. Un gran porcentaje de ellos surgió del Vivero Municipal, un espacio ubicado en el oeste neuquino casi en el fin de la ciudad. Allí trabajan solo seis personas y producen al año unas 8 mil plantas entre árboles, arbustivos y plantas de interior.
Se trata de un predio de tres hectáreas que permite generar entre 2.500 y 3.000 árboles por año, y que luego de dos años de vida son ubicados en los espacios públicos y veredas de la ciudad. También cuenta con dos galpones, uno para la producción de árboles y otro para la de plantas de interior.
“Llegamos a generar unos tres mil árboles porque el espacio da para eso y no para más. Por eso tenemos que comprar el resto en viveros de Buenos Aires. La producción de este vivero es muy buena, pero para la ciudad no cubre las necesidades”, dijo Pablo Canziani, director de Espacios Verdes, quien consideró que aún faltan unos 25 mil árboles y que como la ciudad crece todo el tiempo siempre falta un poco más.
El proceso
El mismo árbol que se entrega a un vecino, a una comisión barrial o a una institución tuvo su origen en una semilla del Parque Central. Entre los meses de marzo y abril los empleados del vivero juntan en ese espacio público entre dos mil y tres mil semillas. Luego comienzan con el proceso de reproducción que dura dos años.
“Hay una primera etapa de siembra con sustratos y materia orgánica, de ahí el primer repique a un envase más chico, luego a otro y después de un año al suelo. Cuando llega al 1,80 o 2 metros se entrega a los vecinos”, resumió Juan Burgos, el encargado del vivero.
Ellos dan origen y cuidan del árbol durante los dos primeros años y luego son los guardianes silenciosos en las calles. Es ahí cuando encuentran que mucho de lo que entregan termina muriendo por la falta de cuidado y de agua.
“La persona que vienen al vivero a buscarlos es la que cuida. Pudimos comprobar que aproximadamente de las 2.500 plantas que damos el 60 por ciento brotó, lo demás se secó por falta de agua y mantenimiento”, relató Burgos, que desde hace seis años está a cargo del trabajo en el vivero.
Canziani contó que las ventajas de generar un árbol en la ciudad es que una vez que se trasplanta a una vereda o a una plaza, las posibilidades de sobrevivir son mucho mayores, ya que están adaptadas al clima y al suelo.
“Hay que concientizar a la gente de la función que cumple el árbol en la vereda. Una vez plantado, tiene su riego, podas correctivas. Acá las plantas se dan por pedido, no es que pueden llegar y llevarse uno. También nuestra función es asesorarlos y explicarles cómo plantarlos para que no levante las veredas y tengan problemas con las cañerías”, detalló Canziani.
“En la casa es mi mujer quien cuida las plantas”
NEUQUÉN
Abel Muñoz es el empleado más antiguo del vivero. Arrancó hace 18 años con un plan de la UOCRA, primero trabajó en una plaza y al poco tiempo pasó a ocuparse de mantener el exterior del vivero. Poco a poco fue aprendiendo y hoy es una de las personas encargadas de producir los casi 3 mil árboles que se plantan en las calles de la ciudad año a año.
“A mí al principio no me gustaban las plantas, ahora me encantan. Yo siembro, veo el árbol desde que nace hasta que tiene dos metros de altura y se lo llevan”, comentó Abel.
Dijo que siente mucha bronca cuando ve cómo, una vez que sus plantas están en la calle, mueren por la falta de cuidado: “Me indigno, me da bronca porque yo la veo nacer. Estuve dos años cuidando la plantita y en un segundo me la rompen”.
Recordó que hace unos años un jefe quiso tener y sembrar flores por todos los espacios verdes de la ciudad.
Un viernes fueron a una plaza y la llenaron de rosas, al martes siguiente volvieron a ver cómo se habían adaptado al lugar y no quedaba ni una sola. “Se habían robado todo. No estamos preparados para tener una buena plaza”, se lamentó.
Abel se siente en el vivero como en su casa, aunque confiesa que en la casa quien cuida las plantas es su mujer.
Conoce a la perfección qué es lo que tiene que hacer y muestra como cada uno de los espacios donde trabaja tiene una función clara.
Al recordar una anécdota, Abel comentó que “hubo una época en que había un ingeniero al que le gustaba la floración y trabajamos solo con eso, y había flores por todos lados. Hoy tenemos plantas de interior, árboles y arbustivas”.


