El monumento a San Martín: cómo surgió la idea y por qué se instaló en pleno centro

Es una réplica de la estatua que un artista francés creó en 1859. En el pueblo hubo un gran debate para decidir dónde se colocaría.

Por Mario Cippitelli - cippitellim@lmneuquen.com.ar

El tema en discusión era dónde instalarían el nuevo monumento. Y no era una cuestión sencilla. Habían surgido muchas opiniones de vecinos tratando de aportar ideas y encontrar un lugar ideal para que el pedestal con la estatua de José de San Martín fuera el mejor.

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Todos coincidían en que tenía que ser en la zona del centro y en un espacio que lo vieran todos los que transitaran por allí, pero no era fácil ponerse de acuerdo.

En 1954 la ciudad de Neuquén se preparaba para celebrar los 50 años de la fundación de la capital en la Confluencia y con ese número redondo era necesario incluir en los festejos la inauguración de una obra que les quedara a los vecinos para siempre. Pero no tenía que ser una obra cualquiera, sino algo que homenajeara a alguno de los próceres indiscutibles de la patria y que además se convirtiera en un ícono en el paisaje urbano del pueblo. Para eso, nada mejor que recordar la figura del General San Martín, tal como habían decidido las autoridades cuatro años antes.

La estatua del Libertador de América ya era conocida en el país y el mundo. Había sido creada por el escultor Louis Daumas a pedido del gobierno de Chile en 1859.

Se trataba de una obra tan imponente y tan bien lograda que al tiempo de haber sido inaugurada en el país trasandino, el gobierno de Argentina encargó una similar para instalar en Buenos Aires.

Daumas era un destacado escultor francés que se había especializado en estatuas de caballos. De allí que fue el artista elegido por los chilenos para llevar adelante esa obra. El proyecto era lograr un monumento del general montado en su corcel, como si estuviera dirigiendo una de las tantas batallas que protagonizó en su lucha por la independencia.

En Buenos Aires fue inaugurada en 1862 en la plaza San Martín (ex Retiro) y fue tan grande la impresión por la belleza de aquella estatua, que con el correr de los años varias provincias quisieron tener una réplica para instalar en las ciudades más importantes. Aquel pedido fue concedido a los neuquinos para que sea inaugurada en esa fecha tan especial: el cincuentenario de la capital.

Las autoridades tenían que hacerse cargo del pedestal que la sostuviera y –por supuesto- elegir el lugar adecuado. ¿Pero dónde?

Por aquel entonces la ciudad disponía de varios espacios públicos, teniendo en cuenta que la urbanización avanzaba de manera muy lenta. Neuquén era todavía la capital del territorio y recién al año siguiente el Congreso de la Nación aprobaría el proyecto de provincialización que se concretaría en 1958 con la elección de las primeras autoridades constitucionales.

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Si había algo que sobraba en el pueblo eran tierras, pero era necesario buscar el lugar preciso.

“Luego de meduloso análisis y de no menos reuniones de la Comisión Ejecutiva de Homenajes al Libertador General San Martín, se llegó a decidir por el mismo lugar que actualmente ocupa antiquísimo edificio de la Municipalidad de la ciudad, previo desplazamiento del mismo a terrenos previstos a tal objeto”, indica una publicación periodística del 15 de julio de 1950.

En efecto, el edificio de la Municipalidad al que se hacía referencia no era otro que el viejo Chateaux Gris, aquella construcción de madera levantada en 1904 para que fuera la sede de los gobiernos municipales. En realidad, el monumento sería colocado donde estaba el monolito fundacional y éste sería trasladado unos metros más al norte, en el espacio que dejaría el viejo edificio de madera.

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Cuatro años después de aquel debate y la elección del lugar, un grupo de obreros se puso a trabajar en el pedestal. Primero se removió el monolito y para sorpresa de todos, allí se encontró una caja de madera con papeles viejos que tenían como membrete “Gobernación del Neuquén”. Se trataba de documentos ilegibles que estaban junto a monedas viejas y otros objetos que, indudablemente, habían sido guardados por los pioneros que llegaron a la Confluencia en 1904.

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Maravillados por aquel tesoro escondido, los operarios informaron del hallazgo a las autoridades de gobierno que analizaron los escritos, pero no pudieron determinar de qué se trataba, debido a su deterioro por la humedad y el paso del tiempo. Siempre se sospechó que esa caja destartalada tenía en su interior el acta fundacional de la ciudad de Neuquén.

En ese lugar donde confluían dos de las cuatro diagonales y por donde pasaba la avenida más importante del pueblo finalmente se levantó el pedestal y se colocó la estatua.

El 12 de setiembre de 1954 toda la ciudad concurrió al centro para festejar el cincuentenario de la capital y ver cómo había quedado el flamante monumento. Unas 15.000 personas –según diarios de la época- quedaron maravilladas al ver la imponente figura del general San Martín sobre su caballo y su brazo en alto señalando hacia el horizonte.

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El pedestal había sido completamente cubierto por banderas argentinas y ofrendas florales para darle un aspecto más patriótico, aunque en el fondo, el objetivo de tanta ornamentación no era otro que cubrir un error de cálculo que hubo durante la construcción.

La enorme base había quedado con ladrillos a la vista y faltaba colocar el revestimiento de piedras blancas que tenía el proyecto original y que no se logró terminar aquel día por falta de tiempo.

El detalle pasó desapercibido y prácticamente nadie le prestó atención al problema porque la emoción era mucho más importante. Es que el pueblo había cumplido 50 años, el Padre de la Patria tenía su eterno homenaje y los neuquinos contarían de allí en más con un punto de referencia y encuentro único e inconfundible: en el centro, donde está el monumento a San Martín.

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