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La Mañana Walter

El multifacético músico que se le animó al cemento y al pincel en pandemia

El cantautor Walter Cuevas canalizó el dolor y el aburrimiento haciendo pallets y macetas que hoy vende como pan caliente.

¿Cuántas horas tienen los días de Walter Cuevas? ¿Cuántas vidas y vetas creativas seguirá descubriendo a su paso? ¿Cuántas aventuras y proyectos artísticos sacará de la galera así, con tanta naturalidad? Es que al hablar con él y descubrir su historia es imposible no preguntarse en cómo hizo y sigue haciendo para crear y pasar por tanto en sus jóvenes 50 años que lleva con envidiable disimulo, brillando con sus múltiples facetas.

Músico y poeta antes que nada. Productor de espectáculos, conductor radial, artista comprometido con causas sociales, padre, hijo, amigo, deportista y gran cocinero amateur que supo abrirse camino a los 18 años como maletero del Aeropuerto de Caviahue (sí, en Caviahue funcionaba un aeropuerto) y llegar a otras geografías como programador de vuelos cuando la aeronáutica no contaba con las facilidades de la era digital. Un buscavida que no se achicó para hacer los trabajos más diversos y que por aburrimiento y resiliencia no para de reinventarse.

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El dolor por la partida de su papá, René, (a quien muchos recuerdan por lo bello que era verlo bailar folklore con Hilda, la mamá de Walter, en algunas de sus presentaciones) y los tiempos de aislamiento por el coronavirus lo conectaron con la pintura: primero fueron los dibujos de lechuzas y colibríes, luego los pallets y ahora las macetas de cemento intervenidas que derivaron en una suerte de emprendimiento cuando sus conocidos lo obligaron a ponerle un precio a las creaciones que, con orgulloso, mostraba en las redes luego de experimentar en un rincón de su departamento, devenido en taller.

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"Empecé a pintar al poco tiempo que falleció mi papá, tuve una situación muy triste de no poder duelar y me empecé a refugiar, en un primer momento, en la joyería con la profesora Nora de los Santos, que es mi amiga. Eso me ayudó a bajar a tierra y en su taller empecé a ver muchas pinturas que ella hace. Tengo un banco pintado por ella, que me había regalado, y viéndolo dije: 'yo puedo pintar algo así, tan bonito'. Y me conseguí unos pallets que vi en la calle tirados y empecé a pintar uno para poner plantas, soy fanático de los cáctus y las suculentas", confesó Walter en diálogo con LMNeuquén.

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Contento con el objetivo cumplido, compartió unas fotos en las redes y la gente empezó a encargarle trabajos. "Llegó la pandemia y cuando tuvimos que estar mucho tiempo encerrados me compré diez pallets, comencé a intervenirlos y a vender. Una vez hice uno a medida y cuando fui a colocarlo, la chica que me lo había encargado me preguntó si restauraba muebles porque tenía un espejo y dos mesitas de luz de su abuela. Le dije: 'No, nunca'. 'Yo lo que necesito es sacarle el barniz y cambiarle la onda porque están muy oscuras y opacas', me dijo y me comprometí a probar con una mesita. En casa, la lijé, la madera quedó hermosa y le propuse hacer dos tonalidades de laca y logramos un trabajo hermosísimo. Si era por mi, intervenía con colores. Fue lo primero que se me vino a la cabeza, pero ella quería algo más tranquilo", contó, antes de relatar cómo de las maderas pasó al cemento.

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"Yo veía muchas macetas de cemento en los viveros que son muy bonitas, pero yo le esquivo un poco a la perfección de la forma porque me gusta más lo rústico. Entonces vi unos tutoriales en las redes y empecé a hacerlas experimentando con el fondo de las cajas de los tetra y empezaron a salir trabajos muy lindos y sólidos. Luego utilicé tuppers viejos, cajas de cartón y laburé un montón de formas. Lo que más me interesaba era intervenirlas. Hago macetas con relieves usando hojas de árboles y otras que, luego de pintarlas, les doy un fondo con un torno para que tengan volumen. Las que tienen frases me las encargó una amiga que es budista para regalar. No se me ocurrió a mí, me parecía algo difícil de hacer con pincel, pero lo hice. Tengo buen pulso y ahora tengo otros pedidos de ese tipo", comentó.

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"Así empezó a salir un producto que también se difundió en las redes y que hoy tiene una salida bastante interesante. No podría vivir de eso porque mi otro trabajo no me permite tener una gran producción", explicó el músico que desde hace quince años atiende y hace gestiones en una escribanía.

"Antes había hecho otras cosas pintando pero de manera más liviana, como para pasar el tiempo nomás. Tengo una etapa de chico en la que dibujé un montón, a los 13 o 14 años me encantaba regalar dibujos. Hace un tiempo tenía un programita -Brush- en mi celular donde dibujaba y hacía los afiches de mis presentaciones. De ahí transporté algunas ideas locas al pincel, que me conectó con la magia de pintar, algo que profundicé cuando arrancó la pandemia", señaló.

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"No quería estar todo el tiempo viendo televisión o tocando la guitarra. En ese momento no se podía ni hacer deportes", recordó. "Así que focalicé en los dibujos y en pintar. Hice muchas lechuzas y colibríes con una técnica que se llama Zentangle. Me pidieron muchos dibujos, incluso de Buenos Aires, San Martín de los Andes, Córdoba. Fue re loco, tuvo una llegada re linda y uno de mis colibríes participó de una muestra de música de cámara en Córdoba Capital de los hermanos Alejandra y Roberto Tortosa que se hizo en forma virtual en junio del año pasado", agregó.

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"Es importante aclarar que no me considero un artista plástico, simplemente soy un buceador de las artes plásticas a partir del aprendizaje empírico de andar mirando otras cosas. Yo soy músico, escritor y poeta, todo lo demás es experimento", subrayó Walter con humildad, más allá de reconocer su habilidad con las manos de la que tomó conciencia desde muy chico -dibujando y tocando la guitarra-, y la naturalidad con la que va canalizando sus ansias creativas, siempre con talento, estudio y observación meticulosa.

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"Yo siempre he sido un artesano de todo lo que hago, desde una canción hasta una poesía, relatos o cuentos que he escrito", postuló el también autor de los libros Más allá del viento, más acá del amor y Ellas. "Estoy acostumbrado a trabajar en los detalles, hago mucho laboratorio. No es que escribí una canción y quedó porque estaba linda y listo", advirtió, al tiempo que descartó la inspiración como su motor artístico. "La creación se practica todos los días, en cualquiera de las ramas que he curtido. La inspiración tiene más que ver con el mensaje de lo que lograste como obra. Más que sentirme inspirado, lo que me pasa a mi es que me siento seguro de que lo estoy haciendo, lo hago a conciencia y sabiendo que lo logré a prueba y error. No creo en las musas, las musas pueden traer la idea, pero la que plasma la idea es la práctica", argumentó.

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"Yo tengo como regla que cuando me aburro tengo que cambiar lo que vengo haciendo. Cambio y enseguida se me refresca la creación hacia otro lado y empiezo a explotar eso. Después puedo volver a lo anterior cuando ya lo dejé descansar", señaló el inquieto emprendedor y explicó que en los momentos en que la libido dispara para otro lado, toma pedidos pero con mayor plazo para la entrega.

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Fluir y aventurarse para vivir a pleno

Inquieto desde siempre, Walter nunca dudó en asumir riesgos y volcarse a un nuevo proyecto artístico o de vida. Tras una infancia signada por el folclore en Neuquén Capital, se cansó de los escenarios de las peñas y, luego de terminar la escuela técnica, a los 18 años, se fue a cambiar de aire a Caviahue, donde vivía su tío. Allí empezó a trabajar como repositor en el supermercado de Tito Moricone y a la semana ya oficiaba de maletero en el entonces Aeropuerto de esa localidad, al que arribaban cuatro vuelos semanales con contingentes de jubilados de Buenos Aires que iban a disfrutar de los baños termales de Copahue.

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"Venían en el avión de Austral, paraban en Neuquén y se subían a un avión chiquito de 18 pasajeros de Transportes Aéreos Neuquén Sociedad del Estado. Ahí recibía un montón de propinas porque además los acompañaba en transfer al hotel y descargaba las valijas ahí. Y a la noche me hacía otra changa, tocando la guitarra en algunas de sus cenas", recordó Walter sobre su andanzas a fines de los 80'.

"Ahí arrancó una carrera demencial -diría yo- con respecto a la aeronáutica porque mi jefe del Aeropuerto de Caviahue me vio condiciones y me llevó a trabajar al Aeropuerto de Neuquén donde pasé de ser maletero a estar en el Check in. Luego me absorbió la gerencia comercial y cuando nos privatizaron (nos compró una empresa brasilera), fui a trabajar a San Pablo donde estudié programación de tripulación que en esa época era todo a mano, sin computadora. Hice programaciones de hasta dos mil tripulantes. Trabajé en LAPA, VASP y SW y así devino un ser aeronáutico que después, por suerte, pudo zafar porque es un trabajo muy heavy", celebró.

Tras vivir un tiempo en Córdoba, el amor por una italiana lo llevó a dejar todo en el 2000 para apostar a Europa. Vivió medio año en Italia, donde pasó por el rubro de la construcción -colocando pisos y revestimientos- y por el de la alimentación, en una fábrica de chacinados artesanales. Tras unos meses en España, donde pintó casas, regresó de vacaciones a Neuquén y no quiso irse más.

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"Extrañaba mucho a mis hijos. Vine para visitarlos y cuando llegué, después de casi un año sin verlos, dije 'no me vuelvo a ir nunca más. Así que me separé y me quedé", contó antes de disparar: "Volví en octubre del 2001, cuack. Empecé de cero cuando todo se estaba prendiendo fuego".

"El primer trabajo que encontré fue limpiando los baños de un gimnasio de noche. Lo hice durante casi un año, después hice una changa cargando conteiners a mano en unas obras y fui cartero de Correo Argentino durante nueve meses, hasta que tuve un accidente en la bicicleta. Quedé inmovilizado por tres meses y conocí a una persona que me dio una mano muy grande y me contrató como data entry para la parte contable en una empresa de ingeniería mecánica. Ahí estuve tres años y medio. Luego fui asesor de la concejal Olga Fernández y de ahí pasé a la escribanía donde trabajo hace quince años ¿Te cansé?", remató entre risas, pasando por alto mil y un anécdotas.

"Todo eso, siempre con la música, el deporte, las producciones de espectáculos y mi paternidad que fue súper presente, por lo menos con Lautaro y Renata. La verdad es que no sé cómo hice, lo hice. Sé que se puede hacer y que yo tengo la energía para hacerlo, esa energía sigue estando en mi" aseguró.

Bucle, el proyecto que le regala la posibilidad de tocar con sus hijos

Aficionado a la música desde toda la vida, a los 7 años Walter ya estaba cantando en los escenarios de las peñas neuquinas, de la mano de su familia folclorista. Dio conciertos de guitarra clásica en la Escuela de Música, donde también estudio, y, tras un paréntesis adolescente, a los veintipico volvió a escena con el rock de Bufón del rey.

Luego llegó Moya-Cuevas, el dúo folclórico con Matías Moya que hasta tuvo su época de septeto y que se mantiene al día de hoy con veinte años de trayectoria. Walter también sacó un disco como solista -Solito y mi alma- y explotó su veta de cantautor con una fuerte impronta poética inspirada en la trova latinoamericana, faceta con la que recorrió distintos puntos del país.

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Actualmente sus energías están puestas en su inoxidable dúo y especialmente en Proyecto Bucle, que nació en diciembre de 2019 junto a su amigo Naldo Aguilar (bajo) y Juan Manuel Sánchez (percusión) y una vorágine de quince presentaciones antes del parate por la pandemia. Con la vuelta de la actividad cultural, la agrupación volvió al ruedo pero con el baterista Lautaro Cuevas, su hijo y guitarrista de Fractal, en lugar de Sánchez que dio un paso al costado por un problema de salud de un familiar.

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"Bucle es un cambio de sonoridad en mis canciones, pasé de la guitarra criolla a la eléctrica con una firme decisión de que tanto la música como la poesía vayan por fuera de lo que venía haciendo antes", sintetizó sobre este nuevo canal de expresión en el que también juega con la experimentación.

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"Siempre tenemos algún invitado para cantar y el que más me interesa que esté es Luca Bracco, mi otro hijo, con quien nos presentamos en Morrigan en abril. Tocar las canciones que hago minuciosamente con Lautaro nunca lo soñé, pero si es un deseo muy fuerte que nació en pandemia y se concretó como un regalo de la vida cuando llamé a Fabián Gallina para que me recomiende alguno de sus alumnos de batería y me dijo: 'tu hijo, tu hijo está tocando tremendo'. Esto es una causalidad de venir de curtiendo la música con él, desde otros lados. Algo lo causó esto y fue todo lo compartido desde chiquito", valoró.

"Y Luca, con el que tengo una relación que es muy corta, también mostró su veta compositiva desde la letrística y eso también fue otro regalo del universo. Es algo supremo, inexplicable, no se puede poner mucho en palabras la alegría que uno siente", celebró Walter, sin esconder el anhelo de compartir el escenario también con su hija Renata, que aún mantiene el perfil bajo, reservando para los íntimos su talento musical.

Por último, Walter recordó que el sábado 17 de julio a las 21 la banda en la que oficia de compositor, guitarrista y vocalista brindará un show en Morrigan junto a Nat Iba.

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