El Municipal no se saca el lastre del daño ambiental

Pese a las altas temperaturas, al balneario van pocos neuquinos.

Neuquén.- Hasta la década del 70 el balneario municipal (ahora Albino Cotro), elegido por los poco más de 40.000 neuquinos que vivían en la capital, era el preferido, porque el Río Grande, antes de la construcción de las cinco represas en el Limay, era un zona muy peligrosa donde el río pasaba en libertad de manera majestuosa sin que ninguna pared lo regulara.

Con el correr de los años, el tradicional balneario se fue relegando a un segundo plano. Habilitaron otros espacios, el Río Grande pasó a ser uno de los favoritos y aquel viejo refugio estival quedó como un lugar de esparcimiento más, pero no con la afluencia de visitantes que tuvo en su época de esplendor.

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Durante la última década, la sequía que obligó a las represas a “largar” menos agua, sumada la contaminación por el vertido de líquidos cloacales que obligó a su clausura temporal, dejaron al municipal en el último lugar de las preferencias.

Para esta temporada se informó sobre nuevas mediciones en la calidad de agua que le daban la categoría de “apto” para la recreación, las condiciones climáticas permitieron una mayor erogación por parte de las represas y el municipio dejó como nuevas sus instalaciones. Sin embargo, el balneario vive un presente solitario con apenas un puñado de bañistas que lo eligen por su tranquilidad, pero no por sus aguas. La mayoría prefiere pasar la tarde en el prolijo césped que tiene o comer un asado en la zona de parrillas, lugar que sí se llena de visitantes, especialmente los fines de semana.

“Nos parece un lugar maravilloso”, dice un hombre sentado a la sombra junto a su mujer. La pareja es oriunda de Tierra del Fuego y como tiene parientes en la capital neuquina, cada vez que vienen, siempre aprovechan las tardes en el Albino Cotro. Aseguran que están asombrados con la limpieza de las instalaciones. También se sorprenden por la vigilancia del lugar cuando ven un trío de policías que recorre todo el predio una y otra vez. Desconocen que las aguas estuvieron muy contaminadas.

A unos 30 metros de la pareja, Aníbal Clair, un guardavidas, pasa la tarde mirando el río, aunque prácticamente no hay gente en el lugar.

“No viene mucha gente a bañarse”, reconoce el trabajador, aunque sí asegura que de los que vienen, la mayoría lo hace por las instalaciones más que por la posibilidad de darse un chapuzón. Aunque el lugar parece demasiado tranquilo (en buena parte del balneario el agua llega a la cintura) hay sectores que son peligrosos. Aníbal señala particularmente dos que son de alto riesgo: un pozón aguas arriba, de dos metros de profundidad, y un remolino grande, cerca de la calle Linares, que tiene cinco metros.

Afortunadamente, una máquina pasó por la costa y logró limpiar toda la orilla de algas y juncos que habían crecido durante la sequía. La medida -aunque por pura coincidencia- estuvo acompañada de otra buena noticia: desde el martes la AIC comenzó a erogar más agua y el río retomó su movimiento y su acción autolimpiante.

Los días de semana, el balneario está prácticamente desierto. Suelen venir algunas parejas a tomar mate y algunos grupos de amigos al atardecer para programar algún asado. Los sábados y domingos está mucho más concurrido. Pero lo cierto es que el Albino Cotro está repuntando de a poco. Todavía está pagando los costos de la mala imagen que le quedó.

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Las parrillas y el césped, los lugares más elegidos

La histórica zona de parrillas que tiene el Albino Cotro (ex balneario municipal) es el sector que sigue convocando a familias y a jóvenes durante toda la temporada de verano.

Los frondosos árboles del predio regalan sombra suficiente como para garantizar un espacio fresco, especialmente durante los mediodías del fin de semana, cuando más gente concurre a pasar el día.

Si bien el espacio está prácticamente desierto, al atardecer comienza a poblarse de a poco por jóvenes que tienen pensado hacer algún asado o tomar unas cervezas.

“Siempre pasamos por acá cuando terminamos de trabajar”, reconoce un muchacho, mientras compartía con compañeros de trabajo uno sector de las parrillas cuando ya faltaba poco para que terminara la tarde.

El ambiente en el río es por lo general muy familiar, según confirmó el guardavidas que trabaja allí hasta las 21. Pero también asisten muchos jóvenes en busca de descanso y recreación.

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