El neuquino que hace cuatro años recorre América en moto

Patricio Moyano. Con 31 años y junto a su novia alemana, también viajera, emprendió la experiencia, la mayor parte del tiempo sin dinero.

A bordo de una Yamaha 125cc Ybr planea finalizar esta travesía recorriendo 40.000 kilómetros y 14 países.

La experiencia de viaje la volcó en el libro La magia sí existe, que se puede conseguir en la página web www.viajerico.com

Pablo Montanaro

montanarop@lmneuquen.com.ar

Neuquén.- “Quiero ser camionero”, respondía Patricio Moyano a los 8 años cuando su madre le preguntaba qué quería hacer cuando fuera grande. Su madre se agarraba la cabeza ante tajante respuesta porque su único hijo varón -tenía tres hermanas- fantaseaba con ir manejando en la ruta uno de esos enormes camiones, parando en cualquier lado para dormir.

Un día aquella fantasía se hizo realidad cuando Patricio tocó fondo. Después de terminar el secundario, por una cuestión de "herencia familiar" comenzó a vender autos y el "vacío existencial" se hizo cada vez más fuerte. "Nunca sabía qué quería estudiar, no sabía qué era lo mío. Vender autos me producía una frustración y no veía la forma de salir de eso", describe durante una visita a esta ciudad (ver aparte).

Un día largó la venta de autos y la posibilidad de enterrar la frustración a sus 27 años quedó más cerca cuando vio en Facebook la foto de una amiga cordobesa tomando sol, muy relajada, en una playa de Ecuador. Dice que ahí encontró su destino o, al menos, iba a intentar alcanzarlo.

En enero de 2012, Patricio puso en venta su Ford K y algunas otras cosas; dejó un colchón, un televisor y un equipo de música en la casa de sus padres y finalmente emprendió su anhelado viaje. "Primero me fui a Córdoba, recorrí el norte argentino, de ahí me fui a Bolivia con la idea de llegar a las playas del Caribe. Decidí hacer el itinerario por Bolivia, Perú y Ecuador porque era lo más barato", comenta, y agrega que en ese momento descubrió "ese sentimiento de libertad que andaba buscando hacía tiempo".

Lo único que le preocupaba era cuándo se le iba a terminar la plata. "Te preocupa tener que volver a tu casa por eso. Igualmente, yo no pensaba volver a mi casa ni tampoco quedarme en un país".

El crecimiento de un viajero llega a lo cultural y humano. Uno ve, analiza y critica las injusticias y diferencias sociales que sufre la humanidad".

Pero un día la plata se le acabó. En Medellín, Colombia, Patricio se quedó con apenas 40 dólares. Consiguió trabajo en un hostal cubriendo los francos de los empleados y le daban comida y alojamiento. En Colombia conoció a una chica que al poco tiempo le dijo que estaba embarazada, "lo cual me dio un pánico terrible porque yo quería una vida libre y ser padre era el fin de todo. Después descubrí que me había mentido, no estaba esperando un hijo mío".

Despejado el temor de ser padre, en mayo de 2013 Patricio dejó Medellín con el sueño de llegar al Caribe. Se deslumbró con un pueblito de la Guajira, cerca de Cartagena, llamado Palomino, donde no sólo consiguió trabajo en el bar de un hostal sino también conoció allí a María Böttcher, una alemana de 28 años que se desempeñaba como recepcionista y que venía de trabajar en Ecuador rescatando animales del mercado negro.

En Palomino, una amiga de María los contrató para que le buscaran un terreno frente al mar. Les compró una moto Yamaha 125cc Ybr para que la pareja le encontrara ese lugar soñado. Concluida la tarea, se quedaron con la moto, lo que les permitió continuar viaje hacia Panamá, donde para conseguir dinero vendieron tours en las playas, cuadros que ellos mismos pintaban y artesanías que hacían con madera.

Patricio considera que esa "inestabilidad" económica en la que vivían fue "lo que nos llevó a buscar adentro nuestro qué queríamos hacer realmente de nuestras vidas".

Cuenta que tardaron diez meses para llegar a México, donde vivieron en una playa nudista, recorrieron la península de Yucatán y cruzaron cientos de playas, ciudades y pueblitos.

En Nicaragua tuvieron la experiencia de convivir un mes con una comunidad indígena en las montañas del norte, en Matagalpa, donde la gente vive de la producción de sus tierras y en armonía total con la naturaleza. "El capital que nos trajimos de allí fue aprender que no se necesitan lujos para vivir, pero también a valorar aún más la vida que tenemos y el haber nacido en países con una historia todavía aceptable", explica.

Al igual que su novia, Patricio no piensa en el futuro sino en el objetivo, que es llegar con la moto a Neuquén. "Me fui de Neuquén por la costa oeste del continente, llegué a México DF y de ahí empezamos a bajar por la otra costa del Atlántico. Sería como dar la vuelta por Latinoamérica y cerrar un ciclo", se ilusiona.

A la hora de elegir un lugar, Patricio elige Palomino, donde conoció a su novia alemana, porque "es nuestro lugar en el mundo".

En la búsqueda de una pasión

Antes de regresar a Colombia, a fines de septiembre, para continuar con su viaje, Patricio Moyano volvió a Neuquén donde presentó su libro La magia sí existe en la Feria Internacional del Libro, donde relata el viaje emprendido en la búsqueda de encontrar su pasión en la vida.

"Una vez llegado a Cartagena, viajaremos hasta el puerto Francisco de Orellana en la selva ecuatoriana para subirnos con la moto a un barco y viajar por el río Amazonas hasta Belem Do Para, Brasil. Una vez en tierras brasileras, iremos bajando en la moto hasta Neuquén", explicó.

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