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El Papa le dio un respaldo fuerte a la causa mapuche

Aunque advirtió: "La violencia vuelve mentirosa la causa más justa".

Por Ana Laura Calducci - Catalina Arca

Enviadas especiales a Temuco

La misa del papa Francisco en el aeródromo Maquehue, en Temuco, tuvo una fuerte impronta de reconocimiento a las comunidades mapuches como pueblo preexistente de la región. Al hablar frente a unos 200 mil fieles, el sumo pontífice pidió “unidad” real, sin acuerdos que después no se cumplan ni violencia que se cobre vidas humanas.

La alusión al pueblo mapuche fue una marca distintiva de la ceremonia. Desde el saludo inicial, Francisco sorprendió al público con un “Mari mari” (buen día, en mapudungún), que cosechó un fuerte aplauso de la multitud.

“Generaciones de hombres y mujeres han amado y aman a este suelo con celosa gratitud. Y quiero detenerme y saludar de manera especial a los miembros del pueblo mapuche, así como también a los demás pueblos originarios que viven en estas tierras australes: rapanui, aymara, quechua y atacameños, y tantos otros”, pronunció el pontífice durante la ceremonia.

Luego, sin cambiar la mira de objetivo, recalcó: “No se puede pedir reconocimiento aniquilando al otro. La violencia llama a la violencia, la destrucción aumenta la fractura y separación. La violencia termina volviendo mentirosa la causa más justa”.

El Papa arribó a las 10 a la base aérea, donde miles de peregrinos lo esperaban desde la madrugada. El predio no estaba colmado, aunque la asistencia fue importante y el clima era festivo. Sólo empañó la jornada la asistencia a Maquehue del obispo de Osorno, Juan Barros, muy criticado por los fieles de la zona por encubrir durante años denuncias de abusos sexuales dentro de la Iglesia. El prelado, que fue increpado al ingresar, ya había causado revuelo por su participación en la misa del día anterior, en el parque O’Higgins de Santiago.

El Papa compartió parte de la ceremonia con autoridades religiosas mapuches y recalcó que la región de La Auracanía tiene “tristeza” por las injusticias que llevan siglos. Luego pidió un momento de silencio “ante tanto dolor”.

También se refirió al sitio que eligió para la misa. La base aérea fue un centro de detención y tortura durante la dictadura de Augusto Pinochet y por eso se generó una polémica días antes de la llegada del titular de la Iglesia católica a Chile. Francisco señaló que dar misa sobre ese suelo era parte de su mensaje y recordó: “En este aeródromo de Maquehue tuvieron lugar graves violaciones a los derechos humanos”.

En varias ocasiones, recalcó a sus fieles que se conviertan “en artesanos de la unidad” y que no confundan ese término con uniformidad. Agregó que se trata de “un don” que no puede “ser un simulacro ni de integración forzada ni de marginación naturalizada”.

Dijo que la unidad debe superar dos formas de violencia: la del que borra con el codo lo que escribe con la mano “que frustra la esperanza” y la del que busca el reconocimiento “aniquilando al otro”.

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Antes de retirarse, como es su estilo, se tomó unos minutos para conversar individualmente con algunos asistentes. Los fieles lo despidieron con miles de banderines en alto, antes de comenzar la larga peregrinación de vuelta a casa. En medio de la marea que flameaba con el color amarillo del Vaticano y el azul y rojo de Chile, se destacaban varias insignias multicolor con el símbolo del pueblo mapuche.

--> La previa de la misa comenzó en la fría madrugada

Apenas había pasado un minuto de la medianoche del miércoles cuando el operativo para recibir al Papa en Temuco comenzó. La Avenida Caupolicán fue bloqueada al tránsito y la peregrinación comenzaba a acercarse al aeródromo de Maquehue.

Bolsas de dormir, frazadas, sillitas plegables, algunas reposeras y algo caliente para pasar la noche fueron los elementos más repetidos entre las pertenencias transportadas por los participantes en la larga caminata que era necesaria para ingresar al predio.

Algunos llegaban en buses, como les dicen en el país trasandino a los colectivos, de todas partes de Chile; otros lo hacían de forma particular y buscaban el mejor estacionamiento en los alrededores del predio, como si tal cosa hubiese sido posible entre la multitud de vehículos que se concentraron para la ocasión.

Al bajar de los autos y colectivos, la procesión debía cruzar el puente del río Cautín y caminar seis kilómetros, hasta llegar al predio de la base aérea y luego ubicar la puerta asignada por la organización para llegar a la ubicación prevista para cada participante, que antes había tenido que solicitar una entrada gratuita al predio.

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En ese contexto, un playón de cemento o el pasto algo húmedo por el rocío de la madrugada servían para improvisar un campamento. Para amenizar la espera, algunos grupos católicos de rock y cumbias muy pegadizas animaron al público. La fría madrugada no opacó la celebración de la misa, que se realizó con sol a pleno, el mismo que invadió los rostros de los peregrinos al retirarse del lugar al mediodía.

La nota negra de la jornada fue aportada por la muerte instantánea de una mujer enferma del corazón.

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