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El paraje neuquino que podría desaparecer si entra el COVID

Rahueco está a 30 kilómetros de Chos Malal y todos sus habitantes tienen enfermedades preexistentes. Hasta hace 3 años no tenían conexión eléctrica y aún siguen sin red móvil. Conocé cómo viven.

Adonai Contreras a sus 68 años y en medio de la pandemia no se arrepiente de haber abandonado Neuquén capital para instalarse en Rahueco, un paraje del Norte neuquino. “Aunque sé que acá el virus podría hacer desaparecer la localidad”, dijo, tras explicar que todos los que viven son factores de riesgo.

“La raíces siempre tiran”, arrancó este jubilado que nació en este paraje donde hoy solo viven unas 20 personas. Salvo dos que están a algunos meses de cumplirlos, el resto son mayores a 65 años y todos arrastran alguna enfermedad preexistente: diabetes e hipertensión, la más diagnosticadas.

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Las ofertas laborales hicieron que de joven se mude a la capital para trabajar en la Casa de Gobierno. “Neuquén es un infierno. Elegí volverme y jamás me arrepentí. Acá vos podes dejar herramientas afuera y nadie te lo lleva porque el vecino ni le pone atención, no le dan bola”, aseguró.

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Tras haber vivido 18 años en la ciudad, Adonai continúo con la comparación de las dos formas de vida: “Acá no tenemos señal de teléfono, ni internet, pero tenemos tranquilidad que eso no tiene precio. Aunque debo reconocerte que la vida acá mejoró mucho cuando hace cuatro años hicieron que llegue la luz”.

Hasta el 2016, la vida de Adonai en Rahueco pareció de otro milenio y ejemplificó: “Mirá, yo al no tener heladera, lo que hacía cuando carneaba algún chivo, era meterlo en una bolsa y lo enterraba en el patio. Cuando lo iba a comer, lo sacaba y al fuego”.

Si bien esas vivencias fueron comunes en su infancia, su paso por la ciudad le hizo “valorar algunas cosas”. “Lo mismo que para ir a comprar. Ahora vamos acá a Chos Malal en camioneta que queda a 30 kilómetros, pero cuando yo era chico y vivíamos acá mismo, era más rápido ir a Chile que a Zapala, y lo hacíamos en burro”, dijo y, entre risas, añadió: “Y no solo eso, mi mamá cuando iba a comprar llevaba cinco gallinas, no existía el dinero. ¡Mirá vos cómo pasó el tiempo, eh!”.

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Entre su infancia y la actual vida, agreste con luz y demás elementos de ciudad, Adonai aseguró que no se puede “quejar”. “Si bien esto de la pandemia no está bueno por lo que nos puede pasar y que no nos podemos juntar con los vecinos, ahora no la estoy pasando mal. Tenemos salud, el paraje está bien y cumplimos con todas las medidas de seguridad”, añadió.

Es que la distancia entre casa y casa es kilometrica, y "ayuda con el distanciamiento". Desde el hogar de este jubilado a la siguiente "hay al menos 1.000 metros". "Además, acá no entre nadie que no viva. Si no es una localidad de paso, ni mucho menos, y hemos decididos todos juntos cuidarnos. Tomas siempre las precauciones", contó.

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Pero no solo eso. El aislamiento fue una cuestión de calendario para los habitantes. "Ahora podemos circular, pero hasta hace algunos años en invierno quedábamos casi 2 meses sin poder bajar a Chos Malal. Los caminos se congelaba y se hacía imposible llegar o movernos", explicó.

Ante la pregunta cuál es el elemento que más valora de la evolución del Rahueco, su respuesta fue rápida: “El baño”. “Cuando era chico no teníamos baño instalado y poco más había que ir en colectivo al inodoro”, río Adonai haciendo referencia a lo lejos que quedaba del resto de la casa.

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Antes de obtener su jubilación en Neuquén capital, había pedido el pase a Chos Malal y durante su quinta década de vida ya volvió a su tierra. “Trabajaba en chosma los cincos días de la semana y venía acá el fin de semana a hacerme la casa. La construí con mis manos”, describió.

Entre los sueldos que ahorró y la jubilación que le ingresó, fue comprando ladrillos y le alcanzó para terminar su hogar. “Acá soy feliz. La pandemia la vivimos cada vez que hacemos los 30 kilómetros para ir a comprar porque nos ponemos barbijo y nos cuidamos muchos. Sino, seguimos viviendo como si esto no pasara. Estamos seguro y nuestra vida no cambió, y espero que tampoco cambie. Espero que la muerte me agarre acá”, concluyó Adonai Contreras.

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