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El profesor ciego que no quiere dejar de enseñar

Germán Marconi solicitó al CPE un asistente para las tareas que debe realizar fuera del aula. Dice que ya no puede pagarle a su ayudante que trabaja con él hace siete años.

A Germán Marconi la diabetes le quitó la vista, un riñón y el páncreas, pero no las ganas de ejercer la profesión que ama: la docencia. Lo hace en el CPEM 12, donde es profesor de Economía. Tiene 52 años, hace 27 que quedó ciego (prefiere utilizar este adjetivo y no otro para definir su condición) y para desarrollar su tarea docente durante diez años contrató ayudantes que pagaba de su propio bolsillo. Entre las funciones del ayudante, Germán señala, entre otros, “la lectura de documentos y formularios propios del trabajo, subir materiales a la plataforma educativa que es totalmente inaccesible para personas ciegas, y la lectura o transcripción de las producciones que los alumnos entregan en papel o envían en imágenes”.

Por la difícil situación económica que atraviesa en la actualidad, Germán ya no puede seguir pagándole a su asistente sus honorarios por las diversas tareas de asistencia que viene realizando desde hace siete años. Por ello, a comienzos de marzo, peticionó al Consejo Provincial de Educación (CPE) la creación del cargo de “asistente personal con tareas de apoyo laboral”, con el objetivo de que sus alumnos y él puedan “seguir trabajando y aprendiendo juntos”.

El objetivo de Germán es “permitirme como persona con discapacidad, disponer de un apoyo esencial para mi tarea docente, que hasta ahora he pagado de mi sueldo”.

Actualmente, el docente, que ya se ha aplicado la primera dosis de la vacuna contra el coronavirus, no está dando clases en forma presencial ya que tiene una licencia por ser una persona con factores de riesgo.

Desde hace diez años, Marconi paga de su bolsillo a personas que lo ayudan a las tareas de asistencia para su trabajo como docente.

Germán cuenta que hace once años llegó a Neuquén desde su Tandil natal para dedicarse a la docencia en escuelas secundarias. Previo a su ingreso en el CPEM 12, se desempeñó en las aulas de la Escuela para Adultos (EPA) 8 de Centenario y en los CPEM 44 y 25 de Parque Industrial y Alta Barda, respectivamente. “Mi tarea ha sido siempre apoyada por mis compañeros y los propios estudiantes y sus familias, con quienes tengo una eterna deuda de gratitud”, explica. Agrega que sus limitaciones físicas no son un impedimento: nNunca fueron motivo para que mis alumnos no obtuvieran de mí lo que de cualquier otro docente, porque sus derechos a aprender están por encima de cualquier otra cuestión”.

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El docente señala que la presentación que realizó el 9 de marzo al CPE no solo tiene por objetivo lograr la posibilidad de contratar un asistente. “También abrir puertas para que las personas con discapacidad tengamos realmente los mismos derechos que todas las demás en el ámbito laboral docente y seguramente en muchos otros, derechos que están avalados por tratados internacionales que ha firmado nuestro país y por ello se ha obligado a respetar”, señala.

Aclara que el pedido es por un asistente personal “que no es el equivalente” a la figura de un ayudante de cátedra. “Yo no necesito la asistencia de otro docente dentro del aula”, asegura. Explica que el trabajo del asistente abarca desde “la lectura de evaluaciones de producciones de los alumnos hasta la búsqueda y lectura de materiales y temas para la preparación de las clases”. Además, de la transcripción de documentación y normativa “aplicables a mis tareas que son emitidas por el CPE y que están en formatos no accesibles -como PDF- para las personas ciegas”. Y pone como ejemplo la corrección de una evaluación. “A un profesor o profesora vidente le puede demandar 5 minutos, en cambio a mí me lleva 15 minutos o más”, sostiene.

A pesar de que es consciente de que esta petición llevará tiempo para su análisis por parte de las autoridades del CPE, Germán se muestra optimista. “No dudo de que el Consejo, como organismo del gobierno provincial, va a ser respetuoso de la ley y tratados internacionales y, sobre todo, porque esto afecta también el derecho de los alumnos de aprender”, dice.

Un docente frente a un nuevo desafío

Germán Marconi cuenta que en 1996 quedó ciego. Hasta ese momento había estudiado distintas carreras, como enología, y trabajado en distintas empresas, primero en Entel y luego cuando se privatizó en Telefónica, entre otras. “No quise ser diabético, me tocó, es común que uno no sepa que la diabetes te puede dejar ciego, y yo no lo sabía”, comenta. La enfermedad que terminó con su vista fue la retinopatía diabética.

A partir de entonces comenzó una etapa donde enfrentó numerosos desafíos y los superó. Entre otras cosas estudió el profesorado de Economía que logró terminar en cuatro años a pesar del trasplante de riñón al que se sometió durante la carrera.

El docente señala que “se puede hablar y escribir con suma facilidad sobre la inclusión, mejor aún sobre la accesibilidad. Pero a la hora de llevar a la realidad ideas tan básicas como el respeto por nuestros derechos como seres humanos, hay un abismo que nos segrega cada vez más”.

Por eso la petición que realizó al Consejo Provincial de Educación, más allá de su situación personal, tiene que ver “ que nadie, nunca, de ningún modo violente el superior interés de niñas, niños y adolescentes, ya que aquí está en juego particularmente el esencial derecho a aprender de las jóvenes generaciones”.

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