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La Mañana Escuelita

El recuerdo de una gran mujer

A Irma no le sobraba nada y mucho le faltaba, pero plantó la semilla de la solidaridad en el barrio Loteo Social.

Con una pelota de fútbol pero mucho amor por el otro, una mujer cobijó a un montón de chicos y chicas del oeste de la ciudad de Neuquén, y también a sus familias, que llegaban a su humilde casa del barrio Loteo Social. A Irma Noemí Ojeda no le sobraba nada y mucho le faltaba, sin embargo, junto con su compañero de vida -Carlos “Kali” Macedo- crearon una escuelita de fútbol que se transformó en un espacio de contención para alejar de los peligros de la calle a cientos de chicos de 5 a 18 años.

Irma murió hace unos días a los 34 años y fue una gran mujer que plantó la semilla de la solidaridad. Una vez, mientras preparaba la merienda, me confesó que la idea de armar una escuelita de fútbol surgió al ver a sus tres hijos y a los chicos del barrio deambulando por esas calles que forman un laberinto de tierra en la barda, sin contención y expuestos a los malos hábitos. Por eso los empezaron a convocar, a brindarles una taza de leche con facturas o galletitas que conseguía por donaciones de gente solidaria como ellos.

Esa escuelita de fútbol que llamaron Estrella Roja le cambió la vida a Irma porque “cuando uno comparte con otra gente, sabe que no es la única con problemas y comienza a tratar de ayudar a los demás”. “Es una buena manera de contenerse entre todos y salir adelante”, decía. Cada vez que veía a esos chicos y chicas correr detrás de una pelota o hacer ejercicios en ese potrero cubierto de tierra y piedras ubicado al fondo de la calle Moritán, Irma era feliz. Esos “hijos del corazón” y sus historias sin presente ni futuro le daban una lección: “Nosotros aprendimos a luchar por los demás para poder luchar por nosotros mismos”.