El rey del corte de pelo en siete minutos

Gustavo Daniel Lofeudo. Llegó a Neuquén hace más de 20 años y hoy es el peluquero de niños más conocido de la ciudad.

Asegura que debió perfeccionar su técnica porque los chicos no pueden permanecer quietos por más de unos minutos.

También es profesor en dos Cepaho, su ocupación preferida, que le permite capacitar a alumnos en gestión de oficios.

Andrea De Pascalis
depascalisa@lmneuquen.com.ar

Neuquén.- "Me gusta tanto la educación que me puse una peluquería para niños", disparó Gustavo Lofeudo, un docente apasionado que reparte sus días entre clases en los centros de formación profesional y sus horas de trabajo en la misma peluquería que desde hace 23 años atiende sobre la calle Belgrano, a pasos de Brown.

Desembarcó en la ciudad en 1993. Llegó desde La Plata, donde trabajaba de maestro en cárceles y escuelas para adultos. Su rutina empezaba a las siete y terminaba a las 22. Estaba cansado del trajín y buscaba modificarlo. Pisó la capital neuquina por casualidad, pero con un objetivo en la cabeza: cambiar el rumbo de su vida.

"Vine a pasear a Neuquén, había sólo una señora que cortaba el pelo y era un desastre", recordó. Volvió a La Plata y durante un año, cada sábado, se instalaba en una peluquería de chicos de esa ciudad para entender el oficio. Con algo de lo aprendido, vendió su casa, su auto y junto a su familia viajaron 1200 kilómetros para comenzar de cero.

Sin ayuda pero con muchas ideas en la cabeza, pasó sus primeros días caminando el centro neuquino. Recorrió una y otra vez las calles, estudió por dónde pasaba el colectivo, por dónde caminaba la gente y eligió el lugar: el mismo local que alquila hoy y que todos los que pasan lo reconocen por el dibujo de colores verde y amarillo que impone el nombre del comercio en su frente: Nahuelito.

Es llamativo cómo el tiempo sorprende. Vienen hijos que son idénticos a sus padres. Es como si vieras después de 20 años al mismo pibe".


Empezar y permanecer

Arrancó con 31 años y en su trabajo diario se fue perfeccionando. Se filmaba, tomaba nota y poco a poco adoptó su propia técnica. Hoy, con 54 años, corta el pelo de los chicos en menos de siete minutos y cree que es imposible lograr que se queden quietos en tan corto rato. "Los chicos nunca se van a quedar quietos. Ellos se mueven, yo me muevo", aseguró. Comentó que intentar distraerlos con juegos electrónicos u otras cosas similares es contraproducente.

Desde que empezó, nunca tuvo un ayudante y cree que nunca podría tenerlo: "Tengo muchos vicios como para tener alguien al lado. Cuando me jubile en educación, se acaba todo", dijo con mucha seguridad.

Además de ser el primer peluquero de niños de la capital neuquina, también es uno de los comerciantes más viejos de esa zona: "Creo que soy el que tiene más años por acá". Su permanencia y sencillez al atender no sólo lo hicieron el peluquero de niños con más fidelidad de la ciudad, sino que hoy sus viejos clientes de los primeros años de trabajo llevan a sus hijos a cortarse el pelo con él.
"Es llamativo cómo el tiempo sorprende, vienen hijos que son idénticos. Todo lo mismo: es como si vieras después de 20 años al mismo pibe, en el mismo lugar, haciendo lo mismo. Es increíble, no lo podés creer", reflexionó.

Aunque la técnica no cambió, lo que sí se modificó en todos estos años fueron las exigencias de los niños. Hoy son ellos los que deciden el corte y llegan a la peluquería con una foto en el celular del ídolo de fútbol o de algún personaje de la tele que es furor. "Si bien no te sale idéntico, porque no es el mismo cabello y no tenés los mismos productos, cortás con la imaginación de los chicos, que se sienten Beckham aunque sean morochos con el pelo duro", expresó.

Docencia

Cuando cierra la peluquería, Gustavo se pone el traje que más le gusta y da clases en dos Cepaho. Su materia es Gestión del Oficio. Se ocupa de capacitar a sus alumnos en cómo llevar a la práctica su oficio y vivir de lo que aprendieron. Asegura que su trabajo como docente es lo que más le gusta, porque cambia constantemente y porque le interesa que sus alumnos progresen: "Muchas veces esta misma mesa de la peluquería se convierte en espacio de consulta para mis alumnos. Me apasiona la formación profesional", confió.

Durante algunos años también fue miembro activo de ATEN y participó como secretario provincial de adultos en la gestión de Hugo Papalardo: "Leo todas las resoluciones del Consejo de Educación desde hace 14 años, hago una síntesis, la subo a internet", contó y reconoció su obsesión por el detalle en todo lo que hace.

Su pasión por la educación y el disfrute de su trabajo como peluquero se combinan todos los días. En su local no sólo se divierte cortando el cabello en menos de siete minutos a cientos de niños, sino que también disfruta de las charlas con los padres, con quienes asegura tener diálogos apasionantes, y se sorprende con los malabares que hacen para lograr que sus hijos acepten sentarse en la silla.

"Ser peluquero da un abanico interesante de temas. Hasta hice estadísticas con encuestas que hago a los clientes", recuerda el hombre, que aún se sorprende con el giro que tomó su vida desde que decidió ser peluquero en Neuquén.

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