El matadero de Centenario, ese que solía abastecer de carne durante décadas a la región, hoy está en ruinas y totalmente saqueado. En los meses de pandemia la Municipalidad lo desmanteló, casi en forma silenciosa, sin informar sobre las causas. Ahora, el viejo edificio quedó a la merced de saqueadores y delincuentes.
El fin del matadero en la pandemia viene asociado a una drama muy largo y diverso: la implementación de la barrera sanitaria en 2012, la construcción de más plantas en la provincia y un solapado desinterés por querer reactivar ese sector de la economía. ¿Cuál será ahora el destino de esas tierras fiscales donde se erigía el colosal edificio? Es la pregunta que aún no parece tener una respuesta, donde la atención en esta pandemia está puesta en otro lado.
“Vinieron de la Municipalidad y se llevaron todo, y lo demás, se lo fueron robando todo de a poco, ladrillos, azulejos, caños, de todo”, contó un vecino del barrio, sobre la planta de faena que supo ser el epicentro del trabajo para la comunidad de esa barriada.
El desmantelamiento de la planta de faena de Centenario comenzó a finales de mayo pasado, en un total hermetismo en el barrio Villa Obrera. Regían entonces las restricciones absolutas para circular y ni la Policía de Neuquén, ubicada a unos metros de ese lugar, pudo detener el saqueo. En plena pandemia se llevaron el tinglado, pisos, parte de los corrales, cámaras frigoríficas y hasta los ladrillos. Hoy el lugar está devastado, como si hubiese sido atacado después de una guerra.
"Acá vinieron de todos lados, en carretilla se llevaron todo, vinieron hasta funcionarios que nos dijeron que se llevaron la cosas a otro lado para que no se las roben, pero no sabemos adónde", añadió un joven en diálogo con LM Neuquén, quien hurgaba en los restos de material para poder venderlos a una chacarita.
El matadero municipal estuvo concesionado desde 1995 a la Cooperativa Agrícola Centenario, cuyo principal cliente era el Frigorífico SR (Sergio Rivas). Pero con el tiempo, desde la implementación de la barrera sanitaria y la habilitación de otros mataderos en la provincia de Neuquén, la cooperativa local empezó a transitar por un cono de sombras.
La crisis empezó fuerte en 2012, con el corrimiento de la barrera sanitaria. Antes de esa ese año la planta, que tenía permiso federal, faenaba unas 850 cabezas de vacunos por semana. Después, la faena bajó a unos 450 animales cada siete días. La actividad se recuperó de a poco, pero nunca llegó a las 1.800 cabezas, en la época en la que se podía traer carne con hueso desde La Pampa.
En su momento, un empresario que conoce bien el negocio de la carne describió la situación previa a la crisis final. “Esto viene enroscado por un tema político, una decisión sanitaria de un ministro de Agricultura de la Nación que duró tres meses, (Norberto Yahuar) cuando inaugura en Gobernador Costa, a 200 kilómetros de Esquel, un frigorífico de Cristóbal López”.
Durante la anterior gestión de gobierno municipal del ex intendente Esteban Cimolai hubo un intento de reactivar la planta de faena, ya que unos 40 trabajadores habían quedado en la calle. El gobierno provincial entregó un aporte de 6 millones de pesos, a través del ex ministro de Producción y Turismo, José Brillo. También la comuna le pagó parte del salario a los empelados e incluso los incorporó como parte de una cuadrilla de espacios verdes. Pero el matadero nunca se reactivó.
Antes, el la segunda gestión del actual intendente Javier Bertoldi, (aún funcionaba el matadero) hubo un fuerte reclamo de los matarifes para aumentar la faena en Centenario. Incluso, fue reconocido el "escrache" que hicieron los mismos trabajadores en marzo de 2013, durante una videoconferencia en la que estaban el intendente Bertoldi junto a la ex presienta Cristina Fernández en la inauguración de la Casa del Bicentenario de la localidad.
“El ministro de Agricultura no se llevó una buena impresión del matadero, porque mi idea era esa, charlar con ellos de ese tema, pero lamentablemente parece que los ruidos son más importantes de lo que lo que uno pueda gestionar y dialogar”, había dicho el feje comunal.
El matadero era un sitio de trabajo y que daba de comer a muchas familias. Hoy, después de 25 años y con la pandemia del coronavirus, es sólo un monumento a la desidia y al lamento.
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