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El vacío existencial y la angustia, síntomas que llevan cada vez más neuquinos al diván

La demanda continúa en aumento, tanto en el sector público como en el privado. La incidencia de la pandemia, la dramática situación socioeconómica y la incertidumbre.

Los psicólogos en Neuquén no dan abasto. Tanto en el sistema de salud privado como en el público la demanda de turnos no deja de incrementarse, al igual que las listas de espera.

Aunque muchos de los motivos que llevan a la consulta tienen que ver con cuestiones vinculares que no son nuevas, dos profesionales de la región han detectado síntomas propios de la actualidad relacionados a las consecuencias de la pandemia de coronavirus, la incertidumbre, la crisis socioeconómica y el acelerado ritmo de la vida, marcado por la inmediatez, la multiplicidad de mandatos y la hiperconexión a la tecnología y las redes sociales -que en algunos desatan una suerte de insatisfacción o frustración al mostrar una faceta "maquillada" de la realidad que no para de promover deseos difíciles de colmar-. A todo esto se suman los cambios de paradigma que sacuden las formas de existir ofreciendo una amplitud de opciones que en muchos casos generan confusión, ansiedad y angustia.

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Mientras en los hospitales públicos prevalecen pacientes con mayor grado de vulnerabilidad -socioeconómicamente hablando- que ponen al descubierto problemas que tienen que ver con necesidades básicas insatisfechas, en las terapias que se desarrollan en el ámbito privado predominan planteos existenciales, como distintivo de la época.

"Desde la pandemia yo noto que se incrementó la demanda y este año más. Todos los lunes recibo unos ocho llamados de personas que quieren empezar a hacer terapia", dijo -en diálogo con LMNeuquén- la psicóloga Florencia Coto (MP 625), esbozando una suerte de comparación con el clásico de quienes se proponen "ponerse las pilas" y empezar una dieta pasado el fin de semana.

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"Antes la temporada de alta demanda era septiembre/octubre", agregó al comentar que la concurrencia aumentaba en la primavera para hacer un reacomodamiento y sobrellevar de mejor manera el estrés y el cansancio que se suele acumular antes de finalizar el año. En contraste, remarcó que las vacaciones en el período estival ofrecían una suerte de paréntesis que ponía en pausa las terapias. Si bien aún no se sabe si esa tendencia se modificará este verano, la especialista manifestó que en lo que va del 2022 la demanda en su consultorio particular es constante y que los días grises del invierno inciden negativamente en los estados de ánimo.

Además de los tradicionales planteamientos por conflictos vinculares (con la familia, la pareja "porque -por ejemplo- no pueden lograr un grado mayor de compromiso o llegar a un acuerdo en la crianza de los hijos", o en el trabajo "porque le tienen miedo al jefe o están sobrepasados de tareas"), Coto destacó que en su consultorio se ve "mucha angustia, mucha ansiedad con dificultades en el registro y la asociación" y muchos miedos, a veces irracionales.

"Con todo esto de la urgencia, mucha gente no puede identificar qué le pasa. Eso suele suceder con los adolescentes, pero ahora eso lo noto también en los adultos que vienen y me dicen: 'No sé qué me pasa, pero me siento mal. Tengo todo: familia, trabajo, amigos y aún así me siento mal'", contó y agregó que muchos sienten culpables por ese sentir.

"Yo interpreto que es parte del sistema que nos hace creer que tenemos que estar todo el tiempo trabajando o ganar más plata para tener -por ejemplo- un mejor celular, viajar o salir para ser más felices", dijo al poner el foco en los "deber ser" que se activan por diferentes factores. "El sistema se recicla constantemente para hacernos más productivos. Hay como una exigencia para que trabajemos, vayamos al gimnasio, comamos sano, hagamos tal o cual cosa y muchas veces no podemos con todo. Ojo no está mal intentar hacer todo eso, pero hay algo ahí de mandato, del tener que hacer que es un montón, y puede generar estrés y frustración", advirtió.

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Por otro lado, la psicóloga enfatizó que "somos generaciones en tránsito entre un paradigma y otro" en cuestiones de género, vínculos, orientaciones sexuales, "y eso genera mucha angustia y confusión, a la hora de preguntarnos por nuestros propios deseos".

"Hay muchas cosas que están cambiando, pero también hay resistencias. Antes un trabajo era para toda la vida y lo tradicional era ir a una oficina de tal hora a tal hora. Ahora existe el homeoffice, muchos son emprendedores y manejan sus propios tiempos y sus objetivos sin jefes. El otro día salió una noticia de una chica que había renunciado al trabajo y le hicieron una torta para felicitarla. Antes seguramente le dirían: '¿cómo que renunciaste, qué vas a hacer ahora?'. Hay muchas mujeres que no saben si quieren tener hijos", planteó haciendo alusión a distintas situaciones que dan cuenta de un cambio de perspectiva.

"Que las cosas tengan que ver con las elecciones propias, angustia porque hoy en día hay más posibilidades que antes. Antes -por decirlo de manera simplificada- tenías que casarte, tener hijos y trabajar de 8 a 16 y jubilarte al cumplir tantos años. Hoy en día tenés tanta apertura que -quizás- no sos ni hombre ni mujer porque tenés la posibilidad de identificarte con otra identidad de género. Eso también atraviesa la consulta desde todos los lugares", sostuvo.

"La posibilidad de elegir, de decidir es angustiante porque a veces no sabemos qué queremos, ni con qué nos identificamos. Hay gente que tiene más recursos o posibilidades de implicarse y se banca más el no saber qué hacer y hacer su propia búsqueda. Hay personas que que no, que les cuesta, que quieren una respuesta ya, cerrada y la terapia no es eso. Implica un proceso de reflexión largo para encontrar tu propia respuesta, que no es la misma que para otra persona. Algunos me preguntan '¿qué hago?' y eso yo no lo puedo responder porque no hay un libro de recetas. Creo que eso tiene que ver un poco con lo que nos vende el sistema de 'si vos hacés esto, más esto, más esto, vas a estar bien'', postuló.

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"Ahora todo está muy rodeado del voluntarismo -como le digo yo- que tiene que ver con estas frases motivacionales que dicen 'sé feliz, vos podés'. Hay cosas que están buenísimas, pero hay un montón de cuestiones que nos habitan y que no controlamos. Vos podes poner mucha buena onda, pero te seguís sintiendo mal igual. Hay cuadros que se agravan porque la gente resiste lo que le pasa. Por eso, lo primero que hago con la mayoría de los pacientes es legitimar su sentir, dar lugar a su angustia", manifestó Coto, para luego remarcar que dicha técnica, además de llevar calma y generar confianza, disuade el problema de la culpa que muchas veces generan las emociones que no se pueden evitar por más que se hagan esfuerzos. "A partir de ahí podemos empezar a trabajar y ver concretamente qué podemos hacer con eso", agregó.

Una mirada complementaria: salir del ombligo

En sintonía, la psicóloga Julieta Consigli, jefa del Departamento de Salud Mental y Adicciones del Hospital Castro Rendón, coincidió en que el vacío existencial o la falta de sentido es un tema que atraviesa a varios sectores de la sociedad, más allá de que en el centro de salud donde trabaja la ayuda psicológica se destine a contener situaciones de gran vulnerabilidad ligadas a necesidades básicas insatisfechas.

No obstante, postuló que el tema de la falta de sentido "se puede pensar también, en términos de segmentos etarios". "Por ejemplo los millennials tienen esto del cambio de trabajo frecuente. No se ponen la camiseta de la empresa, sino que están un tiempo y luego se van a otro lado, a diferencia de los baby boomers que se quedan. Eso puede ser pertenencia y sentido, a diferencia del millennial que queda pataleando en el aire, como tratando de ir encontrando el lugar. Obviamente que estamos hablando de personas de clase media, clase media alta. En las capas bajas, no hay ningún planteo respecto a esto. Los planteos son de necesidades básicas de casa, trabajo, comida y seguridad", subrayó, antes de esbozar un lineamiento para encauzar el malestar por la falta de un horizonte, a partir de la pregunta que pone el foco en el "para qué".

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"A mi me parece que ayuda cuando tenés un propósito, algo que te permita levantar la mirada y ver lo que hay alrededor. A veces tiene que ver con acompañar a alguien a cruzar la calle, ir a un comedor a ayudar, cuidar tus plantas, por decir situaciones simples. Algo que te descentre, que te haga levantar la mirada del ombligo y ampliar el círculo. Eso da sentido", dijo y recordó los numerosos casos de personas que, ante la pérdida de un ser querido, se reinventaron participando o creando organizaciones para luchar contra el flagelo que originó ese dolor o perjuicio.

"Creo que si levantás la mirada, siempre vas a encontrar a alguien que necesita de tu mano y lleva a que uno diga: 'pensé que estaba ayudando y me di cuenta que terminé yo siendo ayudado'", señaló al tiempo que destacó - como contracara- la comparación con otros en detrimento propio y el juicio crítico como "una fuente asegurada de sufrimiento". "El camino es el amor propio, el mirarme amorosamente con la frente arriba. A una amiga no le diríamos las barbaridades que a veces nos decimos a nosotros mismos", añadió para luego recomendar la lectura de tres libros que tratan en profundidad y desde diferentes aristas el tema del vacío existencial: El hombre en busca de sentido, de Viktor Frank, La bailarina de Auschwitz: Una inspiradora historia de valentía y supervivencia, de Edith Eger y El laboratorio del alma, de Stella Maris Maruso.

La cruda realidad derivada del COVID y el caos socioeconómico

La atención psicológica en los hospitales de Neuquén Capital también está saturada. Día a día los equipos multidisciplinarios abordan situaciones de urgencia o evalúan la forma de contener a personas que llegan colapsadas y agotadas tras librar mil batallas derivadas de episodios de violencia o de las dificultades socioeconómicas que este año se profundizaron aún más con el exorbitante incremento del costo de vida.

"Actualmente tenemos cuatro internaciones en salud mental por cuestiones sociales: gente que no tiene trabajo, que no tiene casa, que no tiene familia de contención, alquileres que no se pueden pagar, personas que no llegan a cubrir la canasta de alimentos. Eso claramente influye en el psiquismo, en la emocionalidad, en el modo de pensar. El pensamiento en estos casos es más del tipo 'no salgo, no puedo, esto es difícil'", contó Consigli, antes de destacar como una característica de época, las asistencias por dramas derivados del coronavirus.

"La demanda es permanente en el hospital, pero en la postpandemia aumentaron muchísimo las consultas asociadas a situaciones de duelo, a pérdidas por COVID, familias que quedaron desarmadas por la muerte de uno o dos integrantes", planteó.

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A eso se le suman las secuelas propias del virus que generan un impacto en la salud mental. "Por ahí, por el COVID tuviste una afección pulmonar y eso hace que ya no tengas el mismo rendimiento físico que tenías antes. Hay gente que aún no recupera el olfato o el gusto. Ni hablar si tuvieron una internación prolongada y todo lo que implica la rehabilitación después", comentó.

"Fue mucho todo lo vivido durante la pandemia", dijo la psicóloga antes de recordar el pasaje de vivir encerrados "todos juntos", a las flexibilizaciones que llegaron de la mano de muchas separaciones, embarazos y desasosiego.

"Si no asumís incertidumbre como parte de la vida cotidiana, genera mucho estrés", advirtió. "El duelo es parte de la vida", recalcó antes de postular que muchas personas se quedan "tan agarradas al miedo a la muerte" que se olvidan de entregarse a la experiencia de una vida que valga la pena. De ahí que los especialistas trabajen habilidades que den lugar a la aceptación, al aprendizaje, a desplegar recursos para mejorar la situación y regular las emociones.

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"Ahora hay una palabra que está muy de moda: el 'mindfulness'. Tiene que ver con el desarrollo de una consciencia plena y la respiración consciente y todo lo que implique vivir en el presente. Un caldito para sufrimiento es irme al pasado o irme al futuro: lamentarme por todo lo que ya sucedió o todo lo que va a venir, aunque no sepa si va a suceder tal como me imagino; pero por las dudas me preocupo. Esa es una fuente de estrés. Pensar en lo que podría llegar a pasar, preocuparme por lo que aún no sucedió, tiene una correlación en las emociones y en la conducta. El secreto en este caso, es estar en el aquí y ahora, respirando con mis cinco sentidos que me conectan con el presente", aconsejó.

"Otra cosa que aumentó muchísimo son las situaciones de violencia. Estamos constantemente dando turnos protegidos, es decir, con prioridad; pero llega un momento que no podemos estar todo el tiempo así", lamentó poniendo el foco en las debilidades del sistema que no puede contener las consecuencias de una realidad social cada vez más devastada.

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"Las obras sociales no dan respuesta a la alta demanda que hay en salud mental", sostuvo al explicar la gran afluencia de personas al sistema público en el que la lista de espera para comenzar un tratamiento terapéutico puede tener una demora de tres semanas.

Cabe destacar que, salvo los casos de urgencia que se tratan en las guardias, la atención en los hospitales se realizan teniendo en cuenta el nivel de cercanía que tenga la persona con determinado centro de salud para facilitar la asistencia al consultorio. Dicha proximidad se estipula a partir del domicilio que figure en el DNI.

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