El verdulero que escribe poesía y rescata a los perros de la calle
Mario Cippitelli
Llegó a Neuquén en 1988 proveniente de Casilda, Santa Fe. Para ganarse la vida hizo de todo, hasta que decidió ser vendedor callejero.
De su imaginación no sólo brotan versos sino también letras de canciones que él mismo compone.
Muchos lo conocen por su trabajo para rescatar perros callejeros y buscarles un hogar. Sus más íntimos, por la vocación de poeta que tiene desde que era un chico; y los vecinos de Área Centro, por ser el verdulero que hace 15 años vende en un improvisado puesto ubicado en la esquina de Islas Malvinas y Entre Ríos de esta ciudad.
El personaje en cuestión se llama Hernán Troane, un santafesino de 43 años que llegó a Neuquén en 1988 tratando de encontrar un camino para vivir mejor, después de una infancia plagada de dificultades y penurias en su Casilda natal.
En Neuquén trabajó en distintos comercios hasta que decidió independizarse, aunque el trabajo fuera duro, como lo es el de vendedor callejero. Pero pese a las dificultades, Hernán formó una familia y se convirtió en un vecino más del centro, muy querido por la clientela que lo visita todos los días en horas de la mañana y le compra nueces, almendras, miel y frutas y verduras de estación.
Dice que en los ratos que le quedan libres, además de ocuparse en la causa de los perros callejeros, escribe. Lo hace sin haber estudiado más allá de algunos años en la secundaria, pero con la pasión e inspiración que le nacen cuando tiene la necesidad de expresar sus sentimientos. De su imaginación brotan versos y hasta letras de canciones que él mismo compone.
“Mis amigos me piden que les escriba poemas para sus novias y a mí me encanta hacerlo”, dice entusiasmado, mientras saluda a decenas de clientes que pasan por el lugar.
Sin ser músico, Hernán tararea melodías que le quedan grabadas en la mente. Y con las letras elegidas, va canturreando hasta llegar al producto final que increíblemente guarda en su memoria.
Tiene un total de 180 canciones, además de numerosos poemas que algún día le gustaría publicar. ¿Cuándo? No lo sabe. Le encantaría que alguien lo ayudara a editar un libro, especialmente uno que está escribiendo a modo de autografía, recordando todas las cosas que le tocaron vivir, las buenas y las malas. “Se va a llamar ‘Recuerdos de mi vida a mitad de camino’”, dice con una sonrisa. Y asegura que el objetivo es que sus hijos conozcan su pasado, más allá de las anécdotas que alguna vez les contó.
El verdulero-escritor reconoce que le gustaría aprender las técnicas para escribir mejor, pero que no cuenta con el tiempo suficiente para hacerlo. “Ya sé que nunca es tarde, me falta un poco de iniciativa”, asegura. En algún momento tal vez lo haga.
Además de su esposa y tres hijos, y muchos amigos que también le demandan tiempo, Hernán tiene otro costado sensible que descubrió casi sin darse cuenta: el de los animales abandonados.
Cierta vez construyó una casilla para un perro de una vecina que no tenía dónde refugiarse en los días de frío y a partir de esa experiencia, con un grupo de amantes de los animales pusieron en marcha una inédita campaña para fabricar cuchas con materiales que donaba la gente.
“Hicimos 400 casitas y las repartimos”, dice orgulloso. Todavía recuerda las entrevistas que le hicieron por aquella idea que pronto retomará. Lo asegura mientras acaricia a Diana, una perra que rescató de la calle y que lo acompaña al trabajo todos los días y que cuando está cansada duerme en el auto que estaciona al lado del puesto.
Diana es uno de los cuatro perros (y un gato) que Hernán tiene como mascotas, aunque en la actualidad cuenta con nueve animales que están en tránsito, a la espera de un nuevo hogar.
Junto con un grupo de colaboradores, Hernán suele ir al basural a rescatar cachorros que muchas veces dejan abandonados. Después de los primeros cuidados, comienzan las campañas a través de las redes sociales para encontrarles un dueño. “Hay mucha gente como yo que trabaja con los perros abandonados”, asegura, mientras que con mucha paciencia pela y empaca almendras para futuros compradores.
Antes de las 14, como todos los días, Hernán comienza a levantar el puesto de ventas para descansar un poco. En sus ratos libres se preocupará de la noble causa de los perros callejeros. Y cuando tenga la inspiración suficiente, sacará un cuaderno, una birome y volcará en el papel todos los versos que se le ocurran.
Convocatoria para donar alimentos
Con los primeros fríos del otoño, Hernán y un gran grupo de amantes de los animales preparan una nueva campaña para que los vecinos de Neuquén donen materiales para fabricar cuchas y alimento para perros para mantenerlos en tránsito hasta que puedan ser adoptados. “Aceptamos todo tipo de donaciones, pero preferimos que no sea dinero sino materiales y alimentos”, asegura.
Los interesados en colaborar pueden comunicarse a través de la página de Facebook Perritos Sin Hogar o al (0299) 154380872.
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