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El violador de nenas del trueque

El paraguayo López, captaba niñas a las que les ofrecía mostrarles "unos conejitos" y luego las abusaba. Cayó en octubre de 2008 tras violar a una pequeña de 7 años en la vieja cancha de Independiente. Solo fue a juicio por uno de los tres ataques.

El paraguayo López permanece en la memoria de muchos policías y funcionarios judiciales por su modus operandi y el aberrante abuso que concretó la mañana de un sábado de octubre de 2008, tras captar en los juegos del Parque Central a la hija de un matrimonio de bolivianos que tenían un puesto en la feria del trueque en la Vuelta de Obligado.

El agresor sexual tenía un parecido con el “ángel de la muerte”, Robledo Puch. Su ADN y el brutal testimonio de la pequeña de 7 años en cámara Gesell lo cercaron, por lo que terminó admitiendo su responsabilidad.

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Solo le dieron ocho años de prisión. En la actualidad está en libertad. Supuestamente, su ADN se encuentra en el registro de delincuentes sexuales de la provincia, conformado por unas 50 muestras.

A trocar se ha dicho

La crisis de 2001, que concluyó con un estallido social en diciembre y la Casa Rosada convertida en una puerta vaivén por donde entraba un presidente y salía otro, obligó a retomar, a lo largo y a lo ancho del país, viejas costumbres comerciales como el trueque. Es decir, intercambiar bienes propios a cambio de otros. Una economía precaria en la cual hasta se llegaba a cambiar ropa de vestir y mano de obra por alimentos.

Neuquén no quedó exento de la crisis y en la Vuelta del Obligado se habilitó la feria del trueque.

El Bajo, que tenía y tiene una zona comercial muy concurrida, a principios de siglo también albergaba la terminal y con la crisis sumó el trueque.

Los sábados el Bajo explotaba, era un mundillo que superaba cualquier tipo de control.

En la feria de la Vuelta de Obligado muchos ofrecían frutas y verduras, otros pan y derivados de la harina que preparaban en sus casas, y había intercambio de prendas y demás.

Llegó un punto donde se generó una suerte de moneda corriente solo para la feria que servía de elemento de pago para trocar por otros productos.

La feria era una zona liberada a las necesidades. La delincuencia, siempre rápida de reflejos, también lo advirtió y desembarcó en ese espacio, ya que era el lugar perfecto para reducir elementos robados.

La falta de controles permitió este mercado paralelo, y la Policía supo desarticular varios puestos y detener a reducidores.

La dinámica de los puesteros era bastante sencilla. Acudían a primera hora del día para armar el puesto. Muchos lo hacían en familia, por no tener dónde dejar a los chicos o porque sus hijos e hijas pequeños les daban una mano a la hora de cobrar o atender, como sucedía con los chacareros bolivianos.

La feria traccionaba gente desde las 8 hasta las 15, y luego la Vuelta de Obligado quedaba convertida en un basural a cielo abierto, por lo cual hubo infinidad de quejas de vecinos y comerciantes del Bajo que también salieron a reclamar porque ellos tributaban y los feriantes no.

El gran movimiento que generaba el trueque llevó a que el Parque Central, especialmente la zona de juegos que está cerca del cenotafio, se plagara de niños, hijos de feriantes, que pasaban largas horas deambulando y esperando que sus papás terminaran la jornada comercial.

Es cierto que había otro dejo de confianza por esos años, y la figura de un agresor sexual suelto o de robo de niños no era algo que preocupara demasiado a los neuquinos. Conseguir el pan para mantener a la familia, es decir sobrevivir, era la principal ocupación de los feriantes.

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“¿Querés ver conejitos?”

Con tantos chicos dando vueltas por el Bajo, el paraguayo López aprovechó para llevar adelante la captación.

Pese a sus 39 años, “su aspecto era joven, con cara aniñada, de tez blanca y cabellos rubios ondulados”, confió un integrante de la investigación.

“Me hizo acordar a Robledo Puch cuando lo vi. La foto tradicional de cuando lo van trasladando y está con esos rulos y cara de nene”, describió uno de los tantos funcionarios que lo tuvo sentado de frente.

“Su apariencia lo ayudó para generar confianza en las nenas. No era la imagen de tipo duro que podría despertar una alerta a simple vista”, agregó un experto a LMN.

A las 10 de la mañana del sábado 11 de octubre de 2008, el paraguayo López estaba a unos 10 metros de la zona de juegos acechando y seleccionando a su presa.

Cuando la elección estuvo definida, recurrió a un ardid que ya sabía que funcionaba y atacó.

“Se acercó a una niña, que estaba en los juegos, cerca del monumento a los caídos en Malvinas, a la que le propuso ir a ver conejitos, pero su prima se interpuso y le dijo que no fuera con desconocidos”, reveló la sentencia.

A López, la pequeña entrometida le había arruinado la embestida a su víctima, por lo que la tomó a ella por la fuerza, le tapó la boca y se la llevó.

Los chicos que vieron la escena regresaron corriendo, alrededor de unos 60 metros, hasta el puesto que tenían los padres de la pequeña de 7 años y a los gritos contaron que un hombre se la había llevado.

De inmediato, se avisó al coordinador del predio y varios se lanzaron a la búsqueda.

En el camino dieron cuenta de la situación a dos policías que también emprendieron la cacería del raptor, pero hasta ese momento nadie conocía o suponía las intenciones.

“En el lugar, muchos corrían a la deriva. Algunos salieron de sus puestos para buscar a sus hijos y otros en busca de la niña”, detalló otro pesquisa.

En ese vértigo fue que los policías siguieron las vías del tren mientras por radio se daban los datos para que acudieran móviles en apoyo.

Casi una hora después de la desaparición, los policías llegaron corriendo hasta el club Independiente, ubicado en Perito Moreno y Winter.

Allí, encontraron a la niña en el suelo, semidesnuda y llorando. Pese a todo lo sufrido, alcanzó a advertirles a los policías: “Se acaba de ir por allá”.

Uno se quedó en el lugar protegiendo a la niña, mientras otros dos uniformados continuaron a lo largo de un par de cuadras hasta que finalmente lograron ver a lo lejos cómo el agresor se escondía debajo de un auto estacionado.

El paraguayo López recurrió a su memoria cinéfila para ocultarse, pero no le dio resultados.

“El Gato, el policía que lo sacó de abajo del auto, le metió un terrible trompada. Después, averiguando, se supo que ese policía tenía una hija de la misma edad. El hecho lo sacó”, confió una fuente judicial.

La niña fue asistida de inmediato y derivada al hospital regional, mientras a López lo trasladaban detenido a la Comisaría Segunda.

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¿Quién era López?

De acuerdo con la investigación, López nació el 18 de septiembre de 1969 en Asunción de Paraguay. Era el mayor de sus tres hermanos.

Cuando tenía 5 años, la familia se trasladó a Resistencia, Chaco. Allí, la violencia sistemática que ejercía su padre hacia su mamá terminó por fracturar la relación.

La mujer, con sus hijos a cargo, partió a Buenos Aires, donde sostuvo y educó a sus hijos mientras trabajaba como empleada doméstica.

López, al igual que sus hermanos, tuvieron escolaridad primaria. Él incluso terminó la secundaria y emprendió la carrera de arquitectura, pero las dificultades económicas se hicieron sentir en el seno familiar, por lo que abandonó los estudios y se puso a trabajar.

A los 19 años ingresó al sector gastronómico y durante 13 años trabajó en distintas pizzerías de Buenos Aires. Luego, tal vez agotado del rubro, pasó a realizar el mantenimiento durante cuatro años de una quinta de El Jagüel, en provincia de Buenos Aires.

Finalmente, en 2006 y con 37 años, arribó a Neuquén con la expectativa de trabajar con su cuñado, el esposo de su hermana menor, que ya estaba radicado en la ciudad desde hacía varios años. Aprendió el oficio de gráfico y hasta el momento de su detención tenía trabajo.

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Detenido

Los policías de la Comisaría Segunda, mientras estaba detenido, le dieron una tremenda golpiza.

Cuando fue a declarar ante el juez de Instrucción, Marcelo Benavidez, estaba tan golpeado que no podía subir las escaleras del juzgado.

“Se tuvo que pedir que el médico forense lo examinara para determinar si estaba en condiciones de ser derivado a unidades de detención. Fue muy cobarde la golpiza que le dieron. Uno entiende la bronca, pero pegarle a un detenido es convertirse en delincuente", confió un funcionario judicial que trabajó en el caso.

Pericias y horror

La niña fue derivada del club Independiente hasta el hospital Castro Rendón, donde se constataron las lesiones. Hubo un abuso sexual con acceso carnal y los forenses pudieron levantar del cancán de la pequeña restos de fluido seminal que luego, con las pericias de ADN, se confirmó que correspondían a López.

A la nena la enviaron a su casa con sus padres para que se repusiera de la traumática situación que había experimentado y, un par de días después, fue entrevistada en cámara Gesell por una psicóloga.

El relato de la pequeña no solo fue coherente y veraz, sino también muy detallado, a tal punto que quedó en evidencia el horror que había atravesado y así lo entendieron los jueces Alejandro Cabral, Luis María Fernández y Mario Rodríguez Gómez.

“La chiquita estaba acostumbrada a darle una mano a la mamá en el puesto, así que sabía leer y sumar. Tenía una capacidad intelectual muy lúcida”, detalló otra fuente consultada por este medio.

De su relato, se da cuenta que tras raptarla del Parque Central López la llevó hasta el club Independiente y la metió en una casilla donde estaba la bomba de agua con la que se regaba la cancha de fútbol. Allí, le quitó la ropa, “la amenazó de muerte, la golpeó y luego la tomó del cuello con fuerza para violarla”, describieron en la sentencia.

Entre uno de los agravantes, se observa el sadismo y la perversidad de López. “Después de violarla, la obligó a hacerle sexo oral con la finalidad de que le quedara limpio el pene mientras él defecaba”, confió la fuente.

Otras dos víctimas

Cuando todos estos detalles surgieron en la cámara Gesell, personal del equipo que trabajaba en Atención a la Víctima alertó a los investigadores de que tenían dos casos previos con la misma modalidad de captación.

La fiscal de Graves Atentados contra las Personas, Sandra González Taboada, al tomar conocimiento de los casos anteriores, buscó a las víctimas.

“Las niñas eran de edad similar a la última nena, pero los hechos habían ocurrido entre 2006 y 2007. También eran chiquitas cuyas madres tenían puesto en la feria del trueque. Las niñas brindaron detalles muy similares al personal de Atención a la Víctima, pero no pudieron identificarlo en la rueda de reconocimiento porque el tipo se había dejado la barba y, además, no es raro que tras semejante trauma esos recuerdos se nublen”, detalló un investigador.

Lo cierto es que el juez Benavidez no encontró demasiados elementos para sumar esos dos casos al que le quemaba en ese momento en las manos, por lo que decidió avanzar sobre seguro con lo que se podía probar y así fue que procesaron a López a fines de octubre de 2008 y le dictaron la prisión preventiva. Permaneció detenido en la U12, conocida en esos años como la cárcel de los violadores.

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Sadismo y perversión

López tenía problemas de consumo de cocaína, marihuana, psicofármacos y alcohol en exceso. Él, de acuerdo con los informes forenses presentados en juicio, presentaba un rasgo narcisista suficientemente relevante como para dominar las percepciones del mundo y su relación con el contexto.

Esto traía aparejado un balance desequilibrado entre su punto de vista y el de los demás. Es decir, tenía una imagen suya distorsionada respecto de lo que la gente veía en él. La inseguridad que le generaba lo llevaba a querer reafirmar su imagen y, de no lograr la aceptación esperada, su mundo podía transformarse en una frustración que acarreaba dichos consumos.

Los especialistas entienden que en los dos primeros casos, donde captó con el mismo método, se trató de pruebas de ensayo-error, porque en ninguno llegó a violar. Finalmente, ajustó su accionar hasta que logró su cometido, aunque en esta ocasión lo atraparon.

El sadismo y la perversión desplegados en el último hecho, más las pruebas abrumadoras que había en su contra, cercaron a López de tal forma que asumió la responsabilidad.

El defensor oficial Miguel Valero justificó, con estas palabras en el juicio, por qué había que darle una pena baja: “No hay ningún elemento que lleve a agravar la condena. El daño sufrido por la menor felizmente no ha excedido mas allá de la lesión física que señala la pericia médica. Pocos días después de haber sufrido el hecho, vemos felizmente que en la niña no ha quedado ningún registro importante del punto de vista anímico en su psiquis; pese a haber revivido (en cámara Gesell) el hecho que la perjudica, en ningún momento surge angustia alguna”.

El defensor pretendía una pena de 6 años y medio de prisión para el paraguayo López.

Los jueces resolvieron, el 7 de abril de 2010, condenarlo por abuso sexual con acceso carnal a 8 años de prisión. Ya contaba con una pena condicional, previa, de dos años también por abuso.

Durante su estadía en la cárcel, como casi todos los delincuentes sexuales, López se dedicó a hacer buena conducta. Nunca recibió tratamiento, como pasa con la mayoría de los presos durante su paso por la prisión.

El 15 de abril de 2016 fue trasladado a la Unidad Penal 28 de Buenos Aires, dependiente del Servicio Penitenciario Federal, donde terminó de cumplir condena en octubre de 2019.

No hay certezas que indiquen que su ADN está en el registro de violadores, aunque algunas fuentes revelaron que estaría entre los 50 depredadores sexuales que integran el registro neuquino.

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