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La Mañana casa de té

El vivero-casa de té que nació por una visión de reiki y la decisión de dejar el petróleo

María José Colaneri contó la historia de Green House, una propuesta diferente para hacer una pausa y conectar con la naturaleza.

Más allá de la crisis económica que azota al país y los coletazos de la pandemia de coronavirus, Neuquén sigue sorprendiendo como escenario de propuestas novedosas y tierra de oportunidades para aquellos que se animan a jugarse por un sueño y una mejor calidad de vida, a partir de un emprendimiento propio. Tal es el caso de Green House, un coqueto y tranquilo Vivero-Casa de té, emplazado en la calle Rincón Florido del barrio Las Magnolias, a una cuadra de la ex reserva Luan.

Se trata de un paraíso oculto, repleto de plantas, ideal para hacer una pausa, disfrutar de una charla, mimarse con algo rico y conectar con la naturaleza bajo la apacible sombra de los árboles que abrazan el predio, haciendo de él un refugio en días de viento.

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Aunque Green House abrió sus puertas hace tan solo tres meses, trae consigo una historia familiar de esfuerzos, apuestas, algunos malos tragos, renuncias y hasta señales de reiki.

Hace tres años atrás, un robo marcó para siempre a la familia ensamblada que construyeron María José Colaneri y Mario Macaya. Un día, mientras él se dedicaba al transporte en la industria del petróleo, ella cerró las puertas de Almacén de plantas (un pequeño vivero que había inaugurado hacía un año sobre Luis Beltrán, a media cuadra de Jumbo) y se dirigió con dos de sus hijos a su casa donde fue sorprendida por un grupo de asaltantes.

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"Me habían seguido para robarme. No sé si me entregaron o no, pero pasé una situación muy fea. Cuando llegué, me encontré con dos tipos dentro de mi casa y otros dos me estaban siguiendo. Yo estaba con una de mis hijas que en ese entonces tenía 10 años y Bruno, que era bebé", recordó Majo antes de agradecer haberse puesto firme con su hija para que la acompañara a trabajar y no se quedara sola en la vivienda.

"Como nos robaron y no nos estaba yendo como nosotros esperábamos, cerré el local. Yo quería además estar con mis hijos. Así que me llevé las plantas a casa, las acomodé en el parque y como quedó tan lindo, la gente se paraba a mirar o a preguntar. Empecé a vender lo que me quedaba y nunca más terminé", señaló.

Así nació una segunda versión de Almacén de plantas, que hoy mantiene en la calle Casilda 328, cerca del Estadio Ruca Che. El negocio tuvo un crecimiento tremendo durante la pandemia de coronavirus, dando lugar a Green House.

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"Mi casa estaba atrás y el vivero adelante. Para comprar tenías que tocar el timbre y yo veía si pasaban o no. Cuando Mario dejó de trabajar, abrimos el portón", dijo haciendo alusión a la suspensión que tuvo que afrontar su pareja debido a la merma en la actividad petrolera, una vez desatada la pandemia. "Yo me sentía más segura porque él estaba en casa", comentó antes de referirse al crecimiento exponencial que tuvo su negocio antes y después de que flexibilizaron las restricciones por el COVID.

"Almacén de Plantas nació en Luis Beltrán, pero explotó en Casilda 328. Yo no le tenía fe porque es una calle cerrada de una sola mano. Con la pandemia el vivero se activó a full, vendimos como nunca en la vida. La clientela de un vivero por lo general son personas mayores, pero eso cambió con el coronavirus. Mucha gente se abocó a las plantas porque, como no podían salir, querían rodearse de verde", sostuvo Majo, tratando de darle una explicación al fenómeno.

"Cuando cerraron todos los negocios, nosotros hicimos delivery. Viajamos a Buenos Aires a comprar plantas con los permisos junto a Bruno", dijo en referencia al pequeño de cuatro años que viene sumando kilómetros de ruta, anécdotas, aromas y conocimiento en materia de plantas.

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"Cuando se flexibilizó un poco, cada vez más gente nos tocaba el timbre. Llegó un momento en que hacían fila para comprar, ahí nos animamos a ir por Green House, que en verdad surgió porque nuestras clientas nos pedían un lugar para sentarse. Yo puse unos banquitos, pero luego nos decían: '¿Cuándo nos van a traer el té?'. Así empezamos con este sueño. En plena pandemia, cuando estaba todo mal, dijimos: 'lo vamos a hacer'", sentenció con orgullo.

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La tarea no fue fácil e implicó hacer varios movimientos arriesgados. Mario decidió dejar su empleo para acompañar a Majo en su "locura" y no perderse el día a día de Bruno. Sacaron un crédito y se pudieron manos a la obra. "Todo con mucho esfuerzo. Nosotros alquilamos, tanto acá como en Casilda. Todavía no tenemos casa propia", advirtió.

"Cuando vimos esta casa publicada, dijimos: 'Este es el lugar'. Nos encantó", exclamó. Aunque la casa "estaba bastante descuidada", ellos vieron el potencial. Junto a otros miembros de la familia la acondicionaron, trabajaron en el jardín, instalaron un invernadero y diseñaron el espacio con un estilo rústico y amigable para recibir a los visitantes.

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Además de ponerse al frente de las tareas de refacción, Mario desempolvó los conocimientos en gastronomía que había adquirido años atrás en Bariloche y colaboró con la organización de la casa de té, que ofrece desayunos y meriendas con tortas y diferentes propuestas de pastelería, además de completar la carta tentempiés salados, como pizzetas y tostados.

El por qué de las plantas

El capítulo que faltaba en la historia de Majo, es su conexión con las plantas, que se dio casi de casualidad. O no. "Yo soy auxiliar de maestra jardinera. En Neuquén me conocen bastante porque animaba eventos infantiles, incluso en empresas. El rubro de las plantas me llegó de una manera muy loca. Hace unos años, mi hija Eluney fue a una sesión de reiki y le dijeron: 'Te veo con tu mamá con tierra'", contó Majo. Pese a que en un primer momento la idea le resultó descabellada, prendió en su interior a tal punto que al tiempo estaba abriendo Almacén de plantas en el barrio San Lorenzo.

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"Ese vivero surgió por un tema económico. Yo soy mamá de tres hijos de mi primer matrimonio y cuando tuve a Bruno dejé los eventos porque ya no podía. Así que empecé a hacer kokedamas, arreglos de plantas, los publicaba en las redes sociales, hasta que abrí las puertas del vivero", sintetizó.

"Las plantas nos conectaron con otro mundo. Yo siempre digo que las plantas sanan. Cuando estás pasando un momento difícil, la conexión con ellas te saca de cualquier cosa, son un cable a tierra", subrayó, antes de manifestar su gratitud por el auspicioso presente que está viviendo con Green House.

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"Distintas situaciones nos fueron llevando a este vivero-casa de té que explotó con el boca en boca. Venimos de un mes con los sábados lleno. Ahora las reservas vienen muy bien con los cierres de fin de año, aunque siempre aclaro que esto no es un salón de eventos. A la gente le cuesta entender eso, que es solo un vivero-casa de té. De todos modos, muchos lo eligen para reunirse y festejar", dijo al comentar que los fines de semana pueden extender el horario de cierre hasta las 23 porque sumaron al menú una opción de picadas. Pese a esa propuesta, Majo diferenció su espacio de patios cerveceros, al subrayar: "Este es un lugar familiar, muy tranqui y trabajamos con reservas".

Esa impronta no solo tiene que ver con el público. Green House es un emprendimiento que se sostiene con el aporte de cada miembro de la familia. Mientras Eluney, la mayor de los hijos de Majo, se encarga del Almacén de Plantas, su hermano Francisco -de 18 años- colabora en la casa de té y el vivero.

"También trabajo con mi hermano, mi cuñada y mi sobrina. Le dimos prioridad a la familia porque muchos se quedaron sin trabajo en la pandemia. Es un trabajo en equipo y nos llevamos muy bien. Todos tratamos de cumplir para que el cliente se vaya conforme. Gracias a Dios nos está yendo bárbaro. La gente se va muy contenta", enfatizó Majo, luego de mencionar que hace dos semanas Green House también se convirtió en su vivienda.

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"Estoy súper contenta por todo lo que hemos hecho en tres meses de la nada. Yo lo que quiero es seguir trabajando en este entorno que es muy tranquilo y familiar. Me siento realizada, ya cumplí mi sueño. Estoy súper feliz y agradecida. Hoy por hoy trabajamos, pagamos el alquiler, le pagamos el sueldo a los chicos, pagamos un préstamo que sacamos para poder abrir esto. No pretendo hacerme millonaria, solo trabajar y disfrutar de este lugar con Mario y mis hijos", concluyó.

Green House está ubicado en Calle Rincón Florido Lote 7, Barrio Las Magnolias. Neuquén capital, zona ex reserva Luan. Abierto de martes a viernes de 10 a 14 y de 16 a 20:30. Sábado y domingo, de 10 a 20:30.

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