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El Willy Wonka neuquino, que divierte a todo Cutral Co

No solo tiene un talento innato para crear a base de chocolate, también lleva adelante búsquedas del tesoro en el pueblo y concursos para que todos los chicos puedan participar.

Edgar Presas tenía 28 años cuando se decidió a emprender. Fanático del chocolate desde chiquito, recibido de la carrera de Seguridad e Higiene y con un conocimiento por la repostería y chocolatería que crecía y crecía, quiso cumplir su sueño de tener su propio comercio. “Pero fíjate Edgar que Cutral Co no es una ciudad turística como para abrir un negocio de ese tipo”, le decían. Contra todo pronóstico, lo logró. Y hoy su sonrisa amable te recibe tras cruzar la puerta de Piuke Nita, -o el corazón de Nita- sobre la avenida Carlos H. Rodríguez 74 en la ciudad de Cutral Co.

“Con el trabajo que tenía más la ayuda de mi viejita pude ahorrar cada peso para ir a tomar cursos de introducción al chocolate, chocolate de Bariloche, Bombonería y otros tantos que me hacían falta para arrancar; porque para emprender primero había que aprender”, cuenta orgulloso. Así que cada vez que el dinero se lo permitía viajaba a Buenos Aires para perfeccionarse, al punto de convertirse en un destacado en su rubro en la región.

“Con el trabajo que tenía más la ayuda de mi viejita pude ahorrar cada peso para ir a tomar cursos de introducción al chocolate, chocolate de Bariloche, Bombonería y otros tantos que me hacían falta para arrancar; porque para emprender primero había que aprender”.

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Un dinosaurio de chocolate.

Un dinosaurio de chocolate.

Hace cosa de un año y medio, este joven apostó aún más a su pasión y realizó una especialización en esculturas de chocolate en el IAG. “Allí aprendí todo lo relacionado a la técnica con moldes y fue muy interesante”, resalta; sin embargo, esto no fue un techo para Edgar. “Un día agarré una espatulita y empecé a darle forma al chocolate, y descubrí que podía hacerlo, que podía crear más allá de un molde”, dice con humildad. Y así nacieron el dinosaurio herbívoro y el perro Falcor de la icónica película La Historia sin fin. “Falcor pesa ocho kilos y Dino unos diez”, explica, “fueron pintados con colorantes liposolubles que son totalmente comestibles”, aclara el artista. Esas esculturas están en la chocolatería dando la bienvenida a quienes entren al local, porque, la idea de hacer una escultura de chocolate, “es en última instancia, comerla… lleva mucho trabajo hacerla”, ríe Edgar.

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Los GRANDES corazones se alegran con PEQUEÑOS detalles... #diadelamadre2020 #mothersday

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Los boletos dorados

¿Quién quiere su boleto dorado? Alguna vez, el entusiasta Willy Wonka premió a una decena de niños y niños para que pudieran saber cómo se hacía el chocolate en el libro de Roald Dahl, Charlie y la Fábrica de Chocolate y la película que lleva el mismo nombre. Edgar tomó la idea del “pase” o “boleto dorado” que habían ganado los protagonistas de la tira infanto-juvenil para organizar una búsqueda del tesoro en Cutral Co. “Escondí diez boletos dorados en distintos lugares emblemáticos del pueblo y daba pistas por las redes sociales de dónde podían estar; entonces cientos de chicos y sus familias se emprendieron en la aventura de buscarlos: los diez ganadores se ganaban un kilo de chocolate”, recuerda. En total, Edgar ya hizo dos búsquedas del tesoro a lo Willy Wonka, y ahora pandemia mediante, pensó que estaría bien lanzar otro juego para salir un poco de la mala racha. “Estoy en plena producción de tabletas de chocolate que serán puestas en venta en los distintos quioscos de la ciudad; más o menos haré unas mil”, explica Edgar. La cuestión es que en cinco de ellas habrán boletos dorados y los ganadores se llevarán la chance de participar, con su propia receta, de un concurso de elaboración de chocolate. “Los cinco ganadores vendrán a cocinar a la chocolatería con una receta surgida de su propia inventiva; un jurado compuesto por notables del pueblo y el público en las redes serán los encargados de votar el que más les haya gustado; incluso con la posibilidad de venir a degustarlos”, relata. El ganador o ganadora del chocolate más votado obtendrá una beca escolar y una táblet para poder estudiar.

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“Estoy en plena producción de tabletas de chocolate que serán puestas en venta en los distintos quioscos de la ciudad; más o menos haré unas mil”.

Este juego ya empezó a jugarse hace unos días, cuando Edgar, en la soledad de su cocina, se puso a armar las barras de choco. “Quisiera que antes de navidad los chicos ya tengan sus premios”, afirma Edgar, quien con un poco ayuda, con otro tanto de esfuerzo, con otra pisquita de suerte y mucho corazón, hoy vive de un sueño.

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