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Elige tu aventura, ¿con qué vino conviene empezar?

Las góndolas pueden intimidar a principiantes a la hora de escoger una botella. Esta guía simple allana el camino para un disfrute personal sin frustraciones.

La góndola de vinos intimida. Parece que para beber hay que haber leído primero una enciclopedia, hundido la nariz en un laboratorio de aromas y además exprimido las experiencias vitales del reino animal y vegetal. Pero la verdad es otra.

El asunto es simple. Una cosa es querer saber de vinos y otra muy distinta beberlo. Para esto último no hace falta nada más que un poco de buena sed. Pero hay que entrarle al asunto con una advertencia previa: si te pica el bicho del vino, tendrás que dejarte llevar. Pero no nos apresuremos. Lo primero y más importante es la buena sed. Así es que a continuación los vinos que abren las puertas de la percepción, al menos en materia de copas.

El primer paso

Vamos a dividir la góndola en tres tipos de vinos. Hay un primer paso que son los vinos dulces. En general son blancos o rosados que tienen azúcar y que a los paladares formados en las gaseosas y los jugos, les dan una cordial bienvenida al camino del vino. Lo importante es el dulzor. Buenos ejemplos son Santa Julia Chenin Dulce Natural 2020 y el espumoso Deseado.

Luego siguen los vinos blancos. Si te gustan las frutas ácidas como la manzana, si disfrutás del maracuyá o no te gusta nada que sea áspero o fuerte, en los blancos está la llave de la felicidad. Un buen ejercicio es entrar por los Chardonnay –así se llama la uva– que da vinos de cuerpo y frescura. Si tienen roble, mejor aún. Así son Salentein Reserve 2019 y Domaine Bousquet Reserve 2019.

El tercer grupo son los tintos. Universo grande. Pero para tener claro este primer paso es importante partir de los que son mullidos, con bocas suaves y perfumes de frutas rojas. Armónicos. Y el Malbec es eso, en particular cuando vienen de Luján de Cuyo o La Consulta.

Esos lugares dan vinos así y vienen mencionados en la etiqueta. En vinos como La Celia Pioneer 2018, La Linda Old Vines 2018 y La Posta Paulucci 2019, encontrarás calor de hogar, la seguridad de despertar con aroma de pan tostado y el cobijo de una manta en pleno invierno.

El segundo paso

Una vez que diste el primer paso (fueron todos vinos razonables en precio, anotá ese dato), hay que dar un siguiente paso: cambiar de estilo. Si te gustaron los dulces, retomá el segundo nivel del paso anterior y entrale a los blancos.

Si te gustaron los Chardonnay con roble, pasá a los tintos del paso anterior o bien avanzá al Sauvignon Blanc seco, herbal y de frescura elevada. Será como tirarte en un prado verde una mañana fría. La idea es que compruebes que en este camino hay mucho terreno por recorrer, con vinos como Wapisa 2019, Las Perdices 2019 y Zorzal Eggo de Cal 2019 para otro planeta.

Y si te conmovió el Malbec amable, sacudí tu paladar con algo bien distinto. Cambiá de región. Lo ideal es pasarte a una zona fuera del confort, como ofrecen los tintos de altura, sean de Salta o del Valle de Uco. En este último caso, el Cabernet Franc es el engranaje maestro: te recordará al morrón asado, a la menta y aportará un paladar tipo chupín, apretado y a la vez de calce elástico, como Fabre Montmayou 2017 y Desquiciado 2018. De Salta, Amalaya Gran Corte 2018 o El Esteco Cabernet Sauvignon 2018.

Entrar en la Matrix

Llegado a este punto, pueden pasar dos cosas: que te haya picado el bicho de la pasión o que aún te falte, como esos refutadores de leyendas, la prueba de una magia que no termina de sacar al conejo por el cuello de la botella. Este es el momento de descubrir el juego de los precios. Como en Matrix, hay que elegir la píldora que te deja como estás y la otra que te transporta a la verdad.

Para ello, conviene comprar un par de vinos bien accesibles y desconocidos como Chamuyo Malbec 2019 y Finca Magnolia Cabernet Sauvignon 2019 y compararlo con otros niveles de precio. Si concluís que el precio es la única llave al sabor, estarás el mundo seguro. Pero si te das cuenta de que el chiste no es beber caro sino encontrar las ricas botellas al alcance de bolsillo, una suerte de fiebre o ansiedad se apoderará de vos. Querrás tener el dato, saber por qué es así y dónde se consigue ese vino. Sólo esperamos que esa epifanía te llegue junto con un aumento o el bono de fin de año. Y si te encontrás leyendo Wikipedia para saber de vinos, o leyendo esta columna otro domingo cualquiera, date por perdido porque te picó el bicho.

Comprá un juego de copas

Para sacarle partido a este comino, es importante tener un par de copas. Nada del otro mundo, pero que tengan borde delgado y sean menos abiertas que su ecuador. Copas tipo Ocean view o Bohemia, de cristal por seis unidades, vas a gastar entre 1000 y 1500 pesos en Mercado Libre. Con eso estás listo para empezar.

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