Empapeló la ciudad y encontró a su perra

Estuvo 9 días perdida. Su dueño hizo de todo para poder hallarla, hasta que finalmente lo logró.

Sofía Sandoval

ssandoval@lmneuquen.com.ar

Neuquén

Lo primero fue un abrazo. Tras nueve días de búsqueda, a Juan no le importaba nada más. Ni la patita renga, ni la cintura estrechísima, ni el cuerpo mordido y lastimado. Ayer, gracias al llamado de un mecánico, el veterinario se reencontró con Lolo, la perrita de 13 años cuya búsqueda revolucionó la ciudad.

Lolo es una perra alegre y leal que, por su avanzada edad, sufre dificultades para conservar la lucidez. El 21 de junio, al bajar del auto frente a la veterinaria donde trabajan sus dueños, la corrieron otros perros y se desorientó. Tras varias horas de rastrillaje sin éxito, la angustia de Juan se acrecentó y comenzó una intensa campaña para encontrarla.

Los primeros cinco mil afiches que imprimieron se acabaron enseguida, por lo que pidieron otra tanda. Los mismos clientes de la veterinaria ponían a toda máquina sus impresoras para empapelar todo Neuquén. Redes sociales, boca en boca, medios de comunicación... todas las herramientas servían con tal de encontrar, al menos, una pista.

Juan y su esposa, también veterinaria, fueron detrás de cada dato que recibieron. Durante diez días recorrieron toda la ciudad en búsqueda de la perra que rescataron hace doce años y que duerme siempre en la cama con ellos. Combatieron el frío a las tres de la mañana en San Lorenzo, se impusieron a la oscuridad de barrio Hipódromo con una linterna, durmieron nueve noches con el teléfono pegado a la oreja, ofrecieron seis mil pesos de recompensa, pero la situación era cada vez más desesperante.

Había llamados, pero por la recompensa. Lolo no aparecía.

Ayer por la mañana, un joven llamado Leo lo llamó para avisarle que había encontrado a Lolo y le dijo que le enviaría una foto por Whatsapp. “Los segundos que tardaba en descargarse la foto no pasaban más”, explicó Juan. Pero la imagen borrosa y pixelada que ofrece la aplicación antes de la descarga fue suficiente. Era su hocico, eran sus colores, era una pose muy típica de ella. Era Lolo.

El corazón de Juan latía con fuerza cuando la fue a buscar a la casa de Leo, en Chocón y Bahía Blanca. Cuando Lolo lo vio, no reconoció a su dueño pero sí mostró toda su alegría cuando éste se agachó y le habló despacio, con el tono de siempre. El veterinario pensó primero en abrazarla y luego le dio un baño, comida y las curaciones necesarias para el animal, maltratado por otros perros y por haber pasado varios días a la intemperie.

Juan contó que Leo la encontró en un baldío lindero a su casa y notó que estaba enferma cuando la perra se rehusó a comer. Le pidió ayuda a un amigo para llevarla a una veterinaria y él la reconoció enseguida. “La están buscando por todos lados”, le comentó.

“Es un tipazo”, dijo el dueño de Lolo sobre este joven mecánico, que declinó el ofrecimiento de la recompensa. “Se la di igual; es sólo plata y él me devolvió una parte enorme de mi familia”, confió Juan mientras Lolo dormía en el sillón, con la tranquilidad de estar en casa.

Fuente:

¿Qué te pareció esta noticia?

Noticias Relacionadas

Deja tu comentario

Lo Más Leído