En Argentina muere uno de cada tres infartados
Capital federal.- Las cifras paralizan el corazón... Se estima que en el país se producen entre 40.000 y 50.000 infartos al año. Y de ese total, mueren unas 17.000 personas, según las últimas estadísticas vitales del Ministerio de Salud con los datos de 2015. Esto representa un fallecimiento cada tres episodios. Y al comparar los datos diez años para atrás, el panorama tampoco es alentador: en 2005 hubo 14.502 muertes, contra 17.130 en 2015, un 18% más en 10 años. Así la cifra de muertes viene creciendo a un ritmo mayor al de la tasa de población, que aumentó 11% en el mismo período, según datos del Banco Mundial (de 39,15 millones a 43,42 millones).
Además, la mortalidad intrahospitalaria es elevada en el país. Según datos del estudio ARGEN-IAM-ST, realizado en forma conjunta por la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) y la Federación Argentina de Cardiología (FAC), sobre un total de 1759 pacientes que llegaron a la guardia con un infarto, se registró una mortalidad de 8,8%. Ese estudio se realizó en 247 centros de todo el país. “Este valor corresponde a un grupo de centros seleccionados para participar del relevamiento científico, por lo que es de suponer que la mortalidad nacional sea aún mayor”, afirmó el doctor Alejandro Cherro, presidente del Colegio de Cardioangiólogos Intervencionistas (CACI).
“Se ve un aumento en la cantidad de infartos, sobre todo en las grandes ciudades, donde se ve un incremento no sólo por condiciones de estrés, sino también por el tipo de alimentación, el tabaquismo, el sedentarismo y la obesidad, todos estos son factores de riesgo que en áreas urbanas están encadenados”, advierte el cardiólogo Sergio Auger, director general de Hospitales de la Ciudad.
Por eso, reducir los tiempos entre la aparición del primer síntoma y la atención es fundamental para bajar los índices de mortalidad. La demora en la atención del infarto agudo de miocardio se debe, según los especialistas, a una combinación de factores: la consulta tardía por parte de los pacientes, demoras en el diagnóstico y en la implementación del tratamiento adecuado o la correspondiente derivación a instituciones de mayor complejidad. Todo ese tiempo es valioso, y cada hora que pasa sin atención el músculo cardíaco que va muriendo producto del infarto.
El aumento se debe no sólo al estrés, también al tabaquismo, al tipo de alimentación, a la obesidad, al sedentarismo...
La ventana de tiempo es la clave de la salvación
El infarto se produce cuando una arteria se obstruye e impide que llegue la sangre al corazón, por lo que empiezan a morir células del músculo cardíaco y se produce necrosis. “El infarto puede ser atendido dentro de una ventana de tiempo que en general es de hasta 12 horas, mejor si es dentro de las seis horas e idealmente dentro de la hora, que es cuando más músculo cardíaco se puede preservar. El alto nivel de mortalidad intrahospitalaria se debe en gran medida a la demora del paciente en acudir en busca de atención médica”, explica el cardiólogo Rubén Piraino, presidente del Congreso Latinoamericano de Cardiología Intervencionista que se realiza en Buenos Aires.
Te puede interesar...









