En el centro, la mitad de los cestos de basura están rotos
Ana Laura Calducci
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Neuquén
Por falta de cestos o por desidia, las veredas del centro de la ciudad están llenas de residuos, que se acumulan en los canteros de los árboles y los huecos de las baldosas. De los papeleros naranjas que debe garantizar la empresa Cliba, la mitad están rotos y los que no lo están apenas se usan. Según la subsecretaria municipal de Limpieza Urbana, Graciela Painevilu, la concesionaria repone más de 10 recipientes por día.
La zona con más residuos del microcentro es el Parque Central, en la franja donde convergen las paradas del transporte urbano, que es también el lugar con más concentración de gente durante el día. Allí, los pasajeros que suben y bajan del colectivo deben sortear desde botellas y latitas de gaseosa, hasta cáscaras y restos de comida. La mugre rodea incluso los cestos públicos, que rara vez están repletos.
Otros sectores con mucha basura son los accesos al Hospital Regional, los supermercados y los bancos.
En las puertas de estos edificios y los alrededores, suele estar lleno de colillas de cigarrillos, papelitos numerados para turnos y alguna que otra caja de cartón de gran tamaño abandonada directamente sobre la vereda.
La Avenida Argentina, los bulevares y las cuatro diagonales se conservan con cierta pulcritud por el trabajo constante de los barrenderos, pero la basura se amontona en los rincones que quedan fuera del recorrido, como las aberturas de los desagües que están en las esquinas, las bases de tierra del arbolado o las numerosas grietas en muros y veredas.
Sobre la arteria principal de la ciudad y las diagonales, hay cuatro papeleros por cuadra y en algunos tramos llegan a ser seis.
Sin embargo, de 10 cestos, en promedio hay tres quemados o quebrados y dos en los que quedó sólo la tapa, sin el recipiente.
En las demás calles céntricas hay apenas uno o dos papeleros por cuadra, aunque los postes vacíos dan cuenta de que en algún momento hubo más.
En estos sectores, los pocos cestos públicos están abarrotados y muchos transeúntes optan por tirar sus residuos en los canastos de las viviendas, a sabiendas de que se colarán por el enrejado y terminarán en el piso.
Cuatro cuadras más allá de la avenida ya no hay cestos públicos disponibles, aunque sigue siendo una zona céntrica. En estas veredas se puede encontrar de todo. La limpieza varía según el afán que tenga cada frentista en mantener despejado el acceso a sus casas o negocios.
Vandalismo
Painevilu indicó que en la zona comercial de la ciudad “sufren muchísimo el vandalismo con los papeleros y la empresa Cliba tiene que reponer de 10 a 15 por día que, si bien son de plástico reciclado, cuestan por lo menos 500 pesos cada uno”.
Señaló también que la limpieza depende mucho de los vecinos y que aún falta “para que los neuquinos se adueñen del lugar y lo cuiden”.
Una muestra de ello es que, en los papeleros que están en condiciones de ser usados, los residuos son siempre menos que los que se acumulan en los huecos de la arquitectura urbana. Lo mismo sucede con los canastos de metal enrejado que puso el Municipio en las plazoletas y espacios verdes, que suelen verse vacíos mientras el césped está regado de restos de cigarrillos, envoltorios de golosinas y algún folleto publicitario.
Pero no todo es vandalismo y desinterés. Prácticamente todos los papeleros naranjas están sin bolsa y la mayoría cuelgan despegados de la tapa, lo que hace difícil utilizarlos. Aunque esta carencia no implica que haya que tirar la basura al piso, por más prisa que se tenga, es evidente que la reposición que se está haciendo no alcanza.


