Sigue la tensión en Medio Oriente: la Casa Blanca volvió a exigir la apertura inmediata del estrecho de Ormuz
Ocurrió luego de que Irán anunciara el cierre por los ataques a Líbano. La vocera del gobierno de Donald Trump ratificó la exigencia del mandatario.
La vocera de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, ratificó este miércoles la exigencia del presidente Donald Trump de que el estrecho de Ormuz se reabra de forma "inmediata, rápida y segura", como había pedido el martes en el marco de las negociaciones con Irán mediadas por Pakistán.
Leavitt afirmó que el jefe de Estado está al tanto de los informes públicos sobre el movimiento en el estrecho de Ormuz, pero que esa información "es diferente" a la que recibe el gobierno republicano en privado y aseguró que este miércoles se registró "un aumento en el tráfico" de la zona.
De esta forma, la funcionaria republicana no anunció ningún tipo de represalia por la decisión de Irán de volver a cerrar el estrecho de Ormuz tras el ataque de Israel a Líbano. Minutos después, el presidente del Parlamento de Irán, Mohammad Baqer Qalibaf, desmintió que el acuerdo de Estados Unidos e Irán no incluyera a Líbano, como había dicho Trump.
Para Irán, las bases de negociación no fueron respetadas
Según Qalibaf, el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, se había referido "explícitamente" al tema y declarado "un alto al fuego inmediato en todas partes, incluyendo el Líbano y otras regiones, con efecto inmediato". De hecho, era el primero de los 10 puntos propuestos por Irán.
"La 'base viable para negociar' ha sido violada abierta y claramente, incluso antes de que comenzaran las negociaciones", sentenció el funcionario iraní en X.
La vocera reconoció que la última versión que recibieron sobre el plan de 10 puntos era "más razonable" y "más realista"que la primera, que fue descartada por la administración republicana por ser "fundamentalmente inaceptable".
Cómo es el plan de 10 puntos propuesto por Irán a Estados Unidos
El plan de diez puntos impulsado por Irán contempla exigencias estructurales dirigidas a Washington y marca una posición firme en el actual escenario de tensión regional. La propuesta plantea la retirada de las fuerzas de combate estadounidenses de todas las bases instaladas en la región y el cese inmediato de las acciones militares contra grupos aliados a Teherán.
Asimismo, el documento incluye el levantamiento total de las sanciones económicas vigentes y el pago de una indemnización completa por los daños ocasionados en los últimos años, un punto que aparece como central en las demandas del gobierno iraní.
En relación al flujo marítimo, el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, había garantizado condiciones de seguridad para la navegación comercial. Según explicó, “durante un período de dos semanas, será posible el paso seguro por el estrecho de Ormuz mediante la coordinación con las Fuerzas Armadas de Irán y teniendo debidamente en cuenta las limitaciones técnicas”.
Sin embargo, Teherán no precisó si mantendrá su política de embargos selectivos contra determinados buques, lo que genera incertidumbre en el comercio internacional.
Por otro lado, la ambigüedad en torno al concepto de “fuerzas de combate” abre interrogantes entre los países del Golfo. El texto no especifica si la exigencia implica un retiro parcial o el desmantelamiento completo del entramado militar estadounidense desplegado en la zona desde 1991. Una eventual reducción de esa presencia podría modificar el equilibrio de seguridad regional, generar tensiones adicionales y provocar el malestar de las monarquías vecinas, que ya se vieron afectadas por semanas de conflicto armado.
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