En el oeste les hacen frente al frío y a la leña más cara

La cruda realidad que viven los vecinos de ese sector sin gas natural.

Sofía Sandoval

ssandoval@lmneuquen.com.ar

Neuquén.- Al mediodía, unos intensos rayos de sol impactaban con fuerza en las callecitas oscuras y serpenteantes de Toma Norte. El abrigo de la luz solar parecía borrar el recuerdo de una noche helada en el oeste profundo de Neuquén, donde aún persistían el olor a humo de madera y unos chiquitos abrigados como una amenaza de la crudeza de un invierno que está por llegar.

Nadia Colima no les cree demasiado a los termómetros. Aunque los informes del tiempo dicen que el frío comenzó hace apenas unos días, ella siente el invierno desde hace un mes y muy adentro de su casa, donde vive con su mamá de 61 años.

“Tuvo un ACV y está en silla de ruedas. Necesito tener la casa calentita para ella”, dice mientras se apoya sobre el alambrado de su terreno en 7 de Mayo.

Con un par de brazos delicados y una carretilla pinchada, Nadia apela a la solidaridad de sus vecinos para traer la leña en un carrito que ahora reposa en su terreno, custodiado por tres perros mestizos. “Los 100 kilos de leña me salen 600 pesos y me duran dos días nada más”, explica la mujer.

Con un dejo de añoranza, señala la casa de la esquina, por donde pasa la red de gas natural. “Tenemos el gas a dos casas; esa sería la solución para todos los vecinos”, dice y se esperanza: “Mi mamá ya está pagando su terreno, esperemos con ese plan pueda llegar el gas”.

Aunque Olga Faris es su vecina de enfrente, las dos viven en barrios diferentes, ya que esa calle es el límite entre 7 de Mayo y Toma Norte. Al sur del camino, la mujer apela a dos métodos distintos para calentar un poco su casa baja de ladrillos.

“Siempre prendo la hornalla más chica y después uso la estufa eléctrica”, explica Olga, quien aclara que obtiene en la delegación municipal un bono mensual para una garrafa que nunca es suficiente.

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“Anoche hizo mucho frío y ya no tenía la garrafa, así que fui a comprar una”, aclara. Pagó por ella 250 pesos y necesitó la ayuda de un vecino para transportarla.

Lo más duro del invierno quizás sean las mañanas, cuando Olga se abriga con varias capas de ropa para salir al patio, donde está la única canilla del terreno, y junta agua para cocinar y lavar los platos. O quizás los cortes de luz, como el que sufrió antes de anoche, cuando el alto consumo terminó por saturar los tendidos eléctricos informales y dejó a todos los vecinos sin el servicio.

Las estufas eléctricas podrían ser la solución más práctica para los habitantes de las tomas, que están enganchados a los cables y no pagan por la prestación.

Sin embargo, en invierno notan una importante disminución de la tensión y sufren cortes frecuentes que limitan la función de esos aparatos. A eso se suma la quema de electrodomésticos y el incendio de las casillas por los desperfectos eléctricos.

“Los 100 kilos de leña me salen 600 pesos y me duran dos días nada más”, dice Nadia en su casa de 7 de Mayo, donde vive con su mamá.

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1500 pesos cuesta la carga de una camioneta de leña

Son unos 200 kilos que, por lo general, duran menos de una semana. Muchos vecinos la compran dentro del barrio, donde es difícil conseguir la madera de mejor calidad.

En algunos casos, llegan a pagar hasta 2 mil pesos por la misma cantidad de leña. Un sueño lejano

“El Plan Calor son dos palos locos que tiran en la esquina, y el que puede agarra”, se queja María Rosa Cid, que integra una familia de seis personas y hace doce años espera por la llegada del gas en Toma Norte.

En ese sector todavía no llegó el plan de regularización de asentamientos, por lo que ese servicio parece un sueño lejano.

En su casa compran un bin de leña por 1300 pesos que les dura, según el frío, menos que una semana. “Tengo la suerte de que mi marido trabaja, pero acá hay muchas mamás solas que no pueden pagar tanto por la leña”, explica la mujer. Su combinación de madera y electricidad no siempre resulta eficiente y, los días de helada, María Rosa también usa campera adentro de su casa.

En la vivienda de Ociel Sánchez, ubicada en 7 de Mayo, unos troncos de álamo descansan en un orden perfecto contra la pared de ladrillos del frente de su vivienda. Mientras tanto, de un caño metálico brota un humo liviano que anuncia que la estufa está encendida. “Pagamos dos mil pesos la camioneta, no tenemos ayuda de nadie”, explica su esposa a LM Neuquén mientras termina de lavar los platos.

“A la noche se nos cortó la luz, y volvió recién a las 11 de la mañana”, explica Ociel y aclara que la leña que compra en el barrio le dura entre una semana y quince días.

“La mejor es la de sauce o de manzano”, explica. Sin embargo, advierte que “para eso hay que pagar el flete desde la chacra, y cuesta como tres mil pesos”, mientras se baja l cierre de uno de los tres abrigos que lleva puestos y quema un valioso leño que, muy pronto, no será más que ceniza.

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