Por su oferta para la práctica de deportes de nieve y sus paisajes privilegiados, San Martín de los Andes convoca cada invierno a turistas de distintos puntos del país, que eligen los alojamientos más exclusivos de la localidad para descansar después de sus jornadas en el cerro. En verano, en cambio, ocurre lo contrario, y los espacios más populares para dormir son los hostels, los campings y las hosterías de pocas estrellas.
Alejandro Apaolaza, secretario de Turismo de la Municipalidad de San Martín de los Andes, explicó que durante la temporada de invierno los alojamientos se reservan "de arriba hacia abajo". Es decir que primero se ocupan las cabañas más exclusivas y los hoteles de 4 o 5 estrellas, mientras que durante el verano el proceso es inverso, y los espacios para dormir más demandados son los más económicos, como hostels, hosterías económicas o incluso camping.
La demanda hotelera responde también a los perfiles de los visitantes. Durante el invierno, los grupos familiares son los que lideran el turismo en la localidad cordillerana, mientras que durante el verano también se pueden ver a grupos de amigos que visitan el lugar para hacer trekking o disfrutar de los lagos en los días de calor.
El turismo de invierno y el de verano se diferencian en gran parte por el presupuesto que es necesario destinar a una sola semana de vacaciones. En época de nieve, los viajeros deben gastar más dinero en alquiler de ropa y equipos, pases a los cerros y hasta clases de esquí, al tiempo que consumen más en restaurantes y chocolaterías o casas de té.
Por otro lado, durante el verano, la diversión en la montaña puede llegar con planes más económicos o hasta gratuitos, como caminatas por senderos delimitados y tardes de baño a la orilla de los lagos, donde también es posible comer al aire libre.
Las categorías de los alojamientos también tienen una alta incidencia en el precio final del viaje. Según un sitio especializado en reservas, una habitación doble para este invierno en San Martín puede costar entre 3500 y 5 mil pesos si se eligen hostels, hosterías o cabañas económicas. En cambio, una habitación con la misma capacidad en alojamientos de cuatro o cinco estrellas tiene un valor final de entre 25 mil y 31 mil pesos por cada pernocte.
El funcionario aclaró que la pandemia de coronavirus también modificó los hábitos en alojamiento. A partir de las restricciones de circulación y el temor a los contagios, muchos viajeros desistieron de dormir en los hoteles del centro con el fin de evitar las aglomeraciones. En cambio, prefieren dormir en cabañas o apart hotels, donde pueden darle continuidad a la vida familiar sin interactuar con otros grupos familiares que no conocen.
En ese contexto, en la localidad creció la demanda de cabañas o departamentos en zonas más alejadas, donde las familias pueden pasar tiempo al aire libre y descansar del uso de tapabocas o las estrictas restricciones que rigen en la localidad para garantizar el turismo seguro. Así, los hoteles céntricos, antes codiciados por la accesibilidad a distintos puntos de atracción, perdieron peso frente a las cabañas de las afueras.
Desde el Ministerio de Turismo recordaron que sólo estas cabañas o departamentos conservan el mismo aforo que estaba estipulado antes de la pandemia. Como los huéspedes pertenecen al mismo grupo familiar y no se cruzan con familias desconocidas, pueden ocupar el 100% de capacidad de este tipo de alojamientos.
Mientras tanto, los hoteles vieron reducida su capacidad y este invierno funcionan con un 75% de aforo, con el objetivo de evitar las aglomeraciones y reducir el riesgo de contagios de coronavirus. Por otra parte, los restaurantes tienen un aforo del 50% y las unidades de transporte pueden llenarse al 80% de su capacidad.
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