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Con el tiempo, los hábitos se modifican y los deseos antes urgentes parecen cambiar por placeres prescindibles. La pasión no escapa a esa lógica y desde los hoteles alojamiento de la ciudad de Neuquén afirman que la demanda de sus servicios mantiene un descenso leve, con un ritmo que no se parece en nada a las épocas de gloria que se veían hace 15 años o mucho más atrás en el tiempo.

Por los altos costos impositivos y las facturas más caras de los servicios, los moteles tuvieron que incrementar las tarifas que cobran por un turno de dos o tres horas para aplacar el deseo. En promedio, ese rato de intimidad cuesta unos $1200. Aunque estos precios llevan a algunos clientes a detenerse frente a la puerta y abandonar el lugar tras escuchar los valores, los encargados aseguran que las subas no les hicieron mejorar su rentabilidad sino que apenas cubren los costos fijos.

Promociones

Ante esa realidad, ofrecen descuentos de hasta el 40% para los que opten por amarse por la mañana o a la hora de la siesta. “A veces nos pasa que tenemos el lugar abierto en esos horarios y no ingresa un solo cliente, pero tenemos que cubrir los mismos costos y tener el mismo personal así venga mucha gente o ninguna”, detalló Alejandro Nastra, encargado del mítico KGB, que tiene una afluencia mayor en horario nocturno.

En ese hotel, los clientes son autos con conductores casi invisibles, con la discreción correspondiente. Por eso, los encargados no saben a ciencia cierta cuál es el público que contrata sus habitaciones. Los adivinan, un poco, gracias al tono de voz y el nivel de gasto que tienen durante el turno, por lo que consideran que cada vez son menos los jóvenes que tienen el hábito de ir a un motel.

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Hábitos

“Los jóvenes prefieren verse en casas o departamentos, cada vez son menos asiduos a este tipo de lugares”, afirmó Alejandro, y aclaró que la delgadez de las billeteras también complota contra su negocio. “Hay menos dinero disponible para este tipo de actividades”, dijo.

Esperanza

Aunque el horizonte se muestra algo oscuro para esta actividad, se esperanzan con un hábito que se mantendrá, en menor medida, a lo largo de los años. “Siempre va a existir gente que necesite este tipo de espacios; también hay gente que tiene una casa disponible pero prefiere cambiar la rutina, o que pasa por el lugar y siente curiosidad por entrar, pero son los menos”, afirmó el encargado.

Desde el Hotel Íntimo, por su parte, aclararon que mostrarse como una propuesta nueva les permite mantener el caudal de clientes.

Así como los diseños nuevos de los autos o el olor del cuero nuevo crean necesidades en los conductores, desde el establecimiento aseguraron que la novedad en las decoraciones, las instalaciones y otros pequeños detalles hacen que más amantes les pidan turnos en el lugar.

“Queremos seguir creyendo en nuestro negocio y una manera es dándole a los clientes alguna novedad, ya sea en servicio o con creatividad decorativa, es lo único que puede sostener esto”, afirmaron desde el hotel.

“Por la falta de dinero, la gente no viene tan seguido, y también nos ha pasado, y no pocas veces, que llegan, preguntan el precio y se van porque no cuentan con esa cantidad”, dijo Alejandro Nastra, encargado del hotel KGB

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Se consumen menos servicios adicionales

Al costo por un turno de dos o tres horas en un hotel alojamiento se le pueden agregar servicios extra. Sin embargo, desde los establecimientos aclararon que se nota una gran reducción en la demanda de comidas o artículos de sex shop.

Desde los moteles aclararon que, aunque a los clientes se les ofrece la posibilidad de comprar un champagne, cerveza o bebidas sin alcohol para consumir en la habitación, la mayoría prefiere cuidar los gastos más que antes y ya no eligen este tipo de servicios.

“Tenemos precios muy accesibles, similares o incluso más bajos que los de un restaurante o cafetería”, sostuvo Alejandro Nastra, encargado de KGB, quien aclaró que el lugar también permite pedir una pizza o un sándwich para consumir en el cuarto.

Aunque los alimentos y los accesorios de sex shop no son tan elegidos, los clientes sí aprovechan la posibilidad de extender el turno más allá de las dos o tres horas disponibles. “Durante los días de semana, al cliente no se lo molesta y se puede quedar hasta cuatro horas”, remarcó el gerente, y aclaró: “Pero los fines de semana, cuando hay más ocupación, se les exige pagar un monto extra”.

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