En Neuquén revive la leyenda de las míticas Kombi

El vehículo de culto de los años sesenta cada vez tiene más adeptos en la zona.

Georgina Gonzales

gonzalesg@lmneuquen.com.ar

Neuquén.- Tienen la velocidad del paisaje y cuando uno se sube a una de ellas logra bajar muchas revoluciones. La Kombi es un vehículo de culto, ícono del hipismo y una filosofía de vida para sus amantes, quienes en la provincia crearon el club Kombibajos Patagonia Norte, que ya cuenta con unos 300 seguidores.

Para ellos, sus camionetas son parte de su familia. La mayoría les ponen nombre y las miman con cachirulos nuevos cada vez que pueden. En Neuquén, algunas de las que viajan son La Chatita, Lazarita, La Leona y por Cutral Co anda La Morocha.

Entre sus integrantes hay vendedores, mecánicos, músicos y petroleros y, pese a sus diferencias, los unifica la pasión por los fierros y el gusto por la marca Volkswagen. Desde que se unieron a este grupo, hace poco más de un año, también comparten las ganas de ayudarse.

Para los kombinautas sus máquinas son 0 km, pero en realidad son autos antiguos, por lo que muchas veces requieren de arreglos y de una mano amiga que ya pasó por la misma situación.

“Representan rabietas, enojos, frustraciones. Le metí tanta plata y me dejó por un rotor camino a Esquel, por 17 pesos que salía el repuesto. Pero también te encontrás con camioneros que nos remolcaron y que hasta el día de hoy me llaman para preguntar cómo anda la Kombi”. Rodrigo Ramírez. Dueño de La Chatita

“Una vez me llamaron unos franceses que andaban recorriendo la Argentina y que quedaron tirados en la localidad de Piedra del Águila. No lo dudé ni un segundo y me fui a buscarlos. Ni nafta le puse. A unos pocos kilómetros se me pone la luz roja de la reserva de nafta, y así y todo llegué a destino. Como mecánico no lo entendí, me imagino a pensar más en la magia de que no me quiso dejar a pata”.Víctor Torres. Mecánico de Cutral Co y dueño de Morocha

En su página de Facebook se aconsejan, se pasan datos de repuestos y también comparten las fotos de sus naves.

Les hacen luces en la ruta, les tocan bocina, se las quedan mirando en el semáforo y hasta les dejan notitas cuando están estacionadas. “Eso, si viajás en un Peugeot 307, no te pasa. Es un vehículo de culto. Si ves quizás un Torino o un Falcon, decís ‘qué lindo’, pero si ves una Kombi, sea linda o fea, es inevitable la sonrisa”, describió Rodrigo Ramírez, uno de los fundadores del club.

Rodrigo tiene a La Chatita hace cuatro años y desde entonces lleva cientos de horas invertidas en conocer su máquina. “Nos fuimos encontrando en la calle al vernos con nuestras Kombi. Hace un tiempo estaba por Neuquén un kombinauta que iba hacia Colombia y con él planeamos el primer encuentro”, recordó. De chapa celeste y blanca impecable y con un interior equipado con cámara retrovisora, heladera, DVD, televisor satelital, cierre centralizado, alarma y tapizados nuevos, Rodrigo llevó a su familia de vacaciones a Esquel, San Juan, Chubut, Córdoba y su Mendoza natal.

Las Kombi son vehículos versátiles, grandes, espaciosos y aunque hace un par de años que no se fabrican más volvieron a estar de moda. Por eso también apareció la especulación y sus viejos dueños pueden pedir mucho dinero por ellas aunque estén arrumbadas.

Fanas: Los amantes de este vehículo formaron el club “Kombibajos Patagonia Norte”.

Víctor Torres es el mecánico del grupo y el más sentimental. Cuando habla de su Morocha se le llenan los ojos de lágrimas. Es que dentro de ella pasó los momentos más felices de su vida. Su pasión por las Kombi comenzó hace diez años. La locura se la contagió su hermano mayor, que fue el primero que se compró una versión minibus. “Así que al poco tiempo me puse en campaña para conseguir la mía, y fue amor a primera vista. Es fiel, económico y podés llevar a mucha gente”, contó.

Todos los kombinautas tienen miles de historias al volante. Víctor una vez estaba con su familia en El Chocón mirando como unos chicos jugaban con una Hilux. Hacían trompos en la Barda hasta que se quedaron encajados. Los pibes no podían sacar su camioneta y empezó a sonar la sirena que anunciaba la subida del agua. “Andá a decirles que por un cajón de cerveza yo se las saco. Me asusté un poco, pero la enganché y la saqué. Imaginate cómo bajé de mi Morocha, agrandadísimo. Ya la quería, pero a partir de ahí la amé”, recordó Víctor.

Confesó que, “más allá de que es un pedazo de metal, es una compañera”. “Si estás complicado, agarrás la camioneta y dejás que te lleve. Dormir adentro y despertarte al otro día en un lugar que no conocés es algo mágico, no sé si otro vehículo te lo puede dar”, explicó el mecánico de Cutral Co, integrante de este grupo amantes de sus Kombi y de la tranquilidad que aseguran les brindan al volante.

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