En nuestro país se triplicó la tasa de suicidio juvenil

Según un informe de Unicef, es la segunda causa de muerte en menores.

De acuerdo a un informe presentado por la Unicef titulado “El suicidio en la adolescencia. Situación en Argentina”, desde los años novena hacia acá se triplicaron los casos de jóvenes que se quitan la vida. Por eso, la organización exigió que se refuercen las políticas públicas de prevención.

“Desde principios de la década de 1990 hasta la actualidad la mortalidad por suicidio en adolescentes se triplicó considerando el conjunto del país”, reveló la investigación. Entre 2015 y 2017, el último año con cifras oficiales, 12,7 de cada 100.000 adolescentes de entre 15 y 19 años se autoprovocó la muerte en nuestro país. Así, se convirtió en la segunda causa de defunción en este grupo etario, después de los accidentes de tránsito.

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El Fondo de las Naciones Unidas también castigó la poca repercusión en los medios de comunicación, mediante los cuales se podría concientizar más sobre esta problemática. Entre 2016 y 2018, las principales cadenas televisivas argentinas solamente informaron de dos suicidios adolescentes, según datos de la Defensoría del Público citados por Romina Paolino, de la Dirección de Análisis, Investigación y Monitoreo del organismo.

Al mismo tiempo, y ya en una responsabilidad del Estado, faltan recursos para la asistencia de jóvenes vulnerables, capacitación de profesionales y redes institucionales que puedan dar respuestas y desarrollar protocolos específicos sobre las situaciones críticas atravesadas por los menores. “Hace tiempo que los números avisan este aumento. Sin embargo, no tienen lugar suficiente en la agenda ni la respuesta que tienen que tener”, enfatizó Fernando Zingman, especialista en salud de Unicef, quien comandó el informe.

“Hablás con una directora de escuela y te cuenta que tuvieron casos de tentativas de suicidio y no supieron qué hacer. En las guardias de los hospitales muchas veces el diagnóstico es sutura para un corte o lavado gástrico, sin indagar mucho más”, detalló Zingman. Para la investigación, los autores del estudio entrevistaron a expertos, a funcionarios nacionales y provinciales, a adolescentes que intentaron autoprovocarse la muerte y a allegados de jóvenes que lo hicieron. Un bajo nivel educativo, el único indicador de nivel socioeconómico disponible en los datos oficiales, triplica el riesgo entre los varones y casi lo duplica entre las mujeres. Para Zingman, es un motivo más para incentivar “la retención de chicos y chicas en un sistema educativo que sea provechoso y creativo”. También hay diferencias por género: los varones tienen tres veces más posibilidades de morir por suicidio que las mujeres. Como hipótesis para este desequilibrio, especialistas en la temática señalaron que los hombres suelen tener más dificultades para admitir que tienen un problema y pedir ayuda.

“Hace tiempo que los números avisan este aumento. Sin embargo, no tienen lugar suficiente en la agenda ni la respuesta que tienen que tener para ponerle un freno”. Fernando Zingman, especialista en salud de Unicef

Entre los factores desencadenantes, Unicef destacó la pérdida de una persona de referencia para el adolescente, ya sea la muerte de un familiar o una ruptura amorosa, por ejemplo; el desfase entre expectativas y logros de tipo educativo, laboral o familiar, y el blanqueamiento y sanción social de situaciones de violencia. Sin embargo, a menudo para entender las causas hace falta ir más atrás y analizar factores a largo y mediano plazo que hayan marcado al adolescente, como abusos sexuales, falta de contención familiar, patologías mentales mal atendidas, consumo problemático de drogas y acoso escolar, entre otras variables. La presencia de adultos o instituciones que desempeñen un papel protector es clave para que el suicidio no llegue a concretarse.

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