Energía en la era Macri: otras idas y vueltas

El gobierno nacional alternó entre el impulso, las restricciones de la macroeconomía y el cambio de reglas en el sector.

El gobierno nacional tuvo idas y vueltas notables en su política petrolera. Fueron medidas que a la administración nacional le valieron críticas a un lado y otro del espectro ideológico. Y decisiones que también, por momentos, plantearon el recelo y cuestionamiento, más bien por lo bajo, de las petroleras.

Lo primero fue el impulso a la producción de gas. A finales de 2016 se abría un panorama sombrío para Vaca Muerta con 1400 telegramas de despido: YPF no podía sostener los cerca de 100 millones de dólares anuales que le costaba mantener equipos paralizados con dotaciones completas, y los dio de baja. En marzo de 2017 tomaba forma el precio estímulo para el gas no convencional. Un piso y un techo, una curva decreciente de un megamillonario aporte estatal, con última escala en 2021, el famoso “sendero de precios” que dejaba en 6 dólares el millón de BTU para los proyectos aprobados por la Provincia y Nación. Fortín de Piedra, en buena medida, fue producto de ese respaldo, que llevó la producción neuquina de gas a valores que no se registraban hacía una década (lo que ocurre ahora).

Pero pasaron varias cosas. Juan José Aranguren, que había impulsado ese subsidio tras un acuerdo con el gobierno neuquino, los sindicatos petroleros y las productoras, dejó su puesto en medio de la creciente presión por los tarifazos en el sector energético. Fue reemplazado por Javier Iguacel, quien se subió a la ola del shale neuquino, con recurrentes visitas a la provincia. Era la era posacuerdo con el FMI, que a continuación tuvo en su órbita casi de inmediato al subsidio. Esas sumas fueron aprobadas en el presupuesto nacional de este año, integradas a un fideicomiso. Son unos 700 millones de dólares para mantener ese aporte a las productoras. En el medio, el Gobierno osciló entre integrar nuevas áreas (y productoras) al subsidio, algo que de hecho dijo públicamente el gobierno provincial en medio de la campaña 2019. Con Iguacel fuera de la cartera energética, su sucesor, Gustavo Lopetegui, trató de negociar con las operadoras modificaciones, de modo de garantizar menos partidas presupuestarias para el aporte estatal. No lo consiguió. Pero aplicó una nueva interpretación que en los hechos frena la cantidad de aportes. Hasta ese momento era el principal motivo de discordia con la mayoría de las petroleras.

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Aplacado en parte ese malestar, Nación trató de enviar algunas señales a las productoras y transportistas del sector petrolero y gasífero. La necesidad de obras de gas para combatir el tan mentado cuello de botella de la Cuenca Neuquina permitió pensar hacia adelante. Fue así que días atrás lanzó la licitación del gasoducto a Salliqueló: una obra de 800 millones de dólares que podría descomprimir parte de la producción de shale de Vaca Muerta.

Con todo, resta saber qué ocurrirá con una obra que el Gobierno había impulsado por un decreto de necesidad y urgencia para evitar el trámite parlamentario que impusiera una espera mayor: su puesta en marcha, de acuerdo con ese texto, estaba prevista para el invierno de 2021, algo que ahora, ante la incertidumbre económica, está en un mar de dudas.

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