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Enfermera jubilada reclama a la obra social tratamiento oncológico

Le diagnosticaron cáncer en grado cuatro que hizo metástasis. Lucha para que le autoricen el tratamiento inicial que le permitiría operarse.

Con más de 36 años como enfermera en el sistema público, más dos de jubilada, tengo más que pagado mi tratamiento, señaló Marcela Esther Díaz, a quien la obra social del Instituto de Seguridad Social de Neuquén (ISSN) le rechazó el estudio que le había recomendado su oncólogo.

Marcela aclaró que no es que la obra social la dejó sin tratamiento alguno, sino que le negaron el que había solicitado su oncólogo porque era lo mejor para ella y le autorizaron otro que no se sabe cómo será la reacción en su cuerpo ni se podrá operar en seis meses de tiroides, como habían planificado con la otra medicación.

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Fue enfermera durante 36 años antes de jubilarse, gran parte se desempeñó en el Hospital de Plottier y los últimos años terminó como jefa de la salita Los hornos de la vecina localidad.

Relató que ella había sido paciente oncológica por siete años debido a un cáncer de riñón con controles cada seis meses por año. El 14 de enero de 2020 le dieron el alta médica. “Luego vino la pandemia y no tenía que hacerme controles. Mi marido tenía problemas de salud, con 21 años de Parkinson, y nos resguardamos en el hogar. No correspondía hacerme controles, a menos que fuera por mi cuenta”, explicó.

El 26 de noviembre del año pasado, en plena pandemia, sufrió un golpe inesperado. Su marido murió en la guardia del Hospital de Plottier por una neumonía aspirativa. “Sus pulmones no dieron más, estaban llenos de líquidos. No tuvo Covid. Fue muy de golpe, inesperado e impactante para mí”, sostuvo Marcela en declaraciones a LM Neuquén.

Dentro de sus afecciones, de la escoliosis severa, del uso de muletas, se encontraba relativamente bien. Ella se había abocado a cuidarlo durante el confinamiento.

Esa misma noche, empezó a notar una tos que no cesaba. “Tras la muerte de mi marido, cuando tengo fuerzas para levantarme me fui al Centro de Salud de Los Hornos, mi lugar de referencia. Ahí una ex compañera me derivó a respiratorio del Hospital de Plottier por sospecha de Covid”, contó Marcela.

Comprobaron que no tenía coronavirus y le notaron una pequeña mancha en un pulmón. Ella recordó que su primer oncólogo le había dicho que había algo calcificado, muy chico, que no era nada.

“Me dijeron que en la placa me había salido un quistecito. Lo raro es que en todo ese tiempo no había sentido nada. Se vía en la placa y lo peor para una es saber”, agregó, en alusión a sus años de experiencia en Salud.

La tomografía que se realizó en una clínica le vino a confirmar su sospecha. “Salió horrible, estaba llena de nódulos en la garganta, cuello, axila y en la zona pectoral.

La consulta con el oncólogo, el laboratorio, la radiografía de pulmón, la biopsia y los informes de los nódulos le confirmaron que tenía cáncer en fase cuatro y metástasis.

“Después que me confirmaron el cáncer, apareció un nódulo en la clavícula, la desfiguró. Era una bola, luego otra en el cuello, después ganglios y unas venas sobresalidas en la zona pectoral y en los brazos”, detalló.

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Lo que más le llamó la atención es que se sintió sana todo ese tiempo y cuando se produjo ese schock emocional, tras la muerte de su marido, comenzaron a manifestársele los primeros síntomas.

“Despertó después de su muerte. Antes yo estaba abocada a él, a sus cuidados, a que le llegara la medicación, la cuidadora, a acondicionar la casa para su estado de salud”, agregó.

El oncólogo le dijo que le daría un tratamiento para hacerle frente al cáncer. “Me dijo que me introduciría como un anticuerpo para que se camufle y que haga como que el tumor no esté. Mientras tanto las pastillas de quimio irían actuando. Me dijo que lo mío era incurable, que de por vida tendría que seguir el tratamiento porque el pulmón no se podía tocar”, describió Marcela.

Me dijo que iba a hacer lo posible para que tenga una buena calidad de vida, que la medicación no me iba a provocar caída del cabello, ni que iba a padecer vómitos”, le dijo y le aseguró: “Este tratamiento es muy bueno, el mejor para vos. Dos comprimidos por día y cada 21 días se le aplicaría quimio”.

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Con esa frase en su cabeza, Marcela se sintió algo aliviada. Pero pasaron los días y no tenía novedades de parte del ISSN. Se enteró por su oncólogo que no le habían aprobado el tratamiento. Sostuvo que el oncólogo le recomendó empezar con ese otro tratamiento alternativo mientras lucha para que se revea su caso y logre su medicación adecuada.

“Llevo tres días con este tratamiento que me fue impuesto, el primer día tuve diarrea. Con el tratamiento inicial me iban a operar de tiroides en seis meses, con este no lo tengo asegurado”, observó.

Señaló que ayer la atendieron en el ISSN y le dijeron que su oncólogo no había sido contundente. “Le echaron la culpa al doctor porque no había sido contundente y porque científicamente no lo había comprobado y que había aceptado este otro tratamiento cuando no fue así”, agregó.

Pedirá una segunda opinión la próxima semana y el ISSN la iban a evaluar. “Quiero que me evalúe un medido en Neuquén, un auditor. Al parecer el laboratorio no me ayuda para reunir los criterios de una medicación. Me dicen que no tengo anemia ¿Debería tener? Me tengo que dejar morir para que me lo den”, se preguntó Marcela.

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