Enrique Plantey: "Vivo mi vida sin ninguna barrera"

Sobrevivió a un accidente. Hoy es un deportista de alto rendimiento.

Sofía Sandoval / ssandoval@lmneuquen.com.ar

Cuando tenía apenas 11 años, un auto atropelló a Enrique Plantey y le quitó demasiadas cosas: le arrebató la vida de su papá y de su hermano, la sensibilidad en las piernas y su capacidad para caminar. Sin embargo, su proceso de recuperación le otorgó la disciplina y la tenacidad que lo llevaron a ser un esquiador de elite y el abanderado argentino en los últimos Juegos Paralímpicos de Invierno en Corea del Sur.

El vínculo de Enrique, de 35 años, con los deportes comenzó en sus primeros años de infancia, cuando jugaba al fútbol con sus amigos del barrio en Loncopué. “Mi papá hacía fútbol pero no sé a quién salí tan deportista”, dice y levanta sus cejas espesas en un gesto de complicidad.

Pero las disciplinas tradicionales se acabaron demasiado pronto, en uno de los típicos viajes que hacía su familia hacia Loncopué desde Neuquén capital, donde se habían instalado para que su papá cumpliera con su rol de diputado provincial. En el trayecto, se bajaron para saludar a unos amigos en la ruta, a la altura de Senillosa, y un auto con el capot abierto los atropelló.

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Enrique recuerda el accidente como flashes disociados que luego reconstruyó a partir de otros relatos. Un calor agobiante que lo aplastaba cuando estaba tendido sobre la ruta. Corte. Autos que frenaban para socorrerlos. Corte. Dos manos anónimas que le sostenían la cabeza y una voz que rezaba por su vida. Corte. Hospital de Senillosa y Castro Rendón. Corte.

A diferencia de su papá y su hermano, Enrique sobrevivió al accidente pero tuvo una lesión en la médula que le quitó la movilidad en las piernas. En su etapa de rehabilitación en Neuquén ganó 30 kilos y fue entonces cuando viajó por casi 5 meses a Cuba para hacer un tratamiento.

Las ocho horas diarias de gimnasio forjaron en él un hábito que lo llevó, en su regreso a la Argentina, a buscar un kinesiólogo cubano para seguir la misma técnica. “Lo hacía por cuidar mi cuerpo; no pensaba en competir”, reconoce.

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Enrique tomó el accidente como un giro inexorable del destino y mantuvo una actitud positiva que lo llevó a fanatizarse por la actividad física. Así, conoció el esquí adaptado y se entusiasmó con la posibilidad que ofrece ese deporte de manejarse solo en la montaña. Comenzó a entrenar en el Club Lácar, en San Martín de los Andes, y en dos años se preparó para competir en Sochi, en los Juegos Paralímpicos de Rusia en 2014.

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Fue entonces cuando conoció a su entrenador, Martín Carnaghi, y se enfocaron en los Juegos que se disputaron este año en Corea del Sur, donde Enrique fue abanderado de la delegación y se consagró como el 11° mejor del mundo. “Tuve la posibilidad de ver mis carreras y veo que, incluso cuando me caí, esquié bien”, relata.

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Desde su reciente regreso al país, el deportista se tomó un merecido descanso y retomó su trabajo en el Consejo de la Magistratura. Pero ya piensa en su próximo objetivo: los Juegos de Beijing, que le exigirán hacer temporada en la cordillera neuquina y en Europa. Así, seguirá con un deporte que iguala porque todos, sientan o no las piernas, tienen un esquí debajo.

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