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La Mañana escuela

Enriqueta Bucurúa, Maestra Normal Nacional de considerada labor en la escuela 125

Repasamos su importante labor docente. Su esposo don Joaquín Pardo hombre de actuación en la Municipalidad, cuando se trataba la cimentación de la ciudad neuquina.

Ya establecimos, en escritos anteriores, que a comienzos del siglo XX arribaron a nuestro territorio mujeres que contribuyeron a forjar los cimientos de la educación territoriana. Provenían de diferentes provincias, en las que se habían formado en las viejas Escuelas Normales dependientes de la Nación.

Enriqueta Burucúa nació en Capital Federal el 28 de septiembre de 1912 y arribó a nuestra provincia en la primera mitad de 1935 para trabajar como maestra en la escuela Nº 60 de Plottier, cuando la señora de Tarruella era su directora: allí tuvo como compañera a Hortensia Gabbiani, entre otras.

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Lejos había dejado Enriqueta las comodidades que le brindaba su Buenos Aires natal, como luz eléctrica, gas y agua corriente, para reemplazarla por la vela, la leña y el agua de paso. En esta localidad tuvo como alumnos a hijos de veteranas familias de la zona, como Battilana, Bolinger, Zabaleta, entre otras.

Tuvo oportunidad de conocer al doctor Alberto Plottier, al que admiraba profundamente por su labor en el establecimiento Los Canales y por su preocupación por los problemas de la sociedad local.

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Enriqueta con otra maestra, Ana Jurado.

Enriqueta con otra maestra, Ana Jurado.

La escuela Nª 125

En 1942 Enriqueta llegó a Neuquén como maestra fundadora de la escuela Nº 125 junto al director Emilio Bustamante, padre del conocido cardiólogo Jorge Bustamante: este colegio emplazado en la zona oeste de la ciudad, “La quinta 14” , donde los ranchos, los cardos rusos, las bardas, el viento y los montículos de tierra eran su paisaje y hábitat natural.

Enriqueta alquiló una casa en la calle Bouquet Roldán. Es necesario recordar que, como el Ministerio de Educación de la Nación poco se acordaba de las escuelas territorianas y el dinero no se giraba para el pago del alquiler, el señor Bustamante se encargaba de abonarlo.

Cuando Emilio Bustamante falleció, Enriqueta quedó a cargo de la escuela hasta tanto fuera designado el nuevo director. En 1947 se casó con Joaquín Pardo, que era empleado de la Municipalidad de Neuquén. Tuvieron 3 hijas: Graciela, Beatriz y María Enriqueta, Marita, que les dieron nietos y bisnietos.

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Enriqueta con colegas maestras en la Escuela 125.

Enriqueta con colegas maestras en la Escuela 125.

Algunas docentes compañeras de Enriqueta en la escuela Nº 125 fueron: Rosalía de Alizzeri, Nelly de Galardi, Blanca Haydée Lucero de Molins, Diana Mazzaro, Iris Simonelli de Ross, Raquel Choquich, Alicia de Varela, Margarita Camerlo, Nélida Álvarez de Del Pin, entre otras. Un recuerdo especial para Amanda Adolfo, la maestra de piano de la escuela, de quien dicen “cantaba el Himno Nacional Argentino a capella’ en la Plaza Roca los días festivos”.

La vida en la escuela:de acuerdo con el relato de sus hijas “la escuela fue su casa y los alumnos su desvelo”. Desde su lugar de maestra de grado, transmitió conocimientos a los niños vecinos de la escuela y que concurrían a ella.

La jubilación llegó en 1960, mientras cumplía sus labores en su querida escuela Nº 125, pero su despedida nunca fue definitiva ya que permaneció ligada a ella. Cuando la escuela cumplió sus Bodas de Oro en 1992, Ernestina concurrió a los festejos ya que un aula llevaba su nombre.

Fue una verdadera servidora pública, esto lo demostró cuando asistía a los niños de la ciudad para que concurrieran a la Cooperadora Conrado Villegas pues allí funcionaba el comedor escolar. Además, formó parte de los grupos de ayuda para los inundados de los aluviones, tan frecuentes en aquellas épocas.

Enriqueta falleció en agosto del 2000, en la serenidad de su hogar y sin haber perdido su vivacidad, su amor por la vida y por el hábito de la lectura.

Hoy la homenajeamos con amor y respeto. Ella está inscripta en el largo listado de todas aquellas Maestras Normales Nacionales que, radicadas en nuestra provincia, supieron dejar huellas en la educación y, algo mucho más importante, en la vida de los cientos, miles de niños y niñas que luego construirían el Neuquén de ayer.

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