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La Mañana Christian Petersen

Christian Petersen contó su verdad sobre el día del ascenso al Lanín: "Bajé feliz, me ataron y no recuerdo más"

En diálogo con La Nación, el reconocido chef hizo estremecedoras revelaciones sobre la descompensación que sufrió en el volcán Lanín.

Christian Petersen vive otro momento de su vida luego del episodio en el volcán Lanín que marcó un antes y después en su historia. La descompensación cuando transitaba su experiencia de subir el espacio histórico por la cual tuvo que transitar un largo período internado en el Hospital Ramón Carrillo de San Martín de los Andes en el que luchó por su vida.

Ya recuperado de la situación, el famoso chef atraviesa su vida con otra mirada. En un diálogo profundo con el diario La Nación, contó detalles sobre el episodio, el informe que mostró los motivos de la descompensación, su sobrecarga laboral y otras revelaciones estremecedoras.

Las textuales de la entrevista con La Nación

La idea de escalar al volcán Lanín: Había ido a San Martin de los Andes un mes antes a hacer una comida para una fundación que dirige Tommy Petersen, que además de ser mi tío era mi ídolo de la infancia: jugaba en Los Pumas y fue el primer deportista que siendo amateur llegó a esos niveles profesionales. Hace 2 o 3 años voy a ayudar a la fundación y este año dije “voy a volver el mes que viene a probarme con la montaña”. Justo en una de las charlas de la comida me habían contado que era una buena época para subir el Lanín. Mi idea era hacer dos días de descanso, subir el Lanín y después dedicar dos días a charlar con Tommy, porque descubrí que más allá de ser mi ídolo es una persona que me hace muy bien escucharla. Pero fui a eso, a probarme con el Lanín. Yo no lo conocía.

Petersen

Su experiencia en escaladas: No. Había hecho todos los refugios de Bariloche, los típicos. Pero yo entreno todos los días 2 o 3 horas y, si bien es cierto que el último año me dediqué mucho a trabajar, estaba reentrenado. No fue un problema de falta de entrenamiento. Quizás sí fue un llamado de atención para escucharme más. A la mitad de la subida vi que había mucha gente en el cerro y me quise bajar. El guía me dijo “te conviene seguir” porque ya estábamos ahí. Llegué a la base donde se hace la previa antes de hacer cumbre y el guía me dice “mañana hacemos cumbre”. Le respondí: “no, mañana yo me vuelvo a casa, porque no es lo que yo me imaginaba”.

Pensé que íbamos a ir en un grupo muy reducido. Que iba a estar en silencio. Había tenido un año muy difícil. Se había muerto un socio mío dos meses antes. Fue durísimo para toda la empresa y para mí personalmente. Él ya sabía hacía un año que le quedaba poca vida y lo acompañamos con toda la familia Petersen y yo en lo personal mucho. Fue un golpe duro. También tuve un tema en diciembre medio violento, con gente del sindicato que me amenazó con armas. Estaba reestresado. Y la verdad es que con todo eso se me hizo un combo medio depresivo. Además, yo a veces tengo un tema de ataque de pánico: cuando estoy con mucha gente mucho tiempo me agarra una cosa de querer estar a solas. Y me pasó que cuando subí al Lanín parecía la 9 de Julio. Sí tengo algo lindo para decirte es que cada grupo que pasaba era “¡chau, Petersen, suerte”. En el grupo éramos ocho: subieron siete por un lado y yo subí con un portador a solas, para tratar de hacer un poco de silencio. Pero cuando llego a la base había 40 personas y en la carpa éramos diez. Todo el mundo quería charlar de cocina, yo de las flores que había en el volcán. Y la verdad es que a la noche me agarró un poco de claustrofobia —dicen que te agarra un ataque de la montaña por la falta de aire—, y me quise bajar. “Ahora no podés —me dijo el guía—. Dormí con nosotros, mañana a la mañana bajá”. Me agarró entonces un “me quiero bajar ya”. Por suerte en el grupo me comprendieron. Había una azafata de Aerolíneas, Julieta, que tiene manejo de los ataques de pánico que le agarran a la gente en los aviones y me calmó. Me fui a dormir. Al otro día, bajé. Es más, bajé corriendo, feliz. Le dije a mis hijos, si me moría en la montaña haciendo deporte... quiero vivir… pero un poco es lo que hago todos los días. Quizás me puse demasiado al límite, quizás no me escuché. Tendría que haberme hecho un chequeo mejor al que me había hecho. Y ahora esto se suma al diagnóstico del Hospital Alemán: en la última tomografía computada apareció que estaba con neumonía. Y había estado en Brasil 20 días antes y me había agarrado una intoxicación, un posible zica o dengue. Con todo eso más el ataque de pánico y la montaña, caí.

El sentimiento de tener un ataque de pánico en el refugio: Sí… en realidad, es difícil decirlo. Me agarra que tengo que estar en silencio y con poca gente. O cuidando un poco la energía. Te voy a contar algo. Cuando salía del hospital yo casi no podía caminar. Salí a las 11 de la noche y viene una señora y me dice "me puedo sacar una selfie, ¡estás vivo!". "Nos sacamos una selfie, pero yo no puedo ni caminar", le dije. Ser conocido tiene un montón de cosas a favor, pero hay un momento en que necesitás un poco de privacidad, de silencio. Y es muy difícil ese oximorón de “vivo de esto pero a veces me hace mal”. Es un poco lo que me pasó en la montaña, al límite.

La bajada del volcán Yo bajé feliz. Cuando llego, me dicen “estás acelerado”. “Yo estoy igual que siempre”, pensé. Son las mismas ganas de vivir que cuando hago un evento, cuando trabajo. No sentí que estaba sobreexigido. Yo quería bajar además, necesitaba bajar, así que bajé muy manija todo el camino. La bajada del volcán fue al amanecer. Junté flores —a mí me gusta mucho el tema de las flores—, llego y veo a la prefectura. Me llevan al lugar y ahí me quedé como una hora en la base. Vino una ambulancia, me dijeron “che, estás acelerado”. Y me llevaron al hospital.

Claramente ellos vieron que me agarró un ataque de pánico, que me quería bajar, que podía haber hecho cumbre y dije que no, que quería estar a solas. A mi grupo de ocho personas yo les pedí muy amablemente “che, yo quiero estar en silencio”. Por ahí me equivoqué. Yo subí en silencio, dormí en silencio, hasta que me agarró ese encierro. Pero físicamente yo estaba bien. El tema es que cuando bajé me midieron las pulsaciones y tenía una arritmia que habría que ver desde cuándo la tengo, porque para mí yo estaba normal. Estaba manija como estoy la mitad de mis días. Y eso es lo que tengo que empezar a regular.

En la montaña estuve una hora en la base hablando con todo el mundo. Llega la prefectura y me dice “tenés que bancar un rato que viene la ambulancia a chequear”. Llega la ambulancia, me pusieron un suero, me llevaron al hospital. Cuando llego me dicen “estás con arritmia, no te asustes, te vamos a medicar”. Y ahí me ataron y me medicaron. Y ahí hay 30 días en los que no sé qué paso.

Christian Petersen

Su último recuerdo: Eso es lo último. Después me acuerdo que me desperté en el Hospital Alemán. Con mi hijo, mi mujer y mi mejor amigo diciendo: “escuchá, casi te morís”. Recién voy tres semanas desde que me dieron el alta. Hoy [lunes 26 de enero] se cumplen veinte días y recién ahora estoy recopilando las cosas manchadas, horribles, necias que dicen de mí. Cosas que no son.

El recuerdo de cuando despertó: Me agarraron muchas ganas de vivir. Me desperté sintiendo mucho amor. Mi familia entraba mucho a la terapia a darme energías. También un médico que se llama Víctor Perrone, que es una eminencia y era el médico de mi madre; él siempre estuvo sobre la gente de San Martín, que fue extraordinaria. Me mantuvieron vivo quizás no con todas las herramientas pero sí con mucho humanismo. Después, por lo que me contaron, me mandaron a Buenos Aires en un avión privado. Mi familia y mi equipo consiguieron 15 aviones privados para traerme a Buenos Aires. Y caigo en el Hospital Alemán, en la Unidad Coronaria. Con la ayuda de Perrone y de todo el equipo del Alemán, y yo un poco más despierto, logro esta recuperación que creo que, más allá del laburo infernal de los médicos, es porque tengo un buen corazón y muchas ganas de vivir.

Yo lo veo a Luis Novaresio cuando hace entrevistas. No le prestaba atención, pero él siempre termina preguntando “¿te morís y qué?”. Y la verdad es que si yo me moría en el Lanín —no tengo ganas de morirme— dejo tres hijos maravillosos, una familia divina, una mujer cariñosa y muy bien acompañado. Cuatrocientas familias que me dieron el apoyo, un montón de empresarios de lugares que trabajo y que me renovaron las energías y las cosas buenas. Pero trabajar en la tele implica que hay una parte amarilla. Y la gente que no es amarilla no sabe que no hay que darles bola, que se agarran de pavadas, de malos mensajes. Yo soy manija, al trabajo, al deporte, a hacer cosas de más. Eso que no te quepa la menor duda. Sí tengo que aprender a escuchar más a mi familia, ellos todo el tiempo me piden que pare, que labure menos, después me piden plata [se rie]. Mi equipo está muy preparado: cuando me pasó esto, la empresa siguió funcionando, quizás incluso mejor. Y eso te diría que es la parte buena. Y después la parte mala, que yo ya sé que es así. Me duele, no la comparto, no entiendo cómo mienten tanto. Por ejemplo, mi mujer nunca subió al Lanín... Hay un guía que habla y no es el guía...

Las acciones que le generaron malestar: Hay una periodista que está hablando todo en potencial…

Primero que se mete con la vida privada. No me conoce. Nunca me cruzó por Libertador andando en bici y no sabe de mi pasión por el laburo, por dar trabajo. Meterse con algo privado… no entiendo cómo laburan de eso. ¡Y después en las redes! Soy bastante activo en las redes, tenemos un millón y medio de seguidores entre todas nuestras redes, y salen diez haters y decís “¿este pibe qué hace?”. Es perder el tiempo escuchar palabras necias. Sé que es parte del laburo. Pero no entiendo tanto enojo. Conozco a los periodistas del espectáculo. Todos me llamaron con buena onda: Marina Calabro, Jony Viale, Luis Novaresio… “¿Querés hablar?", me preguntaron. Mirá, yo quiero hablar de lo que voy a hacer, de cómo voy a ser mejor persona y salir adelante.

Tengo todavía mil mensajes sin contestar. Médicos que se ofrecieron, empresas con las que trabajo haciéndome pronto pago porque sabían que estaba internado, con todas las marcas estamos bien. Nosotros tratamos de que siempre hable nuestro trabajo. Tenemos más de 56 años de una trayectoria que empezó con mi madre. Yo ya llevo cuarenta. Ahora, sí es verdad que es una mancha con mucha amplificación. Y todo el mundo me pregunta, “¿che…?”. Y la verdad es que no. Pero la duda está y es un embole.

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Christian Petersen está de novio, pero...

Christian Petersen está de novio, pero...

Sobre un comunicado de la asociación de guías de montaña que decía que había explicado que era prepotente: No, todo mentira. Con los cuatro o cinco con los que subí les pedí perdón. Me enojé con uno, que era un amigo de un amigo mío, que le pedí que abriera la carpa y él la quería cerrar. Y roncaba como un oso: “¿Che, podés dejar de roncar?”. Que hablen con el guía, que una semana antes había sido un héroe, que había salvado a dos personas en el Lanín. Y a mí también me salvó. Esos son los que saben. No vi qué dijeron de la asociación de guías, pero vi que hay un guía que dijo que yo subí a sacarme selfies, ¡y yo no tenía ni teléfono!

Fui sin teléfono, porque fui a un lugar de retiro de silencio. Había ido a hacer cumbre al Lanín y hacer trekking al otro día con Tommy. Ni selfies, ni redes, ni marcas, ni nada. Cuando opinan sin saber, decís “llamame”.

Sobre el diagnóstico sobre la causa del episodio: Me dicen que se juntaron varias causas. Estaba intoxicado en Brasil, dicen que puede haber sido dengue o zika; tenía un virus en el corazón, o sea que ya tenía el corazón un poco inflamado; veinte días antes me había hecho una radiografía y [mostraba que] estaba saliendo de una neumonía… Más el estrés, más la montaña, fueron cinco factores que hicieron que fallara. Bajé muy rápido y eso desató una arritmia altísima. No me dijeron cuántas pulsaciones, pero muy altas. Y ahí me llevan al hospital, ven que estaba con una arritmia terrible y me bajan a cero. Mi corazón se relajó y ahí fallaron todos los órganos. Me ponen en respirador y ahí arranca el trabajo maravilloso de los médicos.

Su post internación: Salí con mucha dificultad para caminar, con muchos temblores en la mano. Te diría que al 5% de lo que soy físicamente. Voy mejorando casi un 10% por semana. Ayer quise agarrar la bici y no la pude levantar, y yo hacía todos los días 60, 70 kilómetros. Hoy estoy al 20%, aprendiendo a reeducar mis neuronas, mis nervios, mis músculos. Perdí casi 18 kilos. En la terapia perdés mucho músculo. Entonces estoy ahora rehabilitando mis músculos. Por suerte, en mi casa había sacado el living hace un par de años y tengo un gimnasio. Cuento con uno de mis hijos que es bastante deportista y está entrenando conmigo. Otro hijo sale a caminar conmigo, y con otro con el que trabajo hace cuatro años logré, porque casi me muero, que venga a la mañana a charlar conmigo. Te digo la parte buena. Logré que mi mujer esté contenta en Areco con su proyecto: vamos y venimos los dos. Me estoy tomando los sábados y los domingos de descanso. Trabajo menos y más tranquilo. Creo que estoy mejor que antes. Pero no tengo más rueda de auxilio.

El efecto que causó el episodio en su episodio: hace tres semanas midiendo con el reloj en cuántas pulsaciones estoy. Qué me hace bien y qué me estresa. Yo tengo una teoría de que la salida siempre es por arriba, haciendo más de lo que quiero hacer, escuchándome más, tratando de ir un poco más despacio. Apoyarme más en la gente que me quiere, en mi equipo. Me apoyo en la gente que está en las malas cuando todo se para, no con los amigos del campeón. Y después están los necios: el guía que no es guía y dice que fui a sacar selfies, que a mí no me hable. La periodista de chimentos que hace malos chimentos… porque además podía contar que no fuimos juntos con mi mujer porque nos peleamos dos días antes. Es mucho más divertido eso que mentir que fue conmigo.

Christian Petersen

Su sobrecarga en el trabajo: Me di cuenta de que trabajo demasiado, que si tengo algo malo es que no puedo dejar de trabajar. Es un gen que tenemos con mis hermanos. Aprendiendo a ser más cauto con los trabajos y viendo si delego toda mi parte antigua de la empresa, que son más de 400 personas, y ver si hago foco en tres o cuatro proyectos nuevos que tengo. Lo bueno es que en lo nuevo yo puedo poner mis condiciones.

Pondría como nuevas condiciones que los viernes y sábados son innegociables. Mis mañanas tranquilas, mis charlas con mi mujer y mi ahijado. Tener tiempo para ver a mis hijos crecer. Soy abuelo desde hace un par de meses y quiero ver si puedo aprender a ser abuelo y no un abuelo laburador. Y ver si puedo ser un mejor ejemplo. Porque si fui tanta nota es porque en algo soy ejemplo. Muchos cocineros me escribieron, muchas generaciones que aprendieron viendo El Gourmet. Los Petersen somos los Simpsons de El Gourmet: hace 20 años que estamos y en marzo sale un programa nuevo sobre las milanesas.

Fue muy emocionante volver a los restaurantes y ver a mis mozos, a mis cocineros, algunos llorando. Ver a un gaucho que trabaja conmigo hace 25 años, que es de lonja y recado, que se le caiga un lagrimón al verme vivo. Yo no puedo mensurar lo que pasó, porque yo no veo redes, casi no veo tele y no me interesa ver qué dijeron. Yo sé lo que soy y lo que hacemos para adelante. Pero se ve que estuve complicado.

Sus nuevos proyectos: Con un restaurante nuevo en la Ruta 9. Es un proyecto que me súper apasiona, la idea es hacer un evento de prensa en Expoagro para mostrar lo que va a ser y abrir en agosto. Es un restaurante de cinco hectáreas sobre la ruta entre Rosario y Buenos Aires, donde vas a poder ver las vacas comer, vamos a tener una panadería, una carnicería y un restaurante para comer al paso y otro para sentarse. Hace treinta años que ando por la ruta recorriendo campos y creo que es un lugar donde yo iría. Lo otro que me entusiasma es que estoy en charlas con YPF para desarrollar una cocina tradicional, de campo, familiar, que llegue a las estaciones de servicio. Con las universidades con las que trabajo [llevando adelante sus comedores] estamos viendo cómo vamos a plástico cero y cómo tratarnos mejor, para que eso se note en la comida, porque cocinar cocina cualquiera. Por otro lado, estamos haciendo el 15 de marzo un simposio para charlar sobre cocina argentina. Es un acto sin sponsors, en el que participan desde Aramburu, Narda, Javier del Papagallo, Miguel Zuccardi hasta, Juan Caparros. La idea es formar un consejo de cocina, que nos juntemos todos los años.

Sobre si le quedaron ganas de subir al Lanín: No [se ríe]. Las barrancas de San Isidro son las únicas montañas que voy a subir. “Volvemos el año que viene”, me dijo el guía. No vuelvo ni loco. Dejame al lado del río, de la barranca. Confirmé que soy un camalote, sanisidrense a morir.

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