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La Mañana Cuenca XV

Exploran la barda por la inclusión de los chicos del oeste

Un padre preocupado por la violencia organizó caminatas y otras actividades.

Ana Laura Calducci

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Hace un año, Jorge Ancafil veía cómo sus hijos y los chicos de los alrededores se peleaban. Él recién se había mudado a Cuenca XVI y no sabía cómo ayudarlos a crear lazos, dejar atrás la violencia y las tardes de ocio en la calle. Miró alrededor y sólo había bardas, así que los invitó a caminar. Sin planearlo, ese día inauguró el proyecto de trekking Lagartos del Oeste, que hoy reúne a 30 peques de barrios muy distantes. Juntos, exploran con sus linternas, trepan las rocas, descubren animalitos y viven aventuras inolvidables sin salir de la ciudad.

Jorge estuvo en el Ejército y trabaja como bombero, lo que le permite darse maña con la organización de las caminatas. Les enseñó a los chicos que hay zonas con distinta dificultad y las ordenó por colores. Los puntos rojos son los peligrosos; ahí no se puede correr ni saltar, sólo caminar con cuidado. En los verdes, los pibes pueden dar rienda suelta a su energía.

"Cuando nos mudamos había mucha rivalidad, más que nada con los de Esfuerzo, un sector carenciado al que nadie les hizo sus casas, así que cada dos por tres les querían pegar a mis hijos y me metí a ayudar, pero no sabía qué inventar", contó Jorge. Como no le gusta el fútbol y no quería promover un deporte competitivo, "se me ocurrió salir a caminar a las bardas, ahí vi que hay lugares buenísimos para hacer trekking", dijo.

Empezó una tarde fresquita de junio "con mis nenes y unos amiguitos, después vinieron más y hasta salimos en la tele; ahí empezaron a llegar papás con chicos de todos lados, los de más lejos vienen de Progreso". Los pibes se divierten persiguiendo lagartijas y revisando charquitos. Para ellos, las bardas son un mundo exótico, en el que pueden ser protagonistas de su propia película de acción. Pero también aprenden. La consigna es disfrutar de la naturaleza sin ensuciar, colaborando entre todos para pasarla bien.

Este año se sumó al grupo Diego, el hermano de Jorge, y en las últimas caminatas empezó a colaborar una maestra. Salen todos los sábados a las 17 desde la plaza de Cuenca XVI, con un grupo que oscila entre 15 y 30 chicos, de 6 a 16 años. Consiguieron el respaldo de la Subsecretaría de Deporte y Juventud, que les entregó linternas frontales y la cobertura de un seguro.

El 9 de Julio de este año, participaron de su primer desfile y los peques se pusieron como locos cuando los nombraron por el parlante. Jorge no puede creer lo que logró sólo con voluntad y dedicación.

Por eso, irá por más: busca fondos para hacer excursiones. "Cada año les decimos a los chicos que, si tienen buenas notas en la escuela, nos vamos a El Chocón o donde sea, como incentivo para que estudien", detalló. No sabe hasta dónde lo llevará este proyecto pero está dispuesto a descubrirlo. Los sábados a la noche, cuando los peques vuelven a casa cubiertos de tierra y felices, se convence de que valió la pena involucrarse y dar el primer paso de lo que promete ser una gran aventura.

Feliz Día del Niño

Para el Día del Niño, los profes de Lagartos del Oeste organizan una jornada especial, en la que los chicos puedan practicar rapel y tirolesa sobre las paredes rocosas de las bardas. Este año, el grupo hizo una salida con elementos de escalada con la colaboración de la asociación Agreste Sur, que aportó los equipos y el conocimiento técnico. En abril los niños quedaron alucinados con las sogas y los arneses. Para muchos, era la primera vez que vivían una experiencia así.

La idea es ampliar la convocatoria a todos los niños que se sumen.

Para ir sólo hacen falta zapatillas

Para salir a recorrer las bardas del norte de la ciudad con los Lagartos del Oeste, los únicos requisitos son tener un par de zapatillas cómodas y ganas de caminar. Cada chico lleva una linterna por si los sorprende el atardecer, una botellita de agua y, si tienen ganas, cargan en sus mochilas alguna pelota o equipo de mate.

Hay pocas nenas en el grupo, porque por ahora faltan voluntarias mujeres que las acompañen en las salidas. Los padres que quieran sumarse al recorrido lo pueden hacer también, no hay restricción de edad ni de cantidad de personas.

Los profes organizan cada salida minuciosamente. Llevan con ellos un botiquín, que fue una donación de una mamá, y bastante repelente para ahuyentar los insectos que habitan en la barda. Los profesores también van incorporando actividades extra para romper la rutina, como la búsqueda del tesoro o una choripaneada. Las caminatas se hacen todas las semanas y sólo se suspenden si hay mucho viento o lluvia.

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