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Explosión en Aguada San Roque: "Despedí a mi marido con un beso sin saber que era el último"

Claudia Piedrabuena y Marcela Altube, esposas de Mariano Spinedi y Nicolás Francés, contaron cómo se enteraron de la trágica noticia y cómo intentan superarlo. "Lo había soñado la semana anterior", aseguró Claudia.

Desde hace un año, los 29 de cada mes son días imposibles para Sonia Francés, mamá de Mariano Spinedi y hermana de Nicolás Francés, ambos víctimas fatales de la explosión en la Escuela 144 de Aguada San Roque, a raíz de la cual también murió la docente Mónica Jara, trece días después. Las ventanas de su casa en Mendoza capital están cerradas todo el día y casi no sale a la calle. Dejó de ver a sus tres nietos, quienes por la muerte de su papá perdieron el último año escolar. La mamá de ellos y esposa de Mariano, Claudia Piedrabuena, vive nerviosa y sin poder dormir, mientras la esposa de Nicolás, Marcela Altube, intenta construir su nueva vida y se mudó de Neuquén a la casa de su mamá y su papá, en Villa Manzano.

Desde el 29 de junio de 2021, a las familias de Mónica, Mariano y Nicolás las invade una tristeza profunda que es difícil de explicar y poner en palabras. Tanto que -a excepción de la mamá de Mónica- en el último año se mantuvieron alejadas de los medios de comunicación y prefirieron el perfil bajo. Ahora les cuesta hablar, pero eligen hacerlo a pesar de todo.

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“Si yo no prendía el tele no me enteraba y todavía lo estoy esperando a mi marido en casa. Yo vi el cartel de la explosión de la escuela y llamé a mi mamá y le dije ‘gorda, se me murió el Nico’. No me preguntes por qué. Justo mi papá tiene gente conocida en ese paraje, así que llamó y sí, se confirmó la teoría. Nadie me avisó”, recordó Marcela en diálogo con LMNeuquén. De la misma forma, fue ella quien a la noche llamó por teléfono a Sonia para darle la trágica noticia. Y, así, se enteró Claudia. “Yo ya lo sentía, lo había sentido la semana anterior, le había preguntado si estaba bien y me dijo ‘sí, estoy bien’. Pero tenía mucho miedo, lo había soñado, lo llamé y le pregunté si estaba bien. Soñé como un aviso de algo. No sé si era evitable algo, pero no lo pudimos evitar. Todos los días uno piensa que va a volver, que va a venir, porque no vimos el cuerpo”, rememoró.

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Tal como contaron, la noticia de la explosión y del fallecimiento de ambos no se dio por vías oficiales y luego tampoco tuvieron contacto con ninguna autoridad del Gobierno provincial. En el caso de Claudia, al arribar a Neuquén desde Mendoza, la única conexión fue con el sistema de salud, a través del equipo de contención y asistencia psicológica. “Si bien nada cubre esta falta y el dolor siempre lo llevás y no hay día que no te dé bronca lo que pasó, obviamente sí nos hubiera gustado que por lo menos alguien (del Gobierno) te diga algo, que piense en ellos, un contacto de parte de ellos”, consideró la mujer. Marcela se expresó en un sentido similar: “Nadie se contactó. Fueron tres personas, no eran tres muñecos de cartón. No sé si me hubiese gustado (que se contacten) porque para tanto dolor nada sirve de parche. Yo puedo hablar de cómo yo hubiese actuado en una situación así”.

“No quiero meterme con el tema político, no me interesa porque es darle protagonismo a algo que es muy doloroso y traumático para mí. Pero como seres humanos me parece que no estuvieron a la altura de las circunstancias. Digo como seres humanos, y evidentemente como funcionarios no funcionaban porque, si no, no hubiese pasado esto”, agregó la mujer, quien trabaja como docente en el CPEM 44, y consideró que “para el Gobierno es una mancha más, un muerto más en la escuela”.

“Despedí a mi marido con un beso sin saber que era el último”

“Yo ese día lo despedí a mi marido a las 6 de la mañana con un beso, un abrazo y ‘nos vemos a la tarde’, sin saber ninguno de los dos que ese era el último beso y el último abrazo”, recordó Marcela, ya quebrada y con el llanto atragantado, casi al terminar la entrevista y después de contar que está “aprendiendo a vivir de nuevo”, como si acabara de nacer.

Desde que ocurrió la tragedia, se mudó de Neuquén a Villa Manzano, a la casa de su mamá y su papá, donde está contenida, y también sale adelante gracias a sus hermanos, sobrinos, amigas y compañeras de trabajo que “no me dejan sola nunca”. También va a la psicóloga aunque reconoció que muchas veces “das un pasito para adelante y cinco para atrás”.

Tanto ella como Claudia se mantuvieron, hasta el momento, al margen de lo mediático y sin ánimos de exponerse. “A mí me gusta ser de perfil bajo porque yo no soy protagonista de esto. Los protagonistas lamentablemente no están entre nosotros. Pasa por el cuidado mío, emocionalmente te pasan muchas cosas que a veces no las podés describir, entonces es como que preferís quedarte lejos para poder tener otra visión. Porque sé que estoy sola. ¿Y si yo no me cuido, quién me va a cuidar?”, explicó Marcela. Y agregó: “Yo hoy estoy entera, tengo mis altibajos pero son momentos. Esto es un día a día. Hay días que soy un mar de lágrimas y otros días que sale el sol y el sol me alegra, pero no todos los días son así, no es fácil de digerir”.

Más allá de su distanciamiento en el tema, este miércoles 29 encabezará la marcha provincial convocada por el gremio docente ATEN junto a los otros familiares de las víctimas. “Yo necesito estar ahí para agradecerle a todas las personas que sin conocerme se han movilizado desde el primer día. Voy a agradecer semejante acompañamiento”, afirmó.

“Es difícil ver a los chicos sin sonrisas”

“A veces una tiene que ser fuerte porque la peor parte la tienen los chicos. Es difícil verlos sin sonrisas, sin ganas de nada. Perdieron el año escolar porque no tenían ganas. Y como mamá cuesta mucho sostenerlos todos los días. Ahora festejamos el Día del padre y es feo ir a llevar flores, en vez de saludarlo”, describió Claudia al intentar explicar cómo su familia vive el día a día después de la muerte de Mariano. Y agregó: “Sonia, la mamá de Mariano, directamente no sale más de la casa y le cuesta ver a los chicos, ni los llama. Vive recluida, no quiere saber nada con nadie. Los 29 tiene todo cerrado, está encerada, no quiere ni que nosotros nos acerquemos. Ella dice que lo tiene que superar sola, es la que más lo sufre. ‘Hasta que algún día me tenga que ir', dice ella”.

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Aún así, aseguró que “si no fuera por ellos (sus hijos), me costaría más” y que “son momentos duros y solamente lo puede curar el tiempo”.

“Cuesta mucho esto. Ando muy nerviosa, no duermo. No es nada lindo que los chicos tengan el recuerdo. Los ves que piensan como su papá y yo lo veo a él en los chicos todo el día, todos los días. Las pérdidas se sufren de distintas maneras pero son pérdidas irreparables”, afirmó.

Respecto a su poca exposición en el tema hasta el momento, Claudia confió: “Somos gente de perfil bajo, guardamos mucho el dolor y preferimos no llamar la atención. Somos así como familia, Mariano también era así, por eso no he hablado con nadie. En las audiencias nos piden que hablemos y no… porque la verdad no sé si está bien o mal lo que uno puede expresar, el dolor que uno siente es de uno”.

A pesar de lo doloroso que es para ella remover el pasado, también decidió asistir a la movilización de este miércoles y, junto a sus tres hijos, llegaron a Neuquén desde Mendoza especialmente para la convocatoria por el aniversario de la explosión.

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