A Fausto lo apodaron “El bravo” desde la panza, mucho antes de que le tocara luchar la más temible de las batallas. Con apenas un año y diez meses, le diagnosticaron una rara especie de cáncer en ambos ojos. Respondió bien a la quimioterapia y salvó su hermosa mirada de milagro, pero necesita completar el tratamiento en Suiza. Ana y Germán, sus papás, iniciaron una colecta por redes sociales, mientras preparan las valijas para iniciar en pocos días más, el 11 de enero, el viaje más difícil de sus vidas.
Fausto nació en Neuquén capital y hoy tiene dos años y medio. Anda en bici, se sabe los colores y juega como cualquier nene de su edad. No hay precedentes en Argentina de un caso como el suyo, en el que la quimioterapia salve gran parte de la visión con un tumor tan avanzado. “Es un milagro”, afirmaron entre lágrimas los doctores.
Pero la tecnología en el país tiene un límite y debe continuar el tratamiento en Suiza, donde lo atenderá Francis Munier, una eminencia en el tema, lo que le da grandes chances de salvar sus ojos. Serán de ocho a diez meses en la clínica especializada “Jules-Gonin”, la última y la más intensa batalla del pequeño guerrero.
Germán, su papá, nació en Zapala y es un apasionado de los caballos. La mamá, Ana, es una médica de nacionalidad estadounidense, que vino a la provincia por trabajo. Fausto es el primer hijo de ambos, el bebé de la familia.
Como era inquieto desde la panza, lo llamaban en broma “El bravo”, un apodo que cobró relevancia cuando el pequeño superó ocho quimioterapias y una internación traumática sin perder la alegría.
La enfermedad que tiene es un tipo de cáncer infantil muy poco frecuente, que casi no presenta síntomas, salvo una coloración particular en la mirada. “Ana sospechaba algo porque le veía un brillo raro, pero estábamos en pandemia y nos costó mucho conseguir un turno, llegamos casi tarde al diagnóstico, por eso también queremos concientizar con esta campaña para ayudar a otros”, explicó Germán.
El 22 de mayo, después de insistir, a Fausto le hicieron un fondo de ojos que desencadenó todo. “Pasó muy rápido, porque ese viernes nos dan el diagnóstico, el sábado le hacen una resonancia con anestesia general, con un operativo enorme, y el domingo nos fuimos a Capital Federal y ya no volvimos, vivimos en Pilar y en Cañuelas, en casas prestadas por amigos”, recordó el papá.
El diagnóstico era fulminante: retinoblastoma bilateral avanzado. Por eso, lo derivaron de urgencia al Garrahan. En un primer momento, se habló de extraer ambos ojos, pero luego confirmaron que Fausto estaba en condiciones de intentar un tratamiento con el hospital Austral, llamado “quimioterapia superselectiva intraarterial oftálmica”. Y respondió tan bien, que dejó perplejos a los médicos.
Germán aclaró que el cuidado que recibió en nuestro país “fue excelente”, pero llegó a un punto en el que no hay tecnología disponible para su caso y, el 15 de diciembre, los doctores les aconsejaron seguir en Suiza con Munier, el oftalmólogo que desarrolló la técnica que puede salvarle los ojos.
Ana y Germán no lo dudaron y empezaron a juntar dinero para el viaje. Primero, la fecha era febrero pero, en la víspera de Navidad, les indicaron que debían adelantar la partida un mes. Así comenzó la campaña pública por Fausto.
Hoy, los tres vinieron por un par de días a Neuquén, a completar los trámites para ir al exterior. El lunes 11, toman el avión a Suiza, con la valija llena de incertidumbre.
En una primera colecta, reunieron 20 mil francos suizos (casi 23 mil dólares) para un adelanto del tratamiento. En estos días, vendieron el auto y otras pertenencias para ir con dinero extra para sobrevivir allá. Y lo que falta, dependerá de la solidaridad de la gente.
El costo de vida en Suiza es elevado, 15 mil pesos diarios en alojamiento y comida. A eso se suma el tratamiento, que puede costar hasta cien mil francos suizos, según cómo evolucione Fausto. Nervioso y aún sacudido por lo que les tocó vivir, Germán agradeció la ayuda que recibieron “porque la campaña nos dio el puntapié inicial para viajar y después veremos cómo seguimos; esta es una oportunidad única para nuestro hijo y no vamos a bajar los brazos”.
La campaña ya trascendió las fronteras
La campaña de ayuda a Fausto fue vertiginosa e imprevisible, como todo lo que vivió hasta ahora el pequeño guerrero. Tres días antes de Navidad, sus papás se enteraron de que tenían tres semanas para planear y pagar el viaje a Suiza, donde permanecerán entre seis y diez meses.
Las donaciones se reciben en la cuenta CBU 0970099455004132450023, una caja de ahorro en pesos con el alias “azulyblancojuniors”. También hay un link de PayPal (paypal.me/forfausto) en Instagram, más la página de Facebook “Fausto El Bravo”.
Germán comentó que la colecta surgió sobre la marcha. “Cuando nos avisan que había tan poco tiempo tres días antes de Navidad, mis padres me convencieron de recurrir a amigos con una plaquita que armamos por Whastapp, que al final la vio medio país”, indicó.
Agregó que, ante la gran cantidad de mensajes, armaron las páginas en Facebook e Instagram. Confió que, en cuestión de días, “se armó como una marea y nos llegó ayuda hasta del extranjero y hay ciudadanos argentinos en Suiza que nos están dando una mano enorme con la logística”.
“En el ambiente mío de los caballos, fue un furor de remates de servicios de padrillos por todo el país, una locura que nos permitió juntar el dinero para el pago inicial, pero esto es largo y no sabemos cuántos meses puede llevar, así que agradecemos cualquier tipo de ayuda”, remarcó.
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