La insólita situación, hasta normal en algunas familias, llegó al extremo para estos padres, quienes decidieron llevar a su propio hijo ante la Justicia. La audiencia se realizó el martes pasado y duró sólo media hora: el juez del Tribunal Supremo del estado de Nueva York, Donald Greenwood, no dio demasiadas vueltas y falló a favor de los progenitores, Mark y Christina Rotondo de Camillus.

Según declaró la pareja ante la Justicia, Michael, el muchacho en cuestión, no tiene trabajo, no quiere ayudar en la casa a hacer tareas simples, ni tampoco quiere aportar económicamente. Los padres indicaron que hace ocho años presionan para que el hijo se vaya del hogar. “Realmente estoy indignado”, dijo el joven ante el diario Daily Mail a la salida de la Corte. Y cuestionó duramente la decisión de sus padres de llevarlo ante el estrado. Aseguró que ellos tomaron esa medida porque él es un “millennial liberal” y ellos son conservadores. “Lo que hicieron es vengativo”, declaró.

El muchacho también desmintió que le hagan la comida o que le laven la ropa en la casa que ahora tiene que abandonar por orden judicial. Y dijo que no hay sustento legal para obligarlo a contribuir en forma económica. Además, avisó que apelará la decisión judicial y resistirá la orden de “desalojo”.

Alguna vez Michael tuvo trabajo, pero no le fue bien. Según se indicó en la Justicia, fue despedido de Best Buy, una cadena de venta de tecnología, porque decía que no podía trabajar los sábados.

8 años lleva el conflicto

Según declararon los padres de Michael Rotondo ante la Justicia, al muchacho le pidieron que se fuera en 2010 debido a su conducta. Sin embargo, como no hacía caso, el matrimonio Rotondo lo llevó al estrado.

“Hemos decidido que debés dejar esta casa de inmediato. Tenés 14 días. No se te permitirá retornar. Tomaremos las acciones que fueran necesarias”.Mark Rotondo. Le dijo el padre a su hijo Michael

Le ofrecieron hasta plata para que se mudara

Christina y Mark Rotondo, los papás del joven, acudieron a la Corte Suprema del estado después de agotar las primeras instancias para que Michael se hiciera cargo de su propia vida. Primero le dejaron de cocinar, luego le prohibieron que lavara su ropa en el lavarropas y finalmente comenzaron a enviarle una serie de cartas que presentaron ante la Justicia. La segunda vez lo volvieron a intimar. Y en la tercera incluso le ofrecieron plata, 1100 dólares, para que se fuera. “Hay trabajos disponibles incluso para alguien como vos, que no tiene un buen historial laboral. Conseguí un trabajo, tenés que trabajar”, le dijeron.

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