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La Mañana Guadalupe

"Guadalupe es una nueva víctima de la desidia de un Estado que dice que denuncien pero no protege"

Gisella Moreira, la abogada querellante de la familia Apablaza, se refirió a la desprotección de las mujeres, un Estado cómplice y a los femicidios como una forma de poder del sistema patriarcal.

Todo lo que pasó con Guadalupe Curual se asemeja a una crónica calcada del doble femicidio de Las Ovejas. Ambos en febrero, ambos en la vía pública, las víctimas habían denunciado, ninguna tenía protección. "Karina, Valentina, Guadalupe y tantas otras fueron víctimas de un sistema de dominación que produce muerte y dolor, sus femicidios han demostrado la impunidad que tienen los femicidas, las garantías que tienen de parte de un Estado cómplice que deja en el abandono a las mujeres que denuncian violencia", sostuvo Gisella Moreira, abogada de la familia Apablaza.

"Nuevamente, a tres años, el femicidio de Guadalupe pone de manifiesto el papel del Estado en la producción y reproducción del régimen patriarcal y su posición de garante en el poder de muerte hacia las mujeres", expresó la letrada, quien resaltó la única excepción. En este caso, renunció el juez de Familia; mientras que en el que ella acompañó a la familia de Karina y Valentina, el juez fue destituido en un juicio político, junto con el fiscal. Ahora, las denuncias nunca llegaron a la fiscalía.

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"Hace tres años en el mes de febrero tomábamos conocimiento del femicidio de Karina y Valentina perpetrado por Lorenzo Muñoz, en plena calle de Las Ovejas, un pueblo tranquilo. Muñoz asesinaba de forma despiadada a Karina y Valentina retirándose del lugar caminando con el cuchillo en la mano. Con el transcurso de los días, en el furor de la búsqueda del asesino, se comenzó a visualizar la complicidad por omisión del Estado. Karina había denunciado en varias oportunidades a su agresor, no tenía botón de antipánico, no tenía protección policial, no tenia protección alguna", recordó sobre las distintas denuncias de Karina hacia su ex Lorenzo Muñoz.

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Lo que es peor, al igual que ocurrió con Guadalupe, el femicidio de madre e hija, quedó impune. "Pero todo no terminaba ahí, luego de 23 días de búsqueda de Lorenzo Muñoz, de rastrillajes, se encontraba a su asesino Muñoz ahorcado en un chenque a metros donde había cometido el doble femicidio". Tras ello, la familia Apablaza emprendió un largo recorrido judicial pidiendo "la responsabilidad del gobierno y del Estado por esos funcionarios que no habían actuado, a los dispositivos que no habían funcionado, a los funcionarios que una vez sucedido el hecho no podían encontrar al responsable, colocaron la rabia de la pérdida al servicio de la lucha para aquellas que ya no están, pero como decían siempre para que no le ocurra a otra mujer".

Fue así, que tras varios meses de lucha, la familia Apablaza logró, "por primera vez, que se pusiera en el banquillo de los acusado a un Juez y un Fiscal que no habían protegido con eficacia a una mujer que denunciaba. Pero las denuncias por violencia seguían sucediendo, los fondos prometidos no estaban y los femicidios seguían siendo cometidos".

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Este febrero, luego de tres años, "nos anoticiamos de otro brutal femicidio, esta vez en Villa La Angostura. La víctima, Guadalupe, su agresor Juan Bautista Quintriqueo, otro hijo sano del patriarcado". En este caso, Moreira apuntó que "nuevamente el rol del Estado había fallado" y que Guadalupe es "una nueva víctima de la desidia de un Estado que le dice a la víctima que denuncie pero que no dicta ninguna medida para su protección".

"Nuevamente un juez de Familia que no dictó ninguna medida para proteger a Guadalupe luego que atravesará el laberinto judicial que implica denunciar a tu agresor, minimizaron su violencia", sostuvo la abogada y expresó: "Como si fuera una crónica repetida, ante la denuncia popular a un poder judicial impotente, el juez responsable de su protección renuncia para evitar un juicio político y el responsable material del femicidio se suicida. Nuevamente la bronca a un Estado que no cuida a las mujeres y un desenlace sin responsables".

Por último, Moreira indicó que ante cada femicidio, se demuestra lo que el movimiento de mujeres viene denunciando hace décadas: "El femicidio es, ante todo, una forma de ejercicio del poder, un acto de violencia extrema cuya condición de posibilidad es el sistema patriarcal y su economía desigual de géneros. Que el femicidio es el dispositivo a través del cual la violencia patriarcal escribe -con el léxico del terror- un mensaje disciplinador en los cuerpos de las mujeres capaz de multiplicarse socialmente, cuyo propósito es ratificar el lugar asignado a su género en el orden patriarcal y ponerle un límite de la libertad femenina".

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