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La Mañana

Hallan en Mar del Plata restos del "ave del terror"

Se trata de un ave gigante y carnívora de hace 5 millones de años.

Mar del Plata

En su tiempo, era capaz de cazar con sus garras un animal que pesara más de una tonelada. Era el rey del cielo y el terror del suelo, por eso su reciente hallazgo adquiere tanto valor. El área de paleontología del Museo Municipal de Ciencias Naturales de Mar del Plata encontró fósiles del “ave del terror”, una gigantesca ave carnívora que habitaba en la zona de Chapadmalal hace unos 5 millones de años.

Según informaron del museo, los fósiles hallados provienen de la formación geológica Chapadmalal, con una edad de entre 5,5 y 3 millones de años (edad Chapadmalense). Por aquel entonces, el paisaje de Mar del Plata era muy diferente, la fisonomía era similar al del Palmar de Entre Ríos, con suaves lomadas acribilladas por madrigueras de roedores y armadillos, donde las sierras de Tandilla se verían más imponentes que en la actualidad. En este contexto “vivió una de las faunas más atrapantes de la prehistoria sudamericana”.

En esta ocasión, se hallaron restos de un “ave del terror”, un cóndor prehistórico y un águila de gran porte. El “ave del terror” pertenecería a una especie joven de Mesembriornis milneedwardsi, que sería el fororraco de mayor porte que viviera en la prehistoria de Mar del Plata, alcanzando 1,8 metros de altura, convirtiéndolo en el predador más grande de ese entonces.

Se suma a los cielos de la edad Chapadmalense un cóndor prehistórico, cuyo húmero (primer hueso del ala que conecta con el cuerpo) posee una longitud de 33 centímetros. Esta especie de cóndor habría aprovechado los vientos constantes y paradores elevados de las sierras de Tandilia para hacerse de la amplia oferta de carroña de la fauna chapadmalense y que incluía una gran variedad de animales que pesaban más de 1000 kilos, entre ellos perezosos terrestres y armadillos gigantes.

Además, se encontró un ave rapaz, en este caso un águila prehistórica que sería, según las primeras observaciones, algo más grande que un águila coronada. Los restos muestran que poseía poderosas garras en sus patas prensoras que le permitirían dar caza a una amplia gama de presas, como ungulados nativos y roedores de muy variado tamaño, presentes en los últimos albores de las grandes llanuras sudamericanas.

Encontrar restos de aves en el registro fósil resulta muy difícil, ya que poseen huesos muy frágiles por estar constituidos por paredes finas y extensas cavidades aéreas internas que, al ser expuestos a las inclemencias ambientales (lluvias, viento, rayos ultravioletas, etc.), son rápidamente destruidos. Por otra parte, en la relación carnívoros/herbívoros, los herbívoros siempre son más abundantes. En ese sentido, encontrar restos de aves carnívoras es difícil. Se incorpora a la colección y para su investigación un material único.

El hallazgo estuvo a cargo del equipo de Paleontología junto con los colaboradores Leandro Santacrocce y Vanesa Morán.

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